Los versos satánicos, Salman Rusdhi

"El aliento de uno de purificó mientras el del otro, por un misterio análogo y contrario, se corrompió. ¿Qué esperaban? Caer así del cielo: ¿imaginaban que no haría efectos secundarios? Los Poderes Superiores se interesaban por ellos, eso tenían que haberlo notado, y esos Poderes (naturalmente hablo de mí mismo) tienen una actitud traviesa, casi caprichosa, hacia las moscas llovidas del cielo. Y, otra cosa, que quede claro: las grandes caídas cambian a la gente. ¿Y a ustedes les parece que ellos cayeron al mar de muy alto? En cuestión de caídas, yo no me inclino ante nadie, ni mortal ni in-. De nubes a cenizas, por la chimenea, como quién dice, de la luz celestial al fuego del infierno... con el esfuerzo de una caída larga, como les decía, son de esperar mutaciones, no todas casuales. Selecciones antinaturales. Tampoco es tan alto precio a cambio de la supervivencia, del renacimiento, de la renovación, y, por si fuera poco, a su edad.
¿Qué? ¿Tengo que enumerar los cambios?
Buen aliento/mal aliento.
Y alrededor de la cabeza de Gibreel Faristha, que estaba de espaldas al amanecer, Rosa Diamond creyó divisar un resplandor tenue pero francamente dorado.
¿Y no eran unos bultitos lo que Chamcha tenía en las sienes, debajo del bombín empapado y todavía encasquetado?
Y, y, y".
Los versos satánicos.




¿Puede un libro ser un peligro para su autor? A lo largo de la historia han surgido ejemplos vergonzantes de escritores que vieron como sus obras provocaron tales polémicas que fueron perseguidos por las autoridades políticas y religiosas llegando algunos a perder la vida por el terrible crimen de escribir, porque como de todos es sabido, la pluma es más fuerte que la espada. Casos como el divino Marqués de Sade que pasó la mayor parte de su vida encerrado en cárceles y manicomios franceses por escribir obras lascivas y brutales o más recientemente el caso del escritor italiano Roberto Saviano cuya vida a sido reducida a esconderse y ser escoltado por carabinieri por la amenaza de muerte de la Camorra napolitana por la publicación de su libro Gomorra (cuya lectura tengo pendiente). 

Un caso parecido le ocurrió al escritor británico de origen hindú Salman Rusdhi cuando publicó su cuarta novela. Un libro que provocó un terremoto enorme en la comunidad musulmana de todo el mundo, acusando al autor de blasfemo al Profeta y al Islam cuya consecuencias para Rusdhi fueron tremendas. Dejando de lado la polémica y centrándome en lo puramente literario, solo puedo decir que ha sido uno de los mejores libros que he leído en mucho tiempo. Una sátira ácida sobre la identidad, la fe y la inmigración con una Londres alucinada, como salida de un cuento oriental, donde ángeles y demonios caminan por sus calles. Con mucho gusto os presento: Los versos satánicos de Salman Rusdhi. Aviso de posibles spoilers.

Primero hablemos de la polémica y nos lo quitamos de encima para centrarnos en la novela. En 1988 Salman Rusdhi era uno de los autores británicos más populares y polémicos de su tiempo. Su segunda novela, Hijos de la medianoche (anotada para leerla) fue un enorme éxito y le otorgó el prestigioso premio británico Booker. Rusdhi aunaba en su obra las mejores críticas tanto de profesionales como del público general, convirtiéndolo en uno de escritores más prestigiosos de su tiempo. Poco sospechaba que su cuarta novela levantaría un huracán de odio hacia su persona llegando a ser condenado a muerte por un líder religioso.

En la novela, de lo cual hablaré con más detalles más adelante, se retratan unos pasajes de la vida del profeta Mahoma, con otro nombre, y como recibió la palabra de Alá a través del arcángel Gibreel cuyos versos luego conformaría el Corán. Pues estos pasajes, que en el libro son narrados como ensoñaciones de un personaje, levantaron ampollas a los creyentes de la media luna (tan susceptibles ellos) y pusieron el grito en el cielo. Acusaciones de blasfemia y odio por parte del autor hacia el islam y al Profeta resonaron por todo el mundo. La India, país natal del escritor, decidió no publicar el libro para no ofender a la comunidad musulmana de allí bastante numerosa. En Europa si se publicó a pesar de las amenazas de boicot. La novela fue un éxito peligroso, quedando finalista en el Booker. La crítica profesional alabó la escritura de Rusdhi y su capacidad de contar el contexto de la inmigración en Inglaterra, y la calificaron como su mejor obra. Pero los pasajes de la vida del Profeta seguían escociendo a los musulmanes.

Todo alcanzó su punto más lunático cuando el  fallecido ayatolá Ruholla Jomeini, líder/dictador político y religioso de la República Islámica de Irán decreto una fetua en contra de Salman Rusdhi. Este término jurídico islámico dictaminaba una condena a muerte por el delito de blasfemia que se expandía tanto a Salman Rusdhi como a todos aquellos que la habían publicado, instando a todos los musulmanes a ser ejecutores de ella. Rusdhi no calibró la magnitud de la polémica. Imágenes bochornosas de quema ejemplares del libro se dieron en muchos países, mientras los fanáticos gritaban ¡muerte a Salman Rusdhi!

El novelista vio su vida truncada y convertida en una sucesión de escondites secretos y siendo escoltado por policías a cualquiera lugar que acudía. La intransigencia y el odio por un libro llegó a cotas sangrientas cuando Ettore Capriolo, traductor italiano recibió un ataque de arma blanca y el traductor japonés Hitoshi Igarashi fue asesinado. El mundo intelectual mostró su apoyo a Rusdhi en defensa de la libertad de expresión frente a la censura religiosa. Con el paso de los años la cosa se fue calmando y Rusdhi fue recobrando poco a poco su vida normal libre de la escolta policial y se traslado a vivir a Estados Unidos donde obtuvo la nacionalidad. Cuando la reina Isabel II le otorgó el título de Caballero del Imperio (sir) volvieron los fantasmas de la fetua, pero quedó en una queja sin más. Pero el horror se consumó en el año 2022 cuando Salman Rusdhi fue atacado por un extremista durante una conferencia en Nueva York. Rusdhi recibió catorce puñaladas que lo dejaron gravemente herido y que casi le cuesta la vida, pero logró salir adelante con la perdida de movilidad de una mano y la vista en su ojo derecho. Sobre este suceso Rusdhi escribió un libro contando su testimonio sobre el suceso del cual traeré una reseña complementaria a esta. 

Terminado ya el relato sobre la polémica hablemos del libro. La historia comienza con la explosión de un avión venido de la India con destino a Inglaterra secuestrado por terroristas. Lo más sorprendente es que dos hombres caen al vacío: el exitoso actor Gibreel Faristha y Saladin Chamcha un actor de voz conocido como "el Hombre de las Mil Voces". Los dos sobreviven milagrosamente a la caída llegando a una playa nevada. Pero lo más increíble es que los dos comienzan a experimentar una serie de cambios, o mejor dicho mutaciones, que van transformándolos tanto física como mentalmente. Saladin ve horrorizado como de sus sienes crecen dos pequeñas protuberancias que acaban convertidas en unos impresionantes cuernos de carnero y sus piernas se cubren de un recio vello negro, curvándose hasta alcanzar la forma de patas caprinas, con dos cascos en donde estaban sus pies. Gibreel por su parte ve como detras de su cabeza surge un halo de luz como si de una aureola se tratará, acompañado de una crisis violentas donde unos sueños le muestran visiones de que él es el arcángel Gibreel y contempla la historia del profeta Mahound y la peregrina Ayeesha.

Los caminos de los transmutados arcángel Gibreel y el demoníaco Saladin se separan de forma brusca cuando la policía londinense detiene a Saladin por inmigrante ilegal, dándole una paliza fomentada por el racismo imperante, ignorando que Saladin a pesar de ser originario de la India es ciudadano británico. Saladin sentirá nacer un odio hacia Gibreel por no ayudarle y buscará la manera de vengarse de él. Los dos, a pesar de la irresistible atracción que los lleva a buscarse, intentarán reconstruir sus vidas a pesar de sus transformaciones.

Saladin será acogido por la comunidad inmigrante de Londres donde será testigo de un enfrentamiento racial provocado por una serie de asesinatos de ancianas a los que la policía atribuye a un hombre negro desatando enfrentamientos entre manifestantes y policías. Gibreel por su parte intentará reflotar su carrera de actor y recuperar su relación con la alpinista Allie Cone. La relación entre los dos girará entre intensos encuentros sexuales entre los dos y los celos patológicos de Gibreel hacia Allie incrementados por sus alucinaciones esquizofrénicas y sus delirios que le hacen creerse la verdadera encarnación del arcángel Gibreel. 

Insertados entre la narración contemplaremos los sueños de Gibreel, siendo uno de estos los causantes de la gran polémica del libro. El primero de ellos cuenta la historia de la ciudad de arena Jahilia. Impresionante urbe cosmopolita anclada en el desierto donde acuden cientos de peregrinos que rezan y adoran a innumerables dioses. Allí irrumpirá Mahound, un comerciante reconvertido en profeta que asegura que está recibiendo la palabra del único dios Alá a través del arcángel Gibreel. Su nueva religión al principio será irrelevante, gracias a Abu Sin el señor de Jahilia y su esposa Hind, logrando desterrar al profeta. Pero cuando este vuelva irá sumando más y más adeptos de su nueva religión, llamada "Sumisión", que impondrá una serie de normas muy restrictivas en lo referente a lo moral, prohibiendo el consumo de alcohol y la prostitucion.

Lo elementos polémicos de este pasaje relatan que Mahound (osea Mahoma) recibió una serie de versos donde se aceptaba la adoración de tres diosas paganas junto a Alá y así afianzar su nuevo credo, pero se dio cuenta de que esos versos susurrados no eran de origen divino si no diabólico. Este pasaje de la vida del Profeta es bastante polémico para los musulmanes que lo rechazan de todo punto. El otro punto crítico es cuando Baal un poeta que se esconde de Mahound en un burdel idea un plan para atraer más clientes es que las doce prostitutas adopten los nombres de las mujeres del Mensajero. Una declaración de intenciones del autor que muestra la intransigencia del islam frente a la libertad de expresión es una conversación entre Baal y Mahound antes del primero ser decapitado: "Las prostitutas y los escritores, Mahound, somos la gente que no perdonas" dice Baal. "Escritores y prostitutas. No veo la diferencia", sentencia el Mensajero. 

La crítica que hace Rusdhi al Profeta es que su mensaje es demasiado conveniente. Si algo se sale de la coherencia o la lógica la respuesta comodín de Mahound es siempre la misma: lo dijo el arcángel, por lo tanto es palabra divina. Mahound como buen comerciante sabe bien manejar el relato a su conveniencia para tener siempre la razón y amoldar su "mensaje" a sus caprichos o deseos. Esto queda patente cuando un antiguo discípulo de Mahound le cuenta a Baal como mientras hacía de amanuense del Mensajeros cambiaba sus palabras recitadas a conciencia y Mahound ni siquiera se daba cuenta, cosa que si fueran revelaciones reales el arcángel se lo hubiera advertido. 

La otra visión de Gibreel es la historia de la peregrinación de Aleesha. Esta joven de cabellos plateados y cuyo vestido está compuesto por cientos de mariposas, convencerá a toda una aldea para ir desde la India hasta el Mar de Arabia y que se abrirá, como el Mar Rojo ante los hebreos, para llevarlos hasta La Meca. La travesía será una odisea llena de peligros y, como es natural, acabará en desastre.

También hay una pequeña ensoñación que narra la historia de un fanático imán musulmán expatriado de un país gobernado por un rey fastuoso, que sueña con una revolución islámica. Una clara referencia a la Revolución Islámica iraní liderada por el ayatolá Jomeini, lo cual estoy seguro enfadó mucho más al dictador que los pasajes mahometanos lanzando la terrible fetua. 

Los versos satánicos es uno de los libros más extraordinarios que he leído. Salman Rusdhi teje un bello tapiz cuyos finos hilos entretejen una historia mágica, donde la realidad es un espejismo y los sueños narran historias de otro tiempo. Las mejores partes del libro son sin duda las secuencias oníricas. Rusdhi narra las historias del Mensajero y Ayeesha como si de cuentos se tratará, historias que podrían ser narradas por un anciano a una multitud reunida frente a una hoguera. En ellas pone de manifiesto su ateísmo al mostrar una fe ciega que nos cuestiona nada (Ayeesha) y el gran poder de manipulación que se esconde detrás de un astuto líder religioso (el Mensajero). 

La historia principal, el periplo metamórfico de Gibreel y Saladin es un historia alucinada donde el autor se sirve del realismo mágico para hacer un sátira mordaz sobre la inmigración y la identidad. Los actores caídos en desgracia (y del cielo también) intentan recuperar sus carreras pero encontrarán un territorio hostil, sobre todo Saladin. Tras su detención por la entrada ilegal tras la caída, soportará una cruel paliza por parte de la policía, mientras recibe insultos racistas como "Paki", nombre peyorativo dado por los ingleses a todo aquel de piel morena venido del subconsciente indio sin importarles sí el objeto de odio es hindú, pakistaní o bangladesí. 

Saladin es sin duda el mejor personaje. "El Hombre de las Mil Voces" ha pasado toda su vida intentando desprenderse de todo lo hindú de su persona. Britanizando su nombre y apellido, vistiéndose a la moda inglesa y despreciando todo lo que le recuerda a su tierra natal, Saladin intenta crear una personalidad alejada de todo lo que no soporta. Pero tras ese desprecio a sus raíces se esconde otro más profundo y arraigado hacia su padre, un próspero hombre de negocios que siempre menospreció a su hijo, haciéndole de menos creando un sentimiento de inferioridad que le ha atormentado durante su vida, ocultándolo tras la pomposidad y ademanes británicos. 

Por su parte Gibreel es la viva imagen del orgullo y el autoestima. Alcanzando el éxito en el cine hindú protagonizando películas religiosas donde interpreta a dioses y ángeles, ha ido alimentando un ego descomunal hasta llegar a su trasmutación angelical que lo trastorna totalmente. Su aureola le ha derretido el seso y las ensoñaciones lo han hecho creerse que es la auténtica encarnación del arcángel Gibreel, no por ello comparten nombre, llevándolo a pregonar el Fin de los Tiempos al son de una tenebrosa trompeta.

Debo terminar ya la reseña porque se está haciendo larga diciendo que he descubierto a un autor increíble. Salman Rusdhi maneja una escritura elegante que mezcla la forma de narrar de los cuentos orientales y un humor ácido, rompiendo la cuarta pared, o en este caso las hojas del libro, al interpelar directamente al lector en algunas ocasiones. He leído alguna queja de que la novela es difícil de leer por su narración confusa pero en mi caso ha sido una delicia. Bien es cierto que al principio estaba un poco perdido, pero en cuanto me acostumbré a la historia saltarina que me presentaba el señor Rusdhi me quedé rendido. Este es sin duda uno de los libros más importantes del siglo XX por su valentía a la hora de defender la libertad de expresión frente a cualquier intransigencia y odio, y uno de los mejores que he leído. 



Salman Rusdhi (1947-)

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