Estudio en escarlata, Arthur Conan Doyle

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—¿Pretende usted decirme —atajé— que sin salir de esta habitación se las compone para poner en claro lo que otros, en contacto directo con las cosas e impuestos sobre todos sus detalles, solo ven a medias?
—Exactamente. Poseo, en ese sentido, una especie de intuición. De cuando en cuando surge un caso más complicado, y entonces es menester ponerse en movimiento y echar alguna que otra ojeada. Sabe usted que he atesorado una cantidad respetable de datos fuera de lo común; este conocimiento facilita extraordinariamente mi tarea. Las reglas deductivas por mí sentadas en el artículo que acaba de suscitar su desdén me prestan además un inestimable servicio. La capacidad de observación constituye en mi caso una segunda naturaleza. Pareció usted sorprendido cuando, nada más conocerlo, observé que había estado en Afganistán.
—Alguien se lo dijo, sin duda. 
—En absoluto. Me constaba esa procedencia suya de Afganistán. El hábito bien afirmado imprime a los pensamientos una tan rápida y fluida continuidad, que me vi abocado a la conclusión sin que llegaran a hacérseme siquiera manifiestos los pasos intermedios. Éstos, sin embargo, tuvieron su debido lugar. Hemos aquí puestos en orden: «Hay delante de mí un individuo con aspecto de médico y militar a un tiempo. Luego se trata de un médico militar. Acaba de llegar del trópico, porque la tez de su cara es oscura y ése no es el color suyo natural, como se ve por la piel de sus muñecas. Según lo pregona su macilento rostro, ha experimentando sufrimientos y enfermedades. Le han herido en el brazo izquierdo. Lo mantiene rígido y de manera forzada... ¿en qué lugar del trópico es posible que haya sufrido un médico militar semejantes contrariedades, recibiendo, además, una herida en el brazo? Evidentemente, en Afganistán». Esta concatenación de pensamientos no duró el espacio de un segundo. Observé entonces que venía de la región afgana, y usted se quedó con la boca abierta".
Estudio en escarlata.




Hacia tiempo que no volvía al 221B de Baker Street a visitar al mejor detective del mundo (que no se me enfade Poirot). Lejana queda esa primera lectura de Las aventuras de Sherlock Holmes que tan bien me introdujeron en el canon holmesiano. Pero había que empezar por el principio. Por la novela primigenia que trajo al mundo al que sería arquetipo indiscutible del detective de ficción y uno de los iconos culturales más admirados. Y ese principio ya está aquí. La primera novela protagoniza por el insigne Sherlock Holmes, narrada por supuesto por su fiel y leal compañero y amigo, el doctor John Watson. Con muchísimo gusto os presento: Estudio en escarlata de sir Arthur Conan Doyle.

El doctor Watson vuelve a Londres después de pasar una mala experiencia en la guerra en Afganistán como médico militar, tras ser herido en un brazo y contraer el cólera. Solo y sin dinero encuentra la oportunidad de alojamiento en el 221B de la calle Baker compartiéndolo con un joven llamado Sherlock Holmes. Pronto descubrirá las excentricidades de su nuevo compañero, al cual le gusta tocar el violín a hora intempestivas y tiene accesos de euforia que lo llevan a una actividad desenfrenada y otra veces le invade una melancolía tan profunda que lo inmoviliza postrándose en su sillón mientras rasga lánguida y lastimeramente su amado instrumento de cuerda. También notará que tiene un especial don para la deducción extraordinaria, que le lleva a saber que el buen doctor fue militar en Afganistán tan solo con mirarle. 

Holmes resolverá la duda de a qué se dedica al contarle al buen doctor que es un detective consultor que se dedica a resolver casos intrincados y complicados a los que Scotland Yard es incapaz dar carpetazo. La imagen engreída y arrogante que el doctor se lleva de Holmes irá cambiando en admiración ante la prodigiosa mente de Sherlock.

Un día recibirá un mensaje de la policía para que acuda a un lugar a investigar un crimen. Incitado por descubrir un nuevo misterio invitará a Watson a qué le acompañe. Este irá encantado por ver cómo se desenvuelve su compañero a la hora de resolver un crimen. En una casa abandona han encontrado un cadáver sin signos de violencia. Los inspectores Lestrade y Gregson de Scotland Yard intentarán rivalizar con Holmes por resolver el misterio. El cuerpo pertenecía a un tal Drebber ciudadano estadounidense de Cleveland por sus documentos. Lo más inquietante es que alguien a escrito con sangre en la pared la palabra "RACHE". Tras inspeccionar concienzudamente la escena del crimen Holmes intuye que al americano lo han envenenado y que la sangre en la pared seguramente sea del asesino y lo ha escrito para despistar, pues a pesar de lo que piensa el inspector Lestrade no es el nombre mal escrito de una mujer, si no, como apunta divertido Holmes, es la palabra venganza en alemán. Al final Holmes pondrán a punto sus grandes cualidades detectivescas y dejarán a todos los testigos (incluidos los lectores) boquiabiertos cuando resuelva el misterio. 

Estudio en escarlata es algo extraordinario, pues poder comprobar los primeros pasos del detective literario por antonomasia y su inseparable compañero nos hace darnos cuenta de la grandísima repercusión que años después siguen causando la mejor creación de Conan Doyle. Aquí ya están todos los ingredientes que le dieron fama. Un misterio que coloca a Holmes en un laberinto del que solo puede salir gracias a sus dotes de deducción, y la sorprendente resolución del caso que será detalladamente desgranada por un orgulloso (de si mismo) detective, dejando patidifuso al bueno de Watson, él cual ya desde el principio es el cronista/testigo de los casos de su gran amigo. 

A parte del caso criminal al que se enfrentan Holmes y Watson, la narración se trasladada a territorio norteamericano y se nota cuenta la historia de la secta de los mormones, fundadas por John Smith. Pues el finado señor Drebber tuvo algo que ver en vida con  está organización religiosa y un trágico suceso amoroso que le llevó a huir junto a su secretario por Europa.

Es una novelita que se lee en un suspiro, mezclando el misterio, el relato de aventuras, un amor trágico con las llanuras americanas y la neblinosa Londres de fondo.

Ver como surge la amistad entre doctor y detective, que empieza con recelo dada la extravagante actitud de Holmes, y terminará en una relación estrecha de colaboración, admiración y fraternidad. Holmes ya es desde el principio arrogante, orgulloso, condescendiente, sarcástico, neurótico, gran fumador de pipa, observador casi maniático del más mínimo e insignificante detalle, y sobre todo grandísimo conocedor de mundo del crimen por lo que es capaz de poder descifrar cualquier misterio que se le ponga por delante. Y el bueno de Watson también deja ver visos de su personalidad afable, despistada y sobre todo maravillada y asombrada ante Holmes. 

En fin no me queda nada más que decir que es gustazo leer a sir Arthur Conan Doyle y acompañar al genial Sherlock Holmes y su inseparable doctor Watson en sus casos. Elemental, queridos lectores.


sir Arthur Conan Doyle (1859-1930)

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