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El Clan, Carmen Mola

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"Y solo entonces Elena clava sus ojos, dos alfileres negros, en los de Gálvez. Él se sienta en la cama, a unos centímetros de ella. ¿Cúantas veces le habló Rentero de la inpectora Blanco? Al principio, encumbrándola, situándola como la mejor agente de todo el cuerpo, por eso la puso al frente de la BAC, pero después, también con miedo, porque había detectado el abismo que había dentro de ella, la oscuridad que le permitía llegar donde otros no se atrevían a entrar". El Clan. Menudo final se han marcado los Carmen Mola con la última novela de la inspectora Elena Blanco. Un final trepidante que, al igual que sus predecesoras, me ha mantenido en vilo con ansias por seguir devorando página tras página, montado en ese cohete vertiginoso lleno de giros inesperados, momentos de tensión y sangre, mucha sangre. Tras cuatro magníficas novelas, Elena Blanco y su equipo encontrarán un adversario muy difícil de enfrentar, una hidra de muchas cabezas cuyos tentáculos se mueven en la sombra...

La llamaban padre, Carles Porta

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"A la larga me he dado cuenta de que los niños les hace más daño el secreto que el abuso. Desde londe Castelldans he sentido mucha rabia, mucha impotencia, me hundió mucho, pero no me permito estar hundida. Me dolía a mí, pero él estaba en la cárcel y ni se enteraba. Entonces, intenté practicar el ejercicio que hago con los niños: "No debes sentir rabia, ha darte pena". Una mañana —al dormir lo veo todo más claro—, me levanto y llamo a Cloe, se lo cuento y me dice: —Ese señor debe ser un superdotado. Es la personificación de la perversión. Llega tan lejos que una mente normal no puede detectarlo". Le llamaban padre. Normalmente la crónica negra nos atrae ante la profunda curiosidad que todo tema escabroso despierta en el común de los mortales. Nos gusta saber, nos gusta indagar en el pozo negro del alma humana, contemplar con estupefacción hasta que límites puede llegar el ser humano con sus semejantes. Como muy bien dice el rey del true crimen (y autor del libro a ...

Napoleón Bonaparte, Albert Manfred

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"Después, bajo las bóvedas resonantes de la catedral, el emperador debía pronunciar en voz alta un juramento cuyo texto fue escrito naturalmente por anticipado. El emperador juró "mantener la integridad del territorio de la Republica, respetar y hacer respetar las leyes del Concordato y la libertad de culto; respetar y hacer respetar la igualdad de derechos, la libertad política y civil, la irrevocabilidad de las ventas de los bienes nacionales". El emperador juraba reinar con el único propósito de la felicidad y la gloria del pueblo francés. Después de la ceremonia, la comitiva de coches se dirigió lentamente, por los grandes bulevares, al palacio de las Tullerías. Una inmensa multitud llenaba las aceras. Sin perderse nada del espectáculo, las gentes miraban esa fila interminable de carruajes elegantes, que iba al paso, los riquísimos uniformes militares, los sombreros con penachos, el terciopelo y la seda de los trajes de los dignatarios y las maravillosas pieles sobre...

Pequeños cuentos misóginos, Patricia Highsmith

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La idea de Sarah era matar a Sylvester a base de buenas comidas, de amabilidad en cierto sentido, de cumplir con su deber de esposa. Iba a cocinar más y de una forma más elaborada. Sylvester ya tenía barriga; el médico le había advertido que tuviera cuidado con los excesos en la comida, la falta de ejercicio y todo ese rollo, pero Sarah estaba suficientemente informada respecto al control de peso como para saber que lo que cuenta es lo que se come, no el ejercicio que se haga. Y a Sylvester le encantaba comer. El escenario estaba preparado y ¿qué podía perder? "La prostituta autorizada o la esposa". Dejamos a Thea a los quince años, sentada frente a un espejo, acicalándose. Se siente especialmente feliz esta noche porque su más próxima rival, una chica llamada Elizabeth, acaba de tener un accidente de coche y se ha roto la nariz y la mandíbula y sufre lesiones en un ojo, por lo que ya no volverá a ser la misma. Se acerca el verano, con todos sus bailes en las terrazas y fiest...

La Celestina, Fernando de Rojas

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Sempronio Haz tú voluntad, que no será éste el primero que has tomado a cargo. Celestina ¿El primero, hijo? Pocas vírgenes, a Dios gracias, has visto tú en esta ciudad que hayan abierto tienda a vender, de quien yo no haya sido corredera de su primer hilado. En naciendo la mochacha, la hago escribir en mi registro, y esto para que yo sepa cuántas se me salen de la red. ¿Qué pensabas, Sempronio? ¿Habíame de mantener del viento? ¿Heredé otra herencia? ¿Tengo otra casa o viña? ¿Conócesme otra hacienda más de este oficio de que como y bebo, de que visto y calzo? En esta ciudad nacida, en ella criada, mantenimiento honra, como todo el mundo sabe, ¿conocida, pues, no soy? Quien no supiere mi nombre y casa tenle por extranjero.  La Celestina.  Hay personajes secundarios que causan tal revuelo e impresión que son capaces de opacar a los protagonistas consiguiendo una popularidad sin límites. Incluso llegan a ganar tanta relevancia que hace que su nombre pase al lenguaje popular como s...

El candor del Padre Brown, G. K. Chesterton

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—¿De qué demonios está hablando? —preguntó el otro. —Bueno, creí que conocería las marcas —dijo el padre Brown, agradablemente sorprendido —. Oh, ya veo que su envilecimiento no ha llegado demasiado lejos.  —¿Cómo diantres conoce usted todos esos horrores? —exclamó Flambeau. La sombra de una sonrisa cruzó la cara redonda y simple de su clerical oponente.  —Oh, pues siendo un célibe bobalicón, supongo —dijo—. ¿No se le ha ocurrido pensar que un hombre que se pasa casi todo el tiempo escuchando los pecados de los demás puede llegar a entender algo del mal humano? Pero, en realidad, hay otra pista que me confirmó que usted no era sacerdote.  —¿Cuál? —preguntó el ladrón boquiabierto. —Usted atacó a la razón —dijo el padre Brown—, esa es una mala teología. La cruz azul. —Ha debido de realizar un esfuerzo endemoniado para conseguir imputarle el crimen a Kalon en diez minutos.  El padre Brown dio una especie de respingo. —Oh, no a él —dijo—. El esfuerzo lo tuve que hacer pa...

Historia de Roma contada para escépticos, Juan Eslava Galán

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"Roma es una larga historia de superación, la historia de una aldeíta que llega a adueñarse de casi todo el mundo conocido y que prolomga su historia a lo largo de un milenio (en realidad más, porque todavía la alarga en la cultura occidental, y Europa y la herencia europea serían muy distintas sin el previo concurso de Roma). Roma nos legó su forma de vida y sus instituciones, impuso a los pueblos sometidos hermandad dentro del marco institucional jurídico y administrativo del "cives romani" y nos legó el patrimonio precioso de su ley y de su lengua, los dos pilares básicos sobre los que aún se asientan las coordenadas históricas de los europeos. La añoranza de volver a ser Roma ha presidido la historia europea desde entonces: primero el Imperio bizantino, después el Sacro Imperio Romano Germánico, incluso en Napoleón (cuyo símbolo eral el águila de las legiones). El último intento es el de la Unión Europea, que ya veremos cómo sale. Da que pensar, y nada bueno, que el ...