V13. Crónica judicial, Emmanuel Carrère
"12 de noviembre: el "convoy de la muerte" emprende la marcha. Los iraquíes del Stade de France viajan con Abaaoud en el Seat, los Abdeslam y Abrini en el Clio, los tres del Bataclan con Hadfi en el Polo, que se detiene entre las 15.36 y las 15.41 en la gasolinera Total de Nivelles. Una cámara de vigilancia los filma en la tienda: tres jovenzuelos con cazadoras y zapatillas deportivas que compran latas de Oasis y un paquete de pastelitos de franchipán. Se parten de risa. Saben que estarán muertos la noche del día siguiente, pero que antes de morir habrán matado a mucha gente. Al mayor número posible. ¿A cuánta gente? ¿Hacen pronósticos mientras viajan? ¿Apuestas? Si les hubieran dicho: mañana habréis matado a noventa personas, ¿el número les habría parecido 1) guay, 2) regular 3) un poco decepcionante?".El viernes 13 de noviembre de 2013 quedó marcado para siempre como una cicatriz terrible en la historia de Francia cuando una serie de ataques terroristas coordinados atacaron el corazón de Paris, dejando la brutal cifra de 130 muertos, sumando uno más cuando un superviviente se suicido al tiempo por no poder superar las graves secuelas psicológicas que lo atormentaban y más de 400 heridos convirtiéndose en el peor ataque terrorista de la historia del país galo. En las terrazas de varios bares y restaurantes, en la sala de conciertos Bataclan y en las cercanías del estadio de futbol Stade de Reims donde jugaban las selecciones de Francia y Alemania con la presencia del presidente francés François Hollande, siete terroristas yihadistas al grito de "Alá es grande", dispararon indiscriminadamente contra ciudadanos inocentes y luego se inmolaron al hacer explosionar sus cinturones explosivos. En 2021 a la hora de empezar el juicio, Emmanuel Carrère, gran experto en mirar al mal a los ojos, decidió escribir una serie de crónicas para la revista L'Obs donde cubriría el juicio con su mirada lúcida e intentado dar respuesta al sintiendo del terror, el odio y el fanatismo, quién mejor que el autor de El adversario para intentar arrojar algo de luz a esta terrible historia. Esto es: V13. Crónica judicial de Emmanuel Carrère.
Todos los días que duró el juicio Carrère acudió religiosamente a una sala creada para albergar a 500 personas en el Palais de Justice situado al río Sena. Apretados y sentados en incómodos bancos periodistas y curiosos acudieron al que iba a ser uno de los juicios más trascendentales de la historia francesa. Como la mayoría de procesados murieron durante el ataque y uno fue abatido por la policía al intentar capturarlo, los que quedaban iban a ser juzgados como colaboradores necesarios, a excepción de Salah Abdeslam único participante en los ataques, sobre el que recaía más interés informativo y quien recibiría un mayor castigo.
El libro se divide en tres partes, centrándose en las víctimas, los acusados y el tribunal.
Las historias de los inocentes que tuvieron la desgracia de que sus vidas fueran trágicamente arrancadas por el fanatismo más atroz, son desgarradoras. Carrère da voz a las familias, aquellos que tienen la potestad de poder hablar en nombre de los que fueron silenciados por las balas. Testimonios de padres, hermanos, parejas, amigos destrozados pero nunca hundidos, clamando justicia que repare algo del dolor que les acompañara toda la vida. Algunos vierten su odio compresible contra aquellos que segaron las vidas de lo que más querían y otros los miraran con la misericordia que solo el más profundo perdón puede provocar. Carrère hará amistad con varios de ellos como Nadia Mondaguer que perdió a su hijo y al novio de esta con apenas treinta años. También cuenta la historia de Georges Salines, que perdió a su hija, él cual entró en contacto con Azdyne Amimur padre de uno de los terroristas y entre los dos escribieron un libro que expresaba el dolor compartido de dos padres unidos ante la tragedia de que sus hijos se encontraran en aquel fatídico día de furia y pólvora, una muerta a manos de otro. Porque se nos olvida muchas veces que las familias de los asesinos tambien son víctimas. Un ejemplo de que el perdón puede unir más que el odio. Y ante esto surge la figura de Patrick Jardin padre de una hija asesinada que fue el único de los familiares que clamó su odio contra los malnacidos que mataron a su hija, que aunque el odio solo produce más dolor, es un sentimiento de los más compresible ante la cruel perdida de alguien querido.
Durante el juicio se escucharon los terribles audios que se grabaron durante el asalto de la sala Bataclan, con los tiros, los gritos, los terroristas riendo mientras remataban a los heridos, declarando su justa misión de hacerles pagar por las muertes injustas de sus hermanos sirios por culpa de su presidente francés en nombre de su dios. Historias tremendas de supervivencia de aquellos tuvieron que pisotear a los muertos para escapar de ese infierno. En aquella dantesca noche de horror fallecieron 130 personas pero al tiempo se conto una más. Guillaume, a pesar de escapar de aquella matanza nunca pudo salir jamás de la sala Bataclan. Su cuerpo se restableció pero su mente quedó destruida hasta el último de su vida, cuando tras encerrarse en sí mismo atenazado por el trauma, haciéndole saltar de miedo ante cualquier sonido fuerte y ver que la única salida que podía ser el sueño se volvía un infierno de pesadillas interminables donde revivía una otra vez el ataque, con los disparos clavados en su mente, pudo por fin descansar ahorcándose. Fue considerado la víctima 131. Como pasó con Enric Marco, el español que fingió ser superviviente de los campos de concentración nazis y cuya historia contó magistralmente Javier Cercas, también surgió una mujer que dijo ser superviviente del ataque y perdió a su mejor amigo, coordinó a las víctimas reales por Facebook, y dio alguna charla, hasta que un periodista descubrió el engaño al comprobar que no estuvo jamás en la zona del ataque y que su supuesto amigo jamás existió por el que estaba cobrando una indemnización monetaria. La mujer fue juzgada y condenada por estafa y desapareció del mapa. Una mujer amoral, solitaria y acomplejada que encontró en la tragedia de otros un escape para su soledad y satisfacer su ansia de sentir el calor de un grupo.
La mayoría de terroristas se suicidaron al hacer explotar sus cinturones, por lo que los que se sentaron en el banquillo fueron los colaboradores necesarios que ayudaron logísticamente a los terroristas. A excepción de la "gran estrella" del juicio Salah Abdeslam, único superviviente del ataque. Todas las miradas estaban puestas en él, todo el mundo esperaba que explicara de alguna forma el por qué de aquella masacre. La mayoría eran oriundos del vecino país belga, hijos de inmigrantes que crecieron integrándose en la sociedad europea pero comenzaron a enredarse en la gruesa telaraña del integrismo y el fanatismo musulmán, promovido por la guerra civil en Siria, donde las fuerzas leales del dictador sirio Bachar Al Assad luchaban contra los insurgentes y un enemigo terrible: El Estado Islámico. Este grupo terrorista surgió como una escisión de Al Qaeda por considerarlos demasiados liberales con las leyes del Profeta. El ISIS, por sus siglas en inglés, llevaban la yihad y las leyes del Corán hasta un extremo delirante y enfermizo, donde la principal misión es llevar el Islam a todas las naciones, castigar a los infieles y recuperar el histórico Califato Omeya. Cuando en 2014 Abu Bakr al-Baghdadi se autoproclamó califa del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS) desde el púlpito de la Gran Mezquita de Mosul, lanzó un llamado a todos los musulmanes del mundo para acudir a luchar contra los infieles y dar la vida por Alá, muchos jovenes propensos a radicalizarse acudieron al llamado y se prepararon en el terreno como combatientes del califato y guerreros santos.
Muchos de los actos terroristas de corte yihadista como el atentando a la revista francesa Charlie Hebdo en 2015, los atentados de Bruselas en 2016, los atentados de Barcelona de 2017, inclusive los del juicio del V13 fueron perpetrados por soldados del ISIS. A diferencia de otras organizaciones terroristas, el Estado Islámico tiene redes por todo el mundo y cualquiera puede actuar de forma autónoma sin necesidad de recibir ordenes de la organización, siempre y cuando al llevarlos a cabo juren lealtad al califato, a Alá y odio a los enemigos infieles. Una simple furgoneta o un cuchillo ya es un arma válida para segar vidas en nombre del Islam, convirtiéndola en una de las organizaciones terroristas más peligrosas. Los responsables del V13 no encontraron justicia al morir, pero los que se sentaron en el banquillo se enfrentarían a penas muy altas. Muchos de ellos eran chavales normales que se reunían en un bar y fue allí donde fueron poco a poco volviéndose más radicales por ver videos de las decapitaciones de víctimas del ISIS. A excepción del únicos superviviente Abdeslam, los demás acusados durante el juicio renegaron de los actos terroristas y se excusaron diciendo que no tenían ni idea de que estaban tramando y que solo los ayudaron por la amistad que les profesaban.
En cuanto a la parte jurídica Carrère pone en el valor la actuación tanto de la fiscalía y los jueces como de los abogados defensores.
V13. Crónica judicial es otra muestra de porque Emmanuel Carrère es uno de los mejores escritores de la actualidad. El autor francés no hace un relato cronológico del caso si no que a través de pequeñas crónicas cuenta cosas que nadie más que él considera relevante. Historias a veces que resultan inverosímiles e increíbles, pero que narran el horror y la entereza que los que sufrieron los atentados, relatos humanos que mueven al llanto como a la esperanza. Solo Carrère puede narrar un echo histórico como si de una novela se tratará, convirtiendo el mejor periodismo en literatura pura, firme y contundente.
Carrère al igual que hizo con Jean-Claude Rommand no juzga a los acusados o a los terroristas muertos, solo retransmite taquigráficamente lo que se dijo durante el juicio, sin comentarios innecesarios que guíen moralmente al lector. No. Carrère deja que sea el propio lector quien saque sus propias conclusiones, ejerciendo una suerte de fiscal imaginario que debe levantar sentencia sobre los ocurrido. Las víctimas y sus familiares son retratadas con la sensibilidad y el afecto que merecen, y los causados no los presenta como monstruos fanatizados de mirada vacía incapaces de soltar por la boca otra cosa que no sea Allahu Akbar, si no que nos los presenta como seres humanos que por las circunstancias de la vida recorrieron el mal camino, pero nunca dando un juicio de valor personal.
Un libro necesario, comprometido, valiente, duro y humano, lleno de esperanza frente a un mal que parece que algunos quieren ignoran pero que nos afecta a todos sin distinción, porque nadie está a salvo de que un fanático le clave un cuchillo en el suelo, los atropelle con una furgoneta, lo acribille a balazos o lo vuele en pedazos. Ningún credo y ningún dios deberían ser utilizados como escusa para derramar sangre inocente, porque la Fe es todo lo contrario al odio.
Tras 148 días de sesiones interminables, largas declaraciones y numerosos testimonios se llegó a un veredicto el 22 de junio 2019. Diecinueve de los veinte acusados fueron declarados culpables por los todos los cargos de que se lee acusaban y fueron condenados a varias penas de cárcel. Solo uno fue absuelto del cargo de terrorismo y condenado a dos años de prisión por fraude. Salah Abdeslam obtuvo la condena más alta, cadena perpetua.

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