La llamaban padre, Carles Porta

"A la larga me he dado cuenta de que los niños les hace más daño el secreto que el abuso. Desde londe Castelldans he sentido mucha rabia, mucha impotencia, me hundió mucho, pero no me permito estar hundida. Me dolía a mí, pero él estaba en la cárcel y ni se enteraba. Entonces, intenté practicar el ejercicio que hago con los niños: "No debes sentir rabia, ha darte pena". Una mañana —al dormir lo veo todo más claro—, me levanto y llamo a Cloe, se lo cuento y me dice:
—Ese señor debe ser un superdotado. Es la personificación de la perversión. Llega tan lejos que una mente normal no puede detectarlo". Le llamaban padre.



Normalmente la crónica negra nos atrae ante la profunda curiosidad que todo tema escabroso despierta en el común de los mortales. Nos gusta saber, nos gusta indagar en el pozo negro del alma humana, contemplar con estupefacción hasta que límites puede llegar el ser humano con sus semejantes. Como muy bien dice el rey del true crimen (y autor del libro a reseñar) "los asesinos despiertan curiosidad (además de rechazo, por supuesto)", por eso nos encanta leer, ver o escuchar historias de asesinatos, repletos de cuchilladas, torturas y sangre, mucha sangre, porque al terminar nos limpiamos la sangre en una ducha purificadora que hace desaparecer todo ese mal. La curiosidad puede ser un arma de doble filo, porque como muy bien refleja el sabio refranero castellano, mató al gato. Porque en la crónica negra no solo hay asesinos en serie, no, tambien hay personas que destrozan lo más puro que tenemos: la infancia. Y es ahí donde la curiosidad por conocer esas historias puede dejar una huella muy difícil de borrar.

Las historias de pederastas son difíciles de asimilar, porque hablando en plata llevamos matándonos desde que aquel primer homo sapiens vio que el otro tenía mejores cosas que él y le abrió la cabeza con un pedrusco y se las quedo, el asesinato es execrable, un pecado ante la vida, pero es algo intrínseco al ser humano. Pero tocar a un niño es sobrepasar el límite de la maldad. Como muy bien muestra en su magnífico libro Manuel Marlasca sobre la caza y captura de Antonio Ortiz el pederasta de Ciudad Lineal, son historias duras que estremecen, que hacen que la fe en la humanidad decaiga por no decir que desaparezca. Pues sobre una de esta historias Carles Porta, indiscutible referente de la crónica negra patria, dedicó un libro a un caso que revuelve las tripas por su contexto, por su anomalía, por su depravación. Una historia donde lo más sagrado, la familia, es destruido por las pulsiones de un monstruo que se aprovechó de aquellos que se habían refugiado bajo su protección. Esta historia es bastante dura y aconsejo precaución, esto es: Le llamaban padre de Carles Porta.

En 2015 David Donet fue condenado de conformidad a 51 años de prisión tras admitir una serie de abusos sexuales a menores y otros delitos. Pero ¿cómo este hombre, conocido por muchas personas como un padre de acogida abnegado, entregado a la noble causa de la acogida de chavales, en su mayoría huerfanos y problemáticos, a los cuales dió una nueva oportunidad de tener un futuro pudo cometer tamaña aberración? Pues todo se descubrió por una conversación en Facebook.

Una madre acudió a una comisaría de los Mossos D'Esquadra echa una furia por haber encontrado una conversación sospechosa entre su hijo, de 15 años y un chaval que le decía que su tutor estaba interesado en hacerle una fotos eróticas. Claro esto puso en alerta a Hèctor el mosso que escuchó la historia. Tirando del hilo descubrió que ese chat provenía de un ordenador cuya IP pertenecía a un tal David Donet, que resulta que era un padre de acogida que llevaba varios años teniendo a su cargo a varios chavales huérfanos hasta que cumplían la mayoría de edad. 

Hèctor recabó todo lo posible para que el juez le concederá un registro a la casa de Donet pues sentía una corazonada, algo dentro de sí le decía que la conversación sería la punta de un iceberg más grande que ocultaría a un posible pederasta. Tras días de angustia esperando la resolución judicial, su superior le comunicó que tenía la orden, podían ir a casa de Donet. El miedo que ahora le atormentaba era que este, con la mosca detrás de la oreja hubiera destruido pruebas antes del registro.

La casa donde vivián Donet y sus hijos adoptivos estaba situada en un pequeño pueblo de Lérida llamado Castelldans. Allí en una casa de varios pisos Hèctor, varios policías y una secretaria del juzgado entraron una mañana, bien temprano. Donet les abrió la puerta confuso y desorientado. Cuando entraron encontraron un gran salón al lado de una cocina. En el salón encontraron muchos ordenadores, discos duros externos, DVDs y USBs. Hèctor dirigió el registro, informó a Donet de lo que buscaban y porque estaban allí. Donet pidió avisar a los chavales que dormían arriba y sí podía tomar su medicación para los nervios. Del segundo piso bajaron Santi, uno de los primeros niños acogidos por Donet que a pesar de tener más de 20 años seguía viviendo con él, y tres niños. Santi mostró una actitud agresiva con los policías porque estaban registrando su ordenador. Tras varias horas de mirar y remirar Hèctor desesperado habló a solas con Donet y le dijo que tarde o temprano darían con lo que estaban buscando, que está perdido y debe colaborar. Donet, derrotado, cogió unas llaves y les indicó que subieran arriba. Les llevó hasta a una habitación cerrada donde hay un enorme armario y en la pared  numerosas fotografías del chico, Santi, en diferentes edades, como una especie de homenaje en forma de mural. Donet abre el armario y dijo: "Ahí tenéis lo que estabais buscando". Varias cintas VHS sin carcasa. Hèctor pregunta si son imágenes de él con los niños. Donet contesto que sí. Otro agente encontró horrorizado una caja de zapatos llena de preservativos usados guardados en sobres con nombres como "Santi primera vez" y una fecha. Parece ser que Donet tiene una especie de fijación con Santi. En el ultimo piso esta su habitación donde descubren que era allí donde se daban los abusos y los grababa con una cámara oculta. Los mossos ya tienen suficiente, se llevaron a Donet. Lo que más les sorprenden es que Santi montó en cólera por pedirles que no lo sacarán esposado a la calle y que lo vieran los vecinos y como no paraba de decirle a Donet que no temiera nada que saldría de esta. Los niños lloraban la partida de su padre.

Hector descubrirá al interrogar a Donet que solo ha abusado sexualmente de cinco de los niños que ha acogido durante 15 años. Siempre mantuvo que no hubo violencia o intimidación que todo fue consentido. El echo de grabarlas lo hizo para tener un recuerdo de aquellos encuentros enfermos. Santi es el principal protagonista de las cintas. Donet confiesa que desde el principio comenzó a ver con atracción sexual a Santi desde que lo acogió con 11 años, pero no abuso de él hasta que cumplió más edad. Lo que empezó como una relación estrecha de padre e hijo, pues Donet se volcó con el chaval, intentó llevarlo por el buen camino, se torció por las pulsiones pervertidas del pedófilo que se convirtió en pederasta al abusar de él. Lo que empezó con tocamientos acabó con relaciones sexuales completas, muchas de ellas grabadas. Santi se colocó un caparazón para olvidar todo lo que Donet le hizo, y el cariño hacia Donet fue más fuerte que los abusos. Lo de los preservativos usados era que Donet los guardaba cuando Santi tenía relaciones con chicas, las cuales tambien las grababa movido por los celos.

La pregunta que desconcertaba a todos era ¿por qué nadie notó nada? Fácil. Donet no era un violador violento si no que se aprovechaba de su estrecha relación con los chavales y les convencían de que los abusos eran "algo normal", un acto íntimo entre ellos. Repugnante. Donet manipulaba con su autoridad como padre y satisfacía sus asquerosas fantasías pedófilas sin ninguna coacción, solo destruyendo un vínculo sagrado. Santi al descubrir que le había grabado con sus novias comenzó a derrumbar todo aquello que le unía con Donet. Empezó a ver que aquel que llamaba padre, quien le compraba todo los caprichos que pedía, quien le enseñó a ser mejor persona de lo que era y le incitó a sacar su mejor versión, e incluso montando una pequeña empresa como autónomos entre los dos, había abusado de él. Pero aún en el fondo le guardaba algo de cariño. 

Le llamaban padre es un libro duro, imposible que no te revuelva las tripas al leer este caso tan increíble como triste. Porque David Donet es un monstruo con piel de cordero, un doctor Jekill con vocación de padre atento y cariñoso, que ocultaba un Mr. Hyde pedófilo que uso unas habilidades perversas para manipular a los niños que tenía a su cargo, destruyendo lo más sagrado que tenían: sus infancias. Como buen manipulador, consiguió ocultar sus bajas intenciones tras una apariencia de buen samaritano que acogía a los chavales que nadie quería, problemáticos y difíciles, y se gano la confianza de las autoridades catalanas y de la fundación que recogía a estos huerfanos para que se los entregaran. No abuso de todos, y menos mal, pero con los que lo hizo  lo vuelven un desgraciado que debe estar lo más lejos posibles de algún menor.

El libro esta dividido en cuatro partes donde los principales protagonista de esta tragedia prestan su propio testimonio. Porta explica que darles voz a ellos era la forma más honesta y limpia de contar esta historia. Hector puede ser la viva imagen del buen policia, de un servidor público entregado que se deja la piel para encerrar a los malos. El caso de Donet comenzó como la busqueda de un posible pedofilo que podría distribuir pornografia infantil, en un pederasta que abusaba y grababa esos abusos de los niños a su cargo cosa que desconcierta a Hèctor. Padre de dos hijos este caso le marcará por comprobar que la maldad se puede esconder tras una fachada de bondad. Monste Juvanteny lleva treinta años dedicada al acogimiento de niños a través de su fundación. Ella, junto con la monja sor Consol, fueran las principales valedoras de del trabajo de Donet. Ellas, al igual que todos los que le trataron fueron incapaces de ver qué se escondía tras las intenciones del pederasta. Tras conocer los abusos ha mantenido una correspondencia desde la cárcel con Donet él cual le dicho que está totalmente arrepentido, pero Monste no le ha creído.

Santi es la gran incógnita y la gran víctima de esta historia. Su vida desde que nació es una verdadera desgracia. Hijo de un padre que lo abandonó desde pequeño y una madre que cayó muy joven una espiral autodestructiva por la drogas, solo le quedaba así abuela, la cual no pudo con ese niño rebelde e incombustible, siempre metiéndose en líos y peleas. Nunca conoció lo que era el cariño hasta que se topo en su vida con David Donet. Desde el principio el que se convirtió en su padre hizo lo indecible por enderezar a ese pequeño rebelde sin causa, cosas que consiguió, pues Santi no sería el hombre que es hoy sin la ayuda de Donet. Pero tras esa paternidad se ocultaban un relación perversa de abusos donde Santi, por las manipulaciones de Donet, llegó a verlas como una cosa normal entre ellos. Donet colmaba de caprichos los cuales eran pagados con relaciones donde Santi se evadía para satisfacer el monstruo. Los investigadores se sorprendieron de la actitud de Santi hacia Donet pues solo comprendió que había sufrido abusos cuando comprobó que eran grabadas. 

Y de Donet poco queda decir, que pase mucho tiempo en la sombra, su testimonio carece de toda validez ante su actitud victimista y como intenta reivindicarse su gran labor como padre de acogida, soy incapaz de creer que fuera buena persona con los niños mientras en su fueron interno ardían esos deseos depravados y solo puedo acordarme de las palabras del Maestro en Marcos 9:42: "A cualquiera que haga caer en  pecado a uno de estos pequeños que creen en mí, mejor sería lo echarán al mar con una gran piedra de molino atada a cuello". 


No he tenido críos acogidos para irme a la cama con ellos. Lo de Santi simplemente surgió. ¿Ha pasado? ¡pues ha pasado y ya está! ¿Lo de Wasin? Yo nunca podía salir, estaba enclaustrado en casa. Cuando puedes quedar con toda esa gente de internet normalmente es el fin de semana, pero yo nunca podía. Cuando vivía en Lleida aún, pero en Castelldans, ¿dónde dejaba a tanto chiquillo? Con Xavi e Ismael fueron dos veces y porque me lo pidieron ellos. Sí, debería haber dicho que no, pero...

Declaraciones de David Donet en el libro. (Repugnante). Cumple condena en el Centre Penitenciari Ponent, Lérida. 




Carles Porta (1962-)





David Donet.

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