La narración de Arthur Gordon Pyn, Edgar Allan Poe

"Al estar el cuerpo del que la habían sacado apoyado en la cuerda, los esfuerzos realizados por aquel pájaro carnívoro lo habían hecho balancearse fácilmente de un lado para otro y este movimiento había sido el que en un primer momento vino a darnos la impresión de que estaba vivo. Cuando la gaviota lo liberó de su peso, giró en redondo y se cayó parcialmente, de modo que la cara quedó completamente al descubierto. ¡Sin duda jamás he visto algo tan pavoroso! Le faltaban los ojos y toda la carne que debía rodearle la boca, lo que había dejado sus dientes completamente desnudos. ¡Esta era entonces la sonrisa que tanto nos había alegrado dándonos esperanza! Esta la... -me voy a abstener-. El bergantín, como ya he mencionado, nos pasó por la popa y se fue alejando lentamente a sotavento. Con él y su horrible tripulación se desvanecían todas nuestras alegres previsiones de júbilo y salvación".
La narración de Arthur Gordon Pyn.



Comienza la temporada del susto literario, del miedo a pasar de página, de los monstruos hechos de palabras, el mes del terror que culmina con esa noche mágica donde brujas, espectros y duendes bailan la macabra danza en la víspera de Difuntos, llamado por los yankees Halloween. Y que mejor manera de empezar que con el atormentado maestro del relato de horror, el hombre que desterró los viejos miedos góticos de los derruidos castillos y abrió las puertas al horror surgido de lo más profundo de la mente donde los monstruos más aterradores no siempre son lo que parecen. Tiempo después de leer sus Cuentos completos ahora tocaba leer su única novela para abrir la temporada terrorífica. Una historia de aventuras marítimas donde el maestro Poe le da su propio toque macabro con uno de los finales más inquietantes y misteriosos de la historia de la literatura. Con mucho gusto os presento la primera reseña terrorífica con La narración de Arthur Gordon Pyn de Edgar Allan Poe.

¡¡Aviso de posibles spoilers!!

La historia es narrada por el principal protagonista Arthur Gordon Pyn. Este joven de Nantucket ávido de aventuras conocerá a su gran amigo Augustus Barnard que le despertará un amor intenso por el mar. Tras vivir un peligroso periplo en un pequeño velero, Arthur sentirá que su vida en tierra sería desdichada y con la ayuda de su fiel Augustus engañará a su familia y se embarcará como polizón en el ballenero Grampus. Oculto en la bodega será testigo de un motín por parte de los marineros que salvarán la vida de su amigo pero lo condenará a unas semanas terribles de privaciones dado que ya no puede llevarle las provisiones. 

Arthur entrará en un estado lamentable que casi le cuesta la vida, por la inanición y la falta de agua, sumando que su mente será trastocada por el aire viciado de los vapores nocivos de la bodega. Pero su amigo le salvará justo a tiempo con la ayuda de uno de los amotinados Dirk Peters. Los tres se unirán para tomar el control del barco. Valiéndose del miedo a los fantasmas de los supersticiosos marineros y con la ayuda de otro marino Richard Parker lograrán hacerse con el barco. 

A partir de aquí ocurrirán los episodios más escabrosos de la novela, muy del gusto del señor Poe. Un tiempo desfavorable de viento huracanado y olas temibles hará que el navío casi se hunda dejando a los hombres la merced del hambre que roe la entrañas, la sed que seca la garganta y un sol inclemente que puede volverlos locos. En un momento verán pasar un barco que les llenará los corazones de esperanza por salvarse. El timonel que guiaba la nave los observa con una siniestra sonrisa pero parece no percatarse de los náufragos. Cuando se acerque a donde están descubrirán con horror que todos los tripulantes han muerto por alguna enfermedad y que de el hombre al timón solo quedan los huesos. 

La situación será cada vez más extrema cuando las pocas previsión que han podido guardar van mermando día tras día. Cuando se queden sin nada, casi muertos y enloquecidos, tomarán una decisión que les perseguirá toda la vida. Dejándolo en manos del destino se jugarán quién será sacrificado y luego comido. Parker será el elegido. Recurrir al canibalismo les dará algo de tiempo para aguantar si aparece alguna nave. Augustus morirá a causa de sus heridas durante la recuperación del barco y solo quedarán Arthur y Peters. Cuando parece que la Parca comienza a arañar con sus huesudos dedos las almas de nuestros protagonistas la Providencia tiene otros planes. El Jane Guy será la salvación que los sacará del insoportable calvario a la deriva en alta mar.

Arthur se recuperará de la terrible experiencia y recuperará la salud. La expedición del Jane Guy en un principio irá hacia el Cabo de Buena Esperanza pero Arthur convencerá al capitán de que vayan hacia las regiones Árticas poco exploradas por el hombre. Tras pasar por zonas heladas donde el hielo casi les impide la navegación, llegarán a una zona extrañamente cálida y recibirán la visita de una piragua de unos nativos que los llevarán hasta su isla a la que llaman Tsalal. Allí serán recibidos por el jefe de la tribu llamado Too-Wit. Arthur nos describirá la isla, con su vegetación y su fauna y las costumbres de la tribu. Estos al principio serán amigables con ellos pero Arthur sospecha que hay algo malo entre los nativos. 

Sus sospechas se harán realidad cuando sus compañeros y el capitán sean masacrados por la tribu y el navío incendiado. Arthur logrará salvarse de la matanza junto a Peters y se esconderán en unas cuevas. Allí descubrirán unos extraños jeroglíficos tallados en las paredes. Su plan de huida constará de tomar como un rehén a un indígena y coger una piragua e intentar llegar lo más lejos posible. Escapando de los terribles salvajes navegarán al sur. Aquí es donde la novela alcanza su mayor misterio aterrador. Los nativos cada vez que veían algún objeto de color blanca se ponían nerviosos y exclamaban desesperados una enigmática palabra: "Tekeli-li". Pues conforme más se alejan de la isla el blanco irá inundando el paisaje volviendo al salvaje más y más nervioso hasta que llegará a un paroxismo de terror muriendo en el acto. La narración se verá abruptamente interrumpida siendo las últimas palabras de Arthur Gordon Pyn el ver emerger una figura humanoide de enorme tamaño vestida de blanco. Una nota final explica que Pyn pereció y sus últimos capítulos se perdieron y Peters sobrevivió y vive en Illinois no queriendo responder los misterios que envuelven los últimos pasajes de la novela.

La narración de Arthur Gordon Pyn es una novela extraña. Con apariencia de un relato de viajes y aventuras Edgar Allan Poe consigue dejar un poso inquietante que mantiene en alerta la lectura. Es extraña también por la curiosa relación entre la aventura y lo macabro, incluso lo morboso y escabroso con las imágenes de canibalismo y masacres. Poe golpea al despistado lector, que confiado cree disfrutar de una novela de aventuras marítimas, cuando de pronto se ve asaltado por episodios potentes de una truculencia tal que desconcierta. La imagen del barco fantasma con su timonel de cadavérica sonrisa es tremenda. 

Arthur Gordon Pyn es pobre narrador y protagonista es un desgraciado. Parece que lo ha mirado un bizco. Si cuando casi muere ahogado junto a su buen amigo Augustus en un naufragio podría haber aprendido la lección, el muy inconsciente siente la llamada del mar y vuelve a enrolarse como polizón en un viaje del cual nunca volverá. Sufrirá un verdadero Vía Crucis donde el hambre, la locura, la muerte y el horror pondrán a prueba su espíritu aventura.

Pero ¿estamos ante una novela de terror? Sí y no. Estrictamente hablando la novela no es en si una obra de terror al uso. Los elementos terroríficos son meras pinceladas, como pequeñas pesadillas que se intercalan en un placido sueño, siendo el motor del relato las aventuras en alta mar. Pero siendo el señor Poe quien cuenta esta historia no puede evitar volverse macabro, aterrador e o incluso misterioso. Aquí el terror es mucho más mundano, con situaciones terroríficas que solo los que se jugaban la vida en alta mar podrían comprender y para las buenas gentes de secano las vivieran como pesallidas. La soledad en alta mar, el miedo a un motín, quedarse varados y ver cómo la muerte va implacable cerniéndose sobre los naufragados con forme las provisiones van escaseando. Es al final cuando introduce un horror inesperado con la inquietante figura gigante de blanco dejando al lector confundido y porque no asustado. Pero no es un susto fácil que coloca para cerrar de manera abierta la novela, si no que va preparando el terreno con las terribles y enigmáticas palabras que proclaman los indígenas mientras tiemblan presas de un pavor tremendo, Tekeli-li, Tekeli-li, lo que hace que al lector (servidor incluido) se le pongan los vellos de punta. Y luego está esa criatura misteriosa, que al no sabar nada sobre ella la mente intenta rellenar los huecos con nuestra imaginación y solo pueden surgir ideas de pesadilla al intentar imaginar qué es ese ser y cuáles son sus intenciones. 

Nada más queda por decir que siempre es un gusto adentrarse en la magnífica y perturbada mente del señor Edgar Allan Poe del cual puedo decir que he leído la totalidad de obra faltándome sus poemas. He leído la novela enganchado por la narración de las desventuras del desgracia Arthur Gordon Pyn y he disfrutado muchísimo el gran enigma que desprende sus últimos capítulos. Esta novela, de la que el autor no quedó muy satisfecho, inspiró a dos de los más grandes escritores de la historia como son Julio Verne que escribió una comunicación en La esfinge de los hielos, y como no podía ser de otra forma al Sumo Sacerdote del Horror Cósmico, H. P. Lovecraft (él estará en el mes del terror) que escribió una de las mejores novelas de terror, está sí puramente de terror, como es En las montañas de la locura. El primer miembro de la Terrorífica Trinidad del Terror nos ha regalado un gran relato y un aviso, si navegáis por las gélidas regiones antárticas y escucháis a lo lejos Tekeli-li, Tekeli-li, mejor que deis la vuelta. Dulces sueños.


Edgar Allan Poe (1809-1849)

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