Aquí todos mienten, Shari Lapena

"La búsqueda continua, pero no hay rastro de Avery. Gully sabe que es una carrera contrarreloj; a cada hora que pasa, las posibilidades de encontrarla con vida disminuyen.
Sin embargo, inmediatamente después del llamamiento por televisión, empiezan a entrar las llamadas. Unos agentes de uniforme responden a ellas y hacen seguimiento de cada una, salvo las que parecen claramente estrambóticas. Para una ciudad que se enorgullece de su sentido de la vida en comunidad, de cuidarse y os a otros, hay un sorprendente número de personas dispuestas a contar a la policía que tienen un conocido que les resulta extraño o que podría ser un pervertido. Gully suelta un suspiro mientras piensa que, como en todas las ciudades pequeñas, la mentalidad puede ser más estrecha que en las grandes metrópolis".
Aquí todos mienten.




Adicción. Esto es lo que ha logrado la señora Shari Lapena crear en mi interior con cada capítulo que leía de su novela, despertando un ansia voraz por seguir leyendo, mientras me quedaba con el culo torcido por los constantes giros con los que me golpeaba la autora. Un libro que leí como un pequeño aperitivo antes del gran banquete terrorífico que me voy a pegar con el mes del terror, y que consiguió mantenerme totalmente enganchado a una historia que tiene la desaparición de una niña en un barrio bien de Estados Unidos, y que acaba desencadenando toda una serie mentiras y secretos demostrando que detrás de las impolutas y limpias fachadas del más decente de los barrios se ocultan a plena luz del día la miseria, la hipocresía y la falsedad. Con mucho gusto os presento: Aquí todos mienten de Shari Lapena.

La novela comienza con una ruptura. William Wooler recibe el mazazo de que su amante Nora Blanchard quiere acabar la relación clandestina que están llevando. El peso de la culpa y el remordimiento la está consumiendo y no quiere seguir haciendo daño a sus matrimonios e hijos. William desolado vuelve a su casa que estará solitaria pues su mujer Erin estará trabajando y sus hijos estarán en el colegio. Esperará encontrar algo de paz cuando se ropa con Avery, su hija de nueve años. 

Ella le cuenta que la han expulsado de la clase del coro. Padre e hija discuten por las constantes salidas de tono de la niña. William no soporta que sea tan consentida y desobediente y la discusión sube hasta tal punto que la golpea haciéndola caer al suelo. William inmediatamente se arrepiente y pide perdón a su hija, la cual solo calla. Su padre decide marcharse y dejarla en casa pensando en la bronca que le echará su mujer. No sabe que ese será el último momento en que estará con su hija.

Una llamada de su mujer diciendo que ha denunciado la desaparición de Avery a la policía provocará un terremoto en el barrio, la caja de los truenos se abrirá desenmascarando a más de uno dejando al descubierto un rosario de mentiras que llevarán a la policía a varios callejones sin salida, mientras el reloj sigue inexorable pasando sus horas con el rastro de Avery esfumado de la faz de la tierra. Los inspectora Bledsoe y Gully serán los encargados de la investigación y verán que nos todos dicen la verdad. 

Aquí todos mienten ha sido una deliciosa sorpresa. Iba con el miedo de que la historia fuera floja o que tuviera un final algo decepcionante, pero he quedado la mar de sorprendido por el buen hacer de la señora Shari Lapena. Al terminar cada capítulo me sentía como el sultán Shahriar cuando la astuta Scheherezade interrumpía cada noche el cuento que le narraba hasta la noche siguiente. Los capítulos terminan con un giro sorprendente que me dejaba tan impactado, que si no fuera por la fuerza del sueño seguiría leyendo hasta clarear el alba. 

Bien es cierto que también sentía ecos de la típica película de sábado por la tarde en Antena 3, esos thrillers domésticos efectivos que te solo sirven para un divertimento pasajero, la novela consigue su objetivo de entretener y mantener la intriga con maestría. Uno puede pensar cualquier cosa que de pronto la historia pega un vuelco dejándote descolocado y pensado: "joder qué bueno, no lo había visto de ese modo". Y así, giro tras giro, sorpresa tras sorpresa, la novela va fraguándose hasta llegar a una resolución muy satisfactoria.

Lapena coloca a sus personajes en una situación tan disruptiva, como la desaparición de una niña, que, al igual que esa pequeña piedra que cae por la ladera provocando un desprendimiento violento. Las vidas de los padres de Avery, su amante y su familia se verán expuesta bajo la lupa dejando al descubierto que no oro todo lo que reluce en esas modélicas familias.

El adulterio de William lo coloca en una situación complicada al no tener una coartada sólida lo que lo pone como principal sospechoso. Y encima sumando a esto que miente a la policía al no contar que estuvo en casa y que vio, y golpeó, a Avery. William vivirá un tensión insoportable provocada no solo por el profundo remordimiento por creer que la desaparición de su hija es culpa suya, si no también que la investigación policial llegue hasta su relación adúltera con Nora, lo que destruirá su matrimonio. 

Y para colmo un testigo anónimo contará a la policía que vio a Avery subir al coche de Richar, el hijo de Nora. Otras vías de investigación de centrarán en que Avery le contó a una niña de su colegio que tenía un novio mayor y el prejuicio de una vecina hablará de que puede ser un chaval autista que había hablado un par de veces con Avery. 

La hipocresía y la falsedad suelen darse en todas partes, pero suelen ser más turbias y enquistadas en las pequeñas ciudades. Casas impolutas, con sus jardines bien cuidados, lugares donde nunca ocurre nada malo. Los niños pueden caminar desde la escuela a casa sin el miedo de que una furgoneta sospechosa los acechen, o lo más terrible, los secuestren. Por eso la desaparición de Avery deja al descubierto que los matrimonios felices y las familias idílicas son solo fachada. Nidos de mentiras, infidelidades, inseguridades y rencores de ocultan tras las paredes de esos hogares, dulces, hogares. Y si a esto le sumamos lo que nos gusta juzgar a los demás, mirando altivos desde nuestra atalaya moral las vidas ajenas pensado que somos mejores que ellos. Los cuchicheos vecinales son parte del folclore local, producto de la pequeñez de la ciudad, donde todos se conocen, frente al ambiente de individualidad de las grandes urbes. Pero como siempre suele pasar, aquellos que más critican son los que más tienen que callar. He pensado lo que hubiera hecho mi idólatrada Patricia Highsmith con esta historia. 

Me gustaría ahondar más en la novela pero sería entrará en el farragoso terreno de los spoilers, solo para terminar he disfrutado muchísimo este pequeño divertimento leyendo con voracidad, y que estoy deseando volver a leer a la señora Shari Lapena. 



Shari Lapena (1960-)

Comentarios

Entradas populares de este blog

Lucky Luke integral I, Goscinny y Morris

De qué hablamos cuando hablamos de amor, Raymond Carver

Se busca una mujer, Charles Bukowski