Cementerio de animales, Stephen King
"Louis miró en torno con inquietud. La niebla se había diluido un poco, pero él aún no podía verse los pies. Entonces oyó crujir unas ramas. Algo se movía en la espesura, algo bastante grande. Abrió la boca para preguntar a Jud si podía ser un alce (en realidad, estaba pensando en un oso), pero volvió a cerrarla sin decir nada. «Es el eco», había dicho Jud. Louis ladeó la cabeza a su vez, imitando a Jud instintivamente sin darse cuenta, y tendió el oído. El sonido, al principio lejano, estaba ahora muy cerca, iba hacia ellos de un modo alarmante. Louis sintió que el sudor le manaba de la frente y le resbalaba por las mejillas agrietadas por el frío. Se cambió de mano la pesada bolsa que contenía el cuerpo de Church. El plástico le resbalaba por la humeda palma. Ahora la cosa parecía estar tan cerca que Louis esperaba verla de un momento a otro alzarse sobre los cuartos traseros, tapando las estrellas con la mole de su cuerpo peludo. Ahora ya no pensaba en un oso. Ahora ya no sabía...