Esto no existe, Juan Soto Ivars

"Las personas que me escriben han vivido tormentos diferentes, pero todas tienen algo en común: han descubierto en carne propia que, lo que según los medios de comunicación y las instituciones no existe, sí existe, y les está pasando. El ambicioso mecanismo diseñado a partir de 2004 y provisto de ayudas directas e indirectas, recursos judiciales y concienciación social para proteger a unas víctimas ciertamente desprotegidas ha producido otras víctimas igual de desamparadas. Víctimas a las que nadie escucha. Víctimas a las que se les cierran las puertas de los platós de televisión y de los estudios de radio cuando intentan dar a conocer sus historias. Víctimas que, según el sistema, mienten". Esto no existe.



Hay libros cuya lectura debe ser reposada, leerse sorbo a sorbo, trago a trago, casi como seguir un tratamiento médico, porque el contenido de la obra puede provocar efectos secundarios. Porque sí, lo que el libro que voy a reseñar cuenta es un asunto tan tremendo e increíble que podría pasar por una novela de ciencia ficción o provocar tanto horror como la mejor novela de terror. Porque sí, la vida real muchas veces resulta más incompresible y aterradora que la más pura ficción, y cuando nos topamos con injusticias como las que cuenta Juan Soto Ivars en su último (y polémico) libro, solo nos queda llevarnos las manos a la cabeza ante tamaña locura y decir con voz resignada: esto solo podía pasar en esta España nuestra. Sin más, preparaos para hacer un viaje al sinsentido de la igualdad mal entendida donde una injusticia se intenta reparar con otra. Con mucho gusto os presento: Esto no existe de Juan Soto Ivars.

Primero hay que mencionar lo obvio. La violencia contra la mujeres es algo completamente despreciable y abominable y todas las mujeres que lo sufren deben de obtener toda la ayuda posible de la sociedad y de los gobiernos acompañándolas, apoyándolas y sobre todo protegiéndolas de los hijos de la gran puta que convierten sus vidas en auténticos infiernos, y todo el peso de la ley debe caer sobre ellos y que tarden bastante en poder pisar la calle en libertad. Pero eso no quita que para paliarlo se deba luchar contra ello con una ley que haga que se cuelen mujeres con malas intenciones, como las que describe Soto Ivars en el libro, para beneficiarse de una ley hecha para ayudar y que la usan para joder la vida a sus exparejas hombres. Pero no nos adelantemos. Toda mi solidaridad con todas aquellas mujeres que sufren maltrato y desde aquí solo les deseo que puedan salir adelante y que no pierdan la esperanza porque todos estamos con ellas.

Y para demostrar a aquellas vociferantes e indignadas feministas radicales (que lo son) que acusaron a Soto Ivars de ser un negacionista del maltrato y que con este libro solo perpetuaba los discursos de la extrema derecha sin apenas molestarse en abrirlo, el libro comienza con la historia de una mujer maltratada. María es madre de un amigo suyo y vive lo que han vivido muchas mujeres, estar al lado de un auténtico cabrón. Casada joven, desde el principio su marido le puso bien claras las obligaciones que como esposa debía cumplir religiosamente, a saber, la casa impoluto, la nevera bien prevista de cerveza y el plato caliente a su hora en la mesa. La historia de esta pobre mujer prueba que la intención principal de Soto Ivars no es negar la violencia sobre la mujer si no al contrario, demostrar que la ley creada para ayudarlas era un arma de doble filo, como irá desgranando al igual que una película de terror, historias de mujeres desalmadas que aprovechan el vacío legal que una ley creada para ayudar a mujeres maltratadas como María, utilizan en beneficio propio y demostrar que el tan cacareado "esto no existe" por el feminismo hegemónico es solo una cortina de humo para no aceptar la gran cagada que fue la ley integral de violencia de género.

El libro se divide en dos partes donde en la primera cuenta la base ideológica del feminismo hegemónico que sentó las bases de la futura ley de VioGén, cuyo nacimiento se debió al vil asesinato de Ana Orantes. La narrativa de género ha alimentado a una generación de feministas de nueva ola que han esgrimido un sentimiento de resentimiento hacia el hombre por, dicen ellas, años de sometimiento desde el principio de los tiempos. Según ese relato victimista la mujer fue condenada y relegada a servir al hombre como esposa y madre de sus hijos, en una existencia ensombrecida por el poder omnímodo del patriarcado que ha ocultado durante siglos los logros que las mujeres han manifestado durante la historia. Cosa fácilmente refutable cuando las primeras que siempre son salvadas junto a niños y ancianos en caso de catástrofe son ellas y durante las guerras son ellas las que se quedan al margen del conflicto. La historia es menos exagerada de lo que las feministas cuentan. Sí, las mujeres durante siglos no han podido alzar la voz pero la realidad es menos exagerada de lo que las feministas han utilizado como arma arrojadiza en un intento de vengar esos supuestos años de opresión machista y patriarcal. El feminismo de nuevo cuño a desvirtuado una reivindicación legítima en una lucha de sexos entre hombres y mujeres al grito de "machete al machote", donde todos los hombres son potenciales maltratadores y violadores, por lo que en este siglo XXI donde el presente debe borrar los errores (o horrores según la narrativa) del pasado y recompensar tanto daño con leyes que ayuden a las oprimidas frente a los opresores.

Y así surge la Ley integral de violencia de género. El caso que cambió la mentalidad de un país fue la muerte a manos de su marido de Ana Orantes. Orantes era una ama de casa que desesperada por años de maltrato físico y psicológico por parte de su marido, José Parejo, acudió a un programa de televisión a contar su calvario. Aquella llamada de auxilio fue su sentencia de muerte, pues Parejo la quemó viva tres después. Ana Orante murió con 60 años. Aquel asesinato cruel e inhumano conmocionó a la sociedad española. La muerte de aquella mujer se convirtió en la gota que colmó el vaso y movilizó a las mujeres, y a los hombres también, no hay que olvidarlo, para pedir al gobierno mayor ayuda a las mujeres maltratadas y una ley que las protegiera. Aquel grito logró que lo que antes se llamaba violencia doméstica se transformará en violencia de género, término bastante cuestionable y reduccionista. Por lo que el gobierno socialista del presidente José Luis Rodríguez Zapatero llevó al Congreso esta nueva ley que fue aprobada por mayoría absoluta un 28 de diciembre (día de los inocentes) de 2004. Lo que se creó como escudo para proteger a las mujeres contra el maltrato tenía algun defecto que solo unos pocos se atrevieron a denunciar, pero como dijo el Maestro, nadie es profeta en su tierra.

Voces en el desierto clamaban ante el despropósito que representaba alguna de las cláusulas de la ley que constituyen una flagrante vulneración de los derechos del hombre, pues se contempla un término jurídico inaceptable en una democracia que es el derecho penal de autor, el cual califica que el individuo es acusado por su condición de hombre más que por el hecho mismo. En cristiano quiere decir que, según la ley de VioGén, los hombres son culpables por el hecho de ser hombres al ejercer violencia sistemática hacia las mujeres gracias a la opresión del patriarcado. La presunción de inocencia es barrida anteponiendo que todo testimonio salido de la boca de una mujer que denuncia es la verdad y nada más que la verdad. Pero no solo afecta a las parejas heterosexuales, pues los hombres gays y las mujeres lesbianas no pueden denunciar a sus parejas por no ser considerado violencia de género. Voces discordantes como el catedrático y sociólogo Amando de Miguel, quien intentó convencer a los diputados del error que iban a cometer si aprobaban esta ley, de la jueza progresista Maria Sanahuja, la cual denunció que muchas mujeres utilizarían esta ley de forma espuria y recibió el escarnio del feminismo radical, o Manuela Carmena entre otras, cayeron en saco roto y fueron sentenciados a anatema como herejes y sus quejas fueron silenciadas por la nueva Inquisición de gafas moradas. Como nota irónica, uno de los impulsores de la ley, Juan Fernando López Aguilar, ministro de justicia, que defendió la ley a capa y espada, fue acusado de violencia de genero por su exmujer, caso que al final fue archivado por no haber pruebas de delito.


"Los hombres inocentes pagan el precio de las inoperancias de un sistema que no siempre protege a las mujeres, porque no siempre pueden hacerlo, y que tampoco los protege a ellos cuando son las víctimas. El protocolo VioGén expande el calvario, pero nada impide que mueran cincuenta mujeres al año y muchas más sean maltratadas sin presentar denuncia.nun problema alimenta al otro, pero solo uno es responsabilidad directa de quienes se dedican a solucionar o mitigar nuestros problemas. El hecho imprevisible de que un hombre asesine a su mujer dentro de una casa o la viole sin testigos dio lugar al hecho previsible, rutinario, de que un inocente caiga en una trampa diseñada para los culpables". 


En la segunda parte, y la más dura, Soto Ivar nos cuenta las consecuencia que la ley ha tenido sobre muchos hombres que se han visto envueltos en el infierno jurídico/burocrático al intentar defender su inocencia ante un sistema que los deja totalmente desamparados. 

La mayoría de testimonios que recoge Soto Ivars son en su mayoría iguales. Una pareja que termina la relación donde no hubieron sospechas de nada, de pronto el hombre se encuentra con la policía en su casa o su trabajo, llevándoselo detenido por violencia de género, pasando una noche en el calabozo. Tras esto da comienzo un auténtico Via Crucis donde deberán nadar por la truculentas aguas de la Justicia. La mayoría de casos son archivados pero tras un largo y costoso proceso donde se han dejado el bolsillo y la salud. Muchos de los hombres que han relatado sus calvarios a Soto Ivars han logrado alcanzar un conocimiento amplio sobre leyes que podrían obtener el título de abogado con facilidad. Muchos hombres han sucumbido ante la maquinaria judicial, incapaces de soportar verse señalados de esa manera y al no encontrar otra salida han optado por quitarse la vida. Es inaceptable que una ley ampare a una parte de la población, que con su solo testimonio diga que ha sido víctima, se aceptada como tal sin sentencia firme y la otra parte de la sociedad se vea desamparada y tenga que luchar con uñas y dientes para defender algo tan fundamental en cualquier sistema democrático como es la presunción de inocencia. 

El término de denuncia falsa es una blasfemia rechaza con más vehemencia que un exorcismo por parte de la narrativa feminista hegemónica, que proclama como dogma de fe que es un invento de la ultraderecha machista y que los datos que confirman que son solo un irrisorio 0,0001% es una verdad incuestionable. Cuando la realidad es que la cifra sería muchísimo más alta si no fuera porque la justicia no actúa contra las falsas denunciantes lavándose las manos al archivar las causas y a otra cosa. Denunciar en falso sale, en muchos casos, gratis.

Pero no solo los hombres sufren por las denuncias falsas. Muchas veces son las nuevas parejas de estos lo que se topan con la injusticia de ver como las exs utilizan la ley para joderles la vida. También sufren las madres, amigas, hermanas, sobrinas y sobre todo los hijos. 

El capítulo dedicado a los niños es el más desgarrador del libro. Los hijos en una pareja separada jamás debería ser un arma arrojadiza para joder al otro. Yo soy hijo de separados y doy gracias por haber podido disfrutar de los dos y no quiero ni pensar lo que es que te separen de uno de tus progenitores. Muchas mujeres utilizan la denuncia por VioGén en procesos de divorcio para obtener beneficios y quedarse con la custodia integra de los hijos. Lo más perverso es que algunas manipulan a los hijos para ponerlos en contra de los padres, con crueles lavados de cerebro donde retuercen su imagen volviéndolos el demonio mismo. Incluso llegando a obligarles a decir que han abusado de ellos. Los casos más sangrantes son los de María Sevilla y Juana Rivas, auténticos relatos de terror. 

La narrativa feminista pone el foco en los niños asesinados por sus padres hombres pero oculta de manera deliberada a los que mueren a manos de sus madres. Aquí surge un término que solo aplican a los primero casos, el de la violencia vicaria. Esto dice que solo los padres (hombres) asesinan a sus hijos para seguir ejercicio violencia a las madres pues los hijos son extensión de ellos, siendo ejemplos palmarios de esto los asesinatos de los niños cordobeses Ruth José y de las niñas canarias Olivia y Anna a manos de sus padres José Bretón y Tomás Gimeno. Nadie niega que hay hijos de puta que han cometido semejante salvajada para hacer daño a sus exs, pero ellas también lo hacen, incluso más. Los casos de filicidios cometidos por madres superan a las de los cometidos por padres. Pero la narrativa solo clama al cielo cuando es un padre quien lo hace y callando cuando lo hace una madre. En el primer caso el machismo ha movido al padre a matar a sus hijos para causar el mayor daño posible a la madre y en el segundo se justifica de forma repugnante siempre mentando la salud mental de la madre. Tanto unos como otros son crímenes reprobables y da igual quien lo cometa. Todos los niños asesinados merecen la misma consideración de víctimas y el mismo respeto por parte de la sociedad.

Esto no existe es una bomba de realidad que explota en un momento donde la narrativa feminista, que hace unos años estaba fuerte, comienza a resquebrajarse. Juan Soto Ivars ha lanzado un grito de advertencia para intentar paliar los demanes cometidos por esta ley. Unos años atrás hubiera ardido España al publicar el libro, pero ahora el pensamiento está cambiado y ahora se puede hablar de ello sin miedo al ostracismo y el silencio. Es verdad que tuvo que soportar un pequeño escrache en Sevilla que quedó en un conato de boicot que no llegó nada. Solo quedó ahí pues en Murcia, la tierra natal que compartimos, dio una charla sobre el libro a la que acudí un poco intimidado por si pasaría algún incidente, pero por suerte cundió el sentido común y la charla fue un éxito de público y de la cual me llevé como trofeo su firma, una foto y unas palabras con él. 

Este es un libro necesario que, sin negar la problemática del maltrato en el ámbito de la pareja, pone el acento en una injusticia causada por una ley bienintencionada pero mal utilizada. Este es un valiente alegato que pone voz a aquellos que se han visto envueltos en farragosos procesos y señalados con la letra escarlata del maltratador tan difícil de desprender. Un libro construido a base de testimonios, documentos y estudios donde buena parte de el son notas que atestiguan la gran labor de investigación por parte de Juan Soto Ivars. Este es un libro esperanzador que busca mandar un mensaje de que la verdadera igualdad se encuentra en que hombres y mujeres sean tratados por igual ante la justicia y que los dos sexos solo podrán cambiar los males de esta sociedad juntos, codo con codo, y como dice Soto Ivars serán ellas las que corrigan este error lamentablemente, porque como muy bien recoge el libro esto no solo afecta a los hombres. 

Para finalizar solo queda alabar a Juan Soto Ivars por levantar la voz ante este fracaso del sistema que convirtió un escudo necesario en una afilada espada usada con impunidad. Ha vuelto a demostrar porque es uno de los mejores críticos y cronistas de este loco mundo que nos ha tocado vivir y que si hubieran más Juan Sotos Ivars en el nos iría mucho mejor. ¡Pero que bueno eres pijo! Salud y dinamita.


"Ahora sabemos que las denuncias falsas son un arma, y que se dispara con frecuencia. Sin embargo, ignoramos su grado exacto de letalidad. ¿Cuántos muertos ha provocado en España el noble intento de salvar vidas? Quizá algún día lo averigüemos".



Juan Soto Ivars (1985-)

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