Cuchillo, Salman Rushdie
"Según lo publicado por la prensa, el ataque duró veintisiete segundos; en veintisiete segundos —si uno es de mentalidad religiosa— puede recitar entero el padrenuestro. O, pasando de la religión, se podría leer en voz alta un soneto de Shakespeare, el que habla de un día de verano, quizá, o bien mi preferido de todos ellos, el número 130: «No son soles los ojos de mi amada». Catorce versos de pentámetros yámbicos, octava y sexteto; es lo que duró ese momento de intimidad que compartimos el A. y yo y que no volverá a repetirse. «Intimidad entre desconocidos». Es una expresión que he empleado a veces para describir esa cosa jubilosa que acaece en el acto de leer, esa feliz unión de las respectivas vidas interiores de autor y lector. Pero en esta otra unión no hubo asomo de dicha. O quizá la hubo para el A. No en vano había dado con el blanco que buscaba; el filo del cuchillo penetraba, repetidas veces, en el cuerpo del blanco, y el agresor tenía motivos sobrados para pensar que su ...