El Guardián Invisible, Dolores Redondo
"Amaia miró las manos de la niña, que, extendidas en un ominoso gesto de entrega, se abrían a los lados de su cuerpo expoliado; la mano izquierda casi tocaba el agua, su pelo rubio y largo le llegaba hasta la cintura y los grandes ojos verdes presentaban una fina película blancuzca que los velaba como vaho. Su belleza en la muerte, la plástica casi mística que aquel monstruo había ideado, lograban su efecto. Por un momento había conseguido arrastrasla a su fantasía distrayéndola del protocolo, y fueron de nuevo los ojos de la princesa los que la trajeron de vuelta, aquellos ojos nublados por la niebla del río que aún así clamaban pidiendo justicia desde el lecho del Baztán con el que a veces soñaba en sus noches más oscuras". El guardián invisible. Una de las cosas que más me fascina de la novela negra es como los autores convierten las ciudades donde trascurre la historia en algo más que un escenario bien definido y reconocible para el lector. Les dan vida propia y se convie...