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Ahora intenta dormir, Emilio Bueso

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El médico dice que no sabe qué le pasa abuela. La hemos llevado a su cuarto y se ha tirado todo el día en la cama. Se ha arrancado cabellos a puñados, pero sigue sin decir palabra, aunque a veces grazna como una corneja. Tiene la mirada perdida y errática, un ojo muy cerrado y el otro abierto como un plato, se mueve a espasmos. Papá dice que se ha vuelto loca, mamá reza, yo no sé. Porque nos hemos ido a dormir y ahora, a las tantas, puedo escucharla dando golpes y cabezazos en la cama. Sigue en la cama. Yo miro desde la mía a la puerta de mi cuarto. Está abierta. Da al pasillo. Tengo miedo de la abuela. De que venga. De que se levante de la cama en medio de la noche. Y cuando lo hace es sin avisar. No da las luces, no dice nada. No hace apenas ruido. Solo pasa frente a la entrada de mi habitación, medio cojeando. Se mueve por la casa. Anda suelta. La oigo bajar las escaleras al salón y salir de la granja.  Corro a la ventana que hay al final del pasillo de la primera planta, miro a...

Campos de sangre, Triun Arts

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"Este conjunto de relatos que tienes entre tus manos no es solo un recorrido por hechos negros y macabros que marcaron lugares, pueblos, aldeas o pedanías; hechos que, incluso, han sustituido el nombre oficial del lugar por el del suceso acaecido. Este libro no es solo eso. Quiero que sea una declaración de intenciones, una inmersión en lo más profundo del alma, en lo más hondo de la tierra árida y seca del campo, donde los secretos se ocultan entre las grietas: grietas de silencio, de terror por viejas leyendas, de miedos ancestrales y de pasiones tan intensas como el calor en los días de verano. Aquí, en la España profunda, los crímenes no son un accidente o un error. En la España rural, estas muertes, estos asesinatos, estos homicidios son el desenlace de historias profundas, de envidias, de traiciones y de destinos sellados por generaciones de enfrentamientos silenciosos". Campos de sangre. Hablar de la España profunda es hablar de ese espacio mítico donde lo rural y lo a...

El final de Sancho Panza y otras suertes, Andrés Trapiello

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"Lo dijo así porque a esas alturas Sansón y él ya estaban archiconvencidos, de que hicieran lo que hicieran, dijeran lo que dijeran, tarde o temprano acabaría saliendo a la luz en letra impresa lo que estaban viviendo y diciendo, y ello lo achacaban a una especie de destino que lo había dispuesto así, y, sabiéndolo, ya no se preguntaban más, pareciéndoles de lo más natural. Quiero decir que al principio se andaban ellos con cuidado de no hacer o decir tal cosa y no otra, pensando que así como lo hacían o decían, habrían de salir impreso. O sea, que vivían para el libro futuro, olvidándose de vivir para el presente. Pero esto acabó fatigándoles lo indecible, y hacía ya mucho tiempo que no se preocupaban de ello, sino de tarde en tarde, toda vez que tampoco estaban muy seguros de que fuesen a tener detrás de sí todo el santo día al próvido y desalado moro, o quien fuese, apuntando cuanto hacían y decían, siendo de necios el no decirlo, cuando acaso tampoco acabara escrito". El ...

El verano de Cervantes, Antonio Muñoz Molina

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"En los caminos eran posibles todos los encuentros. La parsimonia de las conversaciones entre don Quijote y Sanco es la de un itinerario a lomos de un animal que avanza sin prisa. Lo que se ve venir al fondo del camino, sobre todo en el calor del verano, se va precisando muy poco a poco, sea una figura solitaria o un grupo de gente, y la distorsión óptica del aire muy caliente provoca espejismos en la distancia. En esa claridad exvesiva y un poco enturbiada un molino de viento puede emerger del horizonte cercano como el torso macizo y la cabeza de un gigante. La polvareda y el estrépito de un rebaño de ovejas, acompañados por los gritos y los silbidos de los pastores, el clamor de los cencerros, los ladridos de los perros, tenía algo de ofensiva militar, de invasión de un ejército primitivo y bárbaro". El verano de Cervantes. Uno de los grandes recuerdos de infancia que atesoro es estar en un Carrefour con mi padre. En la zona de libros quede impresionado por un libro grande,...

Indira, Santiago Díaz

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"No es hasta tres días después cuando terminan de examinar cada palmo de la parcela. Para desgracia de la constructora que pretendía hacer ahí la piscina de la urbanización que iban a entregar el verano siguiente, aún tardarán bastantes semanas en poder retomar la obra. Y, cuando lo hagan, el lugar quedará marcado para siempre y muchos compradores se echarán atrás; nadie quiere bañarse donde antes había un cementerio. Si la gente supiera la cantidad de cosas que se encuentran enterradas y nunca se denuncian, no tendrían tantos escrúpulos". Indira. Todo tiene un final. A veces puede ser un final feliz, un final triste. A veces es algo apoteósico que te deja con el culo torcido intentando sopesar la maravilla que acabas de leer y otras es algo tan absurdo y ridículo que tienes que reír para no cagarte en los antepasados del que lo concibió. Pues sobre el final de una de las mejores sagas del policíaco moderno que he leído ha llegado. Y qué final. Una novela que te atrapa desde ...

La senda del perdedor, Charles Bukowski

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"Realicé varias incursiones prácticas por los barrios para prepararme ante el futuro. No me gustó lo que vi. Entre sus hombres y mujeres no había ninguna osadía o brillantez especial. Deseaban lo que todo el mundo deseaba. Existían también ciertos obvios casos mentales a los que permitían deambular sin perturbarlos. Yo había observado que tanto en el extremo muy rico o muy pobre de la sociedad, a menudo se permitía que los locos se mezclaran libremente con los demás. También sabía que yo no era completamente sano. Todavía sabía, como cuando era niño, que albergaba algo extraño en mi interior. Me sentía como destinado a ser un asesino, un asaltante de bancos, un santo, un violador, un monje, un ermitaño. Necesitaba algún sitio aislado para esconderme. Los barrios bajos eran desagradables. La vida del hombre normal y sano era tediosa, pero que la muerte. Parecía no haber alternativa posible. Y la educación era una trampa. La poca educación a la que me había permitido acceder me habí...