El club de la lucha, Chuck Palahniuk
"Tyler me consigue un trabajo de camarero, después me mete una pistola en la boca y me dice que para alcanzar la vida eterna primero tienes que morirte. Sin embargo, durante mucho tiempo Tyler y yo fuimos muy buenos amigos. La gente siempre me pregunta si conocía a Tyler Durden.Hay libros que causan sensación en cuanto salen publicados. Algunos cosechan aplausos tan estruendosos que causa un poco de vergüenza ajena. Y otros producen un rechazo que se vuelven radiactivos imposible tocarlos sin protección. Y luego está la opera prima de Chuck Palahniuk.
Cuando se publicó su primera novela en 1996 fue como una hilera de pólvora cuya mecha encendió uno de los grandes hitos de la cultura popular, gracias a una magnífica adaptación fílmica que se convirtió en una de las mejores películas de la historia del cine. Palahniuk escribió en tres meses uno de los alegatos más certeros contra la alineación que la sociedad ultracapitalista de finales de los noventa que convertía a las personas en almas en pena, condenadas a trabajar en trabajos basura con sueldos basura, donde las cosas que acumulan sustituyen anhelos y ansias por objetos inutiles. Y lo hizo a base de ostia limpia. Preparaos para una de las novelas más rompedoras, transgresoras, macarras y cínicas de la historia con: El club de la lucha de Chuck Palahniuk. ¡¡Aviso de posibles spoilers!!
La novela empieza con un narrador sin nombre con una pistola en la boca encañonado por Tyler Durden. A raíz de ahí el narrador irá contando su anodina vida de oficinista. Padeciendo un terrible insomnio que no lo deja dormir por las noches, encuentra consuelo al acudir a varias sesiones nocturnas de terapia de grupo en iglesias o centros de ayuda.
La primera experiencia que tuvo fue con un grupo de supervivientes de cáncer testicular. Allí entre los enormes pechos producidos por el exceso de estrógenos al inyectarse dosis altas de testosterona de un hombre llamado Bob, conseguirá llorar contagiado del dolor y la liberación de aquellos hombres que han visto de cerca a la muerte y han perdido su masculinidad. Tras esto se volverá adicto a la miseria y la muerte acudiendo a varios grupos dando nombres falsos. Entre enfermos y supervivientes el narrador conseguirá llenar el vacío de su vida aburrida, consumista e insomne. A través del dolor de los demás y los testimonios de salvación encontrará algo de alivio a su insatisfacción vital. Se volverá un turista de la agonía, de la esperanza y de la muerte. Pero todo cambiará cuando aparezca Marla.
Marla Singer también acude a los grupos de apoyo y esto trastoca al narrador. Porque ella es el reflejo de su mentira. La presencia de Marla grita en silencio su farsa, que se cae ante la actitud arrogante de la chica, fumando de forma impenitente un cigarrillo tras otro, demostrando que no padece ninguna enfermedad. Esto enfurece al narrador. Necesita esos grupos, necesita llorar entre los sudorosos y abundantes pechos de Bob, descansar su cuerpo atormentado en esa cuna de grasa. Por lo que llegan a un acuerdo entre los dos para repartirse los grupos acudiendo en horas distintas para no coincidir.
Y de pronto conocerá a Tyler Durden y nada volverá a ser como antes. Este canalla atractivo y fascinante, llevará al narrador a un viaje sin frenos hasta la destrucción total de todo cuando creía, siendo la explosión de su piso con todos los muebles de Ikea que había ido acumulando de forma obsesiva, símbolo del vacío de su vida, la mecha que encenderá su autodestructiva relación con Tyler Durden.
Y el momento culmen será cuando Tyler Durden le pida al narrador que le golpee. Borrachos comenzarán una pelea a puñetazos en el estacionamiento de un bar, siendo observados y jalonados por los clientes del bar. Este será el germen del primer proyecto salida de la brillante pero perturbada mente de Tyler Durden: el club de la lucha.
Para crear el club se establecen unas normas básicas para poder formar parte: Primera regla del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha. Segunda regla del club de la lucha es que no se habla del club de la lucha. Tercer regla: si alguien dice basta o pierde el conocimiento la lucha termina. Cuarta regla: solo pelean dos hombres. Quinta regla: Solo habrá una pelea cada vez. Sexta, séptima y octava: ni camisas ni zapatos, la lucha dura el tiempo que se crea necesario y si es tu primera noche en el club de la lucha, peleas.
Y así, noche tras noche, acudirán hombres de cualquier condición o formación para reventarse las caras a ostias en peleas salvajes. Cruentas y sangrientas terapias de choque donde toda la frustración, desánimo, desasosiego, malestar, se borran mientras se suceden los puñetazos, patadas y llaves en una danza salvaje y bestial. La sangre, como un bautizo blasfemo, limpia los males de estos atormentados hombres, hermanados a base de golpes que destrozan rostros, rompes huesos y astillan dientes. Los clubes de la luchan irán surgiendo en numerosos lugares.
El narrador verá como paulatinamente el proyecto del club de la lucha de Tyler irá transformándose en una especie de secta paramilitar, donde los hombres cumplirán todas las órdenes de Tyler y como el negocio de fabricación de jabón a partir de grasa sustraída de liposucciones de Tyler, ocultará un proyecto más terrible y peligroso, el Proyecto Estragos.
Tyler Durden plantea que la vida como mejor es vivirla es destruyendo todo lo que tenga relación con el consumismo y el capitalismo. Su filosofía nihilista/anarquista llevará a sus acólitos a pasar de gamberros y desestabilizadores a peligrosos terroristas. El narrador también verá con desprecio como Marla empezará una relación con Tyler después de que éste la salve tras un intento de suicidio. El narrador caerá en una vorágine de angustia y desesperación por el acoso de los acólito de Tyler que pararán cualquier intento suyo para desbaratar los planes de Tyler Durden, pero todo dará un giro sorprendente.
Resulta que el narrador y Tyler Durden son la misma persona. Debido a su terrible insomnio, mientras el narrador consigue conciliar el sueño surge la figura desdoblada de su personalidad en la figura de Tyler Durden. Durden refleja todas las facetas que la personalidad gris y anodina del narrador ocultan. Tyler es desvergonzado, atractivo, lenguaraz, interesante, un líder nato y un amante pasional. Es todo aquello que el narrador quisiera ser. Por eso la única manera de parar a Tyler Durden es acabar consigo mismo y así llegamos al principio de la novela donde el mismo narrador se coloca en la boca la pistola para acabar con los dos y desbaratar los atentados terroristas de los hombres de Tyler.
El club de la lucha es una de las mejores novelas que he leído. Chuck Palahniuk consiguió convertir una ácida sátira del mundo antes del 11S en una espantosa novela de terror. Un moderno doctor Jekyll consumido por el consumismo y un míster Hyde más peligroso que el monstruo victoriano de Steveson.
La generación que representa el narrador nacida y criada en un mundo en vías de globalización donde los conflictos bélicos ocurren fuera de las seguras fronteras que los han protegido de todo mal. Una generación que vino con un pan bajo el brazo gracias una bonanza económica que explotó con la gran crisis del 2008. Pero antes de las crisis y los atentados yihadistas que pusieron el mundo patas arriba, las gentes como el narrador vivían alineados por un capitalismo que les gritaba en la oreja: cuanto más tengas, mejor será tú vida.
La perdida de cualquier valor espiritual o moral ha echo que la búsqueda de la verdadera felicidad se encuentre en un catálogo de Ikea. Cuando el apartamento del narrador explota, su única preocupación es la perdida de todos los muebles caros de nombres suecos impronunciables que ha ido acumulando. Toda su única aspiración en su vida es llenar los huecos de su alma con lámparas, sofás o mesas de diseño.
Por eso surge Tyler Durden. Nacido de la represión y la nulidad de carácter del narrador, este excéntrico filósofo volverá patas arriba la existencia del narrador. Su filosofía donde el caos es amo señor de todo, lo mueve a boicotear todos los trabajos que realiza. Mientras sirve platos en un lujoso restaurante a adinerados comensales, lo que estos no saben es que hay sorpresas biológicas como orina o semen en sus sibaritas comidas. Pero lo mejor es lo que hace con su trabajo de proyeccionista. Entre fotogramas de cientos de películas ha ido colocando fragmentos de películas porno, pero a tal velocidad que el ojo humano es incapaz de ver los enormes penes erectos y las vaginas profundas en primer plano.
Tyler Durden es fruto de todo lo que anhela el narrador. Como su personalidad pusilánime le impide avanzar surge Tyler para alcanzar todo lo que sueña. Y la verdadera liberación se la ofrecerá a puñetazos. El club de la lucha es la válvula de escape que el narrador y los miembros del club necesitan para soportar sus vidas. En una sociedad castrante allí, en un oscuro y húmedo sótano, alumbrado por una tenue bombilla y el aire viciado por el sudor, los hombres consiguen recuperar esa masculinidad perdida en peleas salvajes y sangrientas. Y lo más satisfactorio es que al día siguiente nadie les preguntan el por qué de sus rostros hechos un Cristo llenos de moratones y ojos hinchados. Nadie quiere mostrar interacción personal con los demás, por lo que todo queda en triviales palabras junto a la maquina del café o durante el almuerzo, obviando la hilera de punto de sutura que cruzan la frente o el pómulo.
Pero Tyler es un peligro. Un polvorín a punto de explotar. Sus ideales de destrucción calan en los hombres que le siguen fielmente sin cuestionar ninguna de sus órdenes, por más descabelladas que sean. Por ello las normas del proyecto Estragos sin simples: dos veces se repite que No se hacen preguntas, no hay excusas, no se miente y hay que confiar en Tyler Durden. Tyler Durden es el mesías de los olvidados de Dios, de los no alcanzarán la gloria, pues son tan insignificantes que no cuentan no para el mismo Dios. Y para que los divinos ojos se posen en ese rebaño maldito, Tyler Durden hará lo que haga falta para ello.
Y en ese extraño triángulo amoroso está Marla Singer. Marla es la única que es capaz de no ver diferencias entre el narrador y Tyler, cosas que le ayudará a desacerse de su yo malvado y entregarle algo de amor, a la manera especial de Marla.
Como he dicho para mí la novela es un híbrido brillante del humor ácido, la sátira cruel y el terror existencial en su más literalidad de la palabra. La falta de esperanza y la pérdida de la ilusión hacen que el narrador caiga en una pesadilla vivida donde sus frustraciones y ansiedades hacen nacer un ser seductor y encantador, de lengua rápida y mortal, que le llevará a crear un movimiento terrorista antimodernidad.
Chuck Palahniuk escribe de forma concisa, repetitiva, el relato acelerado y chiflado de un narrador que casi cae en la locura. Son frases cortas, aveces aforismos y otras se parecen a los haikus que el narrador crea en su cabeza. Una de las mejores pistas de que el narrador y Tyler son la misma persona es que cuando Tyler se usa el guión de diálogo y cuando lo hace el narrador lo hace en el propio párrafo.
Ha una gran novela no siempre le duele venir una gran adaptación pero en este caso los astros se alinearon y nos dieron una de las mejores películas de la historia del cine. Dirigida por el gran David Fincher y protagonizada por un trío magistral de actores como un magnífico Edward Norton como el narrador, una sensual y magnética Helena Bohan Carter como Marla y el auténtico rey de la función, puro magnetismo y desparpajo es Brad Pitt en una de sus más grandes actuaciones. Su Tyler Durden se come la pantalla desde que sale, es imposible no quedar encandilado y maravillado con su pelo alborotado y lleno de mechas y sus ropas chillonas.
En fin como la primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha ya va siendo hora de cerrar la boca y simplemente rendirse ante una de las más grandes novelas de finales del siglo XX.

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