El cabo de miedo, John D. MacDonald

"Cuando entraban en el agua, Nancy trepó a la popa del Sweet Sioux. Las gotas de agua centelleaban en sus hombros desnudos. Sus caderas, que hacía muy poco eran flacas, habían comenzado a hincharse con formas de mujer. Se puso de pie en el borde y se lanzó limpiamente de cabeza.
Carol le tocó el brazo a Sam.
—Esa chica. ¿Cuántos años tenía?
—Catorce —dijo él. La miró a los ojos, le tomó la muñeca y le sujetó con fuerza—. Escúchame bien. Detén esos pensamientos. Detenlos ya.
—Pero tú también los has tenido.
—Solo por un instante, cuando sacaste tu pequeña conclusión. Y los dos vamos a descartar ese nauseabundo y pequeño pensamiento ahora mismo.
—Sí, señor.
Carol sonrió. Pero esa sonrisa no emanaba de su rostro de manera adecuada y como siempre. Se miraron un instante más y después se metieron en el agua. Sam nadó con furiosa energía, pero no consiguió dejar atrás el pequeño tentáculo pegajoso de miedo que se le había adherido al corazón."
El cabo del miedo.




Hay adaptaciones cinematográficas tan buenas que consiguen opacar que tras el guión de oculta un libro. Psicosis la gran terrorífica película del maestro del suspense Alfred Hichtcok tenía de base una novela de uno de los mejores y no muy conocidos autores de terror Robert Bloch, discípulo de Lovecraft. Tras la maravillosa Forrest Gump de Robert Zemeckis está una desconocida novela de un desconocido Wiston Groom de la que tengo entendido nada tiene que ver el personaje literario con la entrañable actuación de Tom Hanks. Y cuando Steven Spielberg consiguió contagiar el miedo a los grandes escualos con su magnífica Tiburón, muy pocos conocían a su autor Peter Bencley y su novela, recientemente reeditada por cierto. 

Pues la novela ha reseñar tuvo dos adaptaciones tan brillantes que ensombrecieron la obra de un autor muy respetado dentro del género negro, alabado incluso por ese gran lector que es Stephen King, pero que hoy apenas es recordado. Pues aprovechando la reciente reedición la he leído descubriendo una historia asfixiante donde un monstruo ávido de venganza hará la vida imposible al hombre que lo llevó a prisión y este hará lo que sea para defender a su familia. Con mucho gusto os presento: El cabo del miedo de John D. MacDonald.

Sam Bowden es la viva imagen del buen ciudadano americano. Abogado de éxito, casado felizmente con su esposa Carol y viviendo en una gran casa con sus tres maravillosos hijos, ve de pronto sacudida su vida cuando aparece Max Cady. Tras pasar catorce años encerrado por violar a una chiquilla de catorce años cuando era militar, vuelve para "agradecerle" a Sam el haberle privado de libertad al testificar en su contra. A partir de su irrupción Cady se convertirá en una pesadilla constante para Sam y su familia, convirtiéndola en un infierno de terror y paranoia llevándolos a vivir en una tensión agobiante y obligándolos a huir de su hogar. Pero Cady ha estado rumiando su venganza durante mucho tiempo y lo mueve una paciencia diabólica. Esto romperá los ideales de Sam, firme defensor de la justicia, el cual cruzará fronteras morales que jamás pensó cruzar. Todo para defender a su familia.

El cabo del miedo es una novela inquietante, agobiante y tensa. El buen hacer del MacDonald es crear una historia pesadillesca donde el mal se introduce de forma sibilina en el seno y la seguridad del hogar y la familia. Lo más sagrado es profanado por alguien que no tiene nada que perder y solo lo mueve la violencia más brutal y el odio más visceral.

Max Cady, a diferencia de sus versiones fílmicas, apenas aparece físicamente en la novela, pero apenas hace falta más para provocar una sensación inquietante de peligro. Es una presencia ominosa que sobrevuela sobre la familia Bowden, que provoca un malestar insano, inaguantable, desesperante. Con su primer acto ya demuestra lo malnacido que puede llegar a ser Max Cady. La familia tienen una perra llamada Marilyn que no destaca por su valentía, pero si por lo cariñosa y confiable que es. Un día cuando los hijos vuelven del colegio la perra comienza a convulsionar dando unos alaridos terribles y acabará muriendo de forma espantosa. El veterinario confirmará que ha sido envenenada con estricnina. Solo un verdadero hijo de Satanás sería capaz de hacerle algo a un ser inocente. Si es capaz de algo así, que no le hará a unos niños. 

Sam Bowden es el hombre recto y decente que ve de pronto como su mundo ideal al  enfrentarse a un enemigo implacable. Como buen abogado, intentará resolver el problema gracias a la sacrosanta Justicia, que con su poder acabará con el mal. Pero por desgracia este caso es escapa a toda racionalidad. Pero la maldad de Cady y el instinto de supervivencia le llevarán a cruzar fronteras muy peligrosas. Carol, la esposa, de origen indio, es la que peor lleva la situación. Una madre hará lo que sea para salvar a sus cachorros y al igual que su marido, también estará dispuesta a dejar la moral a un lado con tal de acabar con el monstruo que acecha a sus niños. Las escenas matrimoniales son las mejores de la novela, escenas de complicidad, de juegos eróticos, bromas, pero también hay momentos para la desesperación, la discusión y el odio compartido hacia Cady. 

La novela se lee como un tiro, perdón por el chiste, es corta e intensa, un auténtico clásico del género rescatado. En cuanto a sus adaptaciones, la primera dirigida por J. Lee Thompson es una cinta tenebrosa del mejor cine negro, con un Sam Bowden interpretado magistralmente por Gregory Peck y un imponente y aterrador Robert Mitchum como Cady. Martin Scorsese rodo un remake increíble que supero con creces tanto a la novela como a su predecesora. Un peliculón terrorífico donde Sam lo interpreta Nick Nolte dándole un aire más amoral y con un Robert De Niro en uno de sus mejores papales, al interpretar un Max Cady psicópata, encantador, manipulador, violento y muy, pero muy diabólico. Solo de escuchar su "¿abogado? Sal ratita quiero verte la colita" me recorre un escalofrío por el espinazo.



John D. MacDonald (1916-1986)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cervantes en Argel, Álber Vázquez

Paperbacks from hell, Grady Hendrix

En ese infinito, nuestro final, Gemma Files