Te he llamado por tú nombre, Christian Gálvez
"Fue entonces cuando la oportunidad se presentó ante él. El niño supo aprovecharla. Mientras un par de legionarios intentaban amedrentar al joven apóstol, el chiquillo, sacudido por la premura y la devoción, se abalanzó sobre Jesús. Arrodillado en el suelo, con las palmas de las manos apoyadas en la piedra, no pudo contener las lágrimas al ver la sangre en el pavimento. Miró fijamente a aquel hombre que tanto amaba. Intentó articular palabra, pero no tenía fuerzas para pronunciar voz alguna. A tan solo un paso de distancia, Jesús, el carpintero, abrió lentamente sus ojos de color miel y reconoció su cara. El Nazareno le habló llamándole por su nombre. —Oh, Jacob, no llores —dijo con compasión a pesar de su propio dolor—, pues en verdad te digo que llegará el día en el que tú salvarás la palabra de mi Padre. Jesús intentó mostrarle la más calidad de sus sonrisas, ese tierno gesto de complicidad que tantas veces había compartido con el chiquillo, pero no pudo debido al dolor que le ...