La sombra del viento, Carlos Ruiz Zafón
"En una ocasión oí comentar a un cliente habitual en la librería de mi padre que pocas cosas marcan tanto a un lector como el primer libro que realmente se abre camino hasta su corazón. Aquellas imágenes, el eco de palabras que creemos haber dejado atrás, nos acompañan toda la vida y esculpen un palacio en nuestra memoria al que, tarde o temprano —no importa cuántos libros leamos, cuántos mundos descubramos, cuánto aprendamos u olvidemos—, vamos a regresar. Para mí, esas páginas embrujadas siempre serán las que encontré entre los pasillos del Cementerio de los Libros Olvidados". Hay libros que soportan sobre ellos una losa muy pesada: el gran cariño del público. Quién sabe si detrás de todo ese boato de admiración que se traduce en cientos de reseñas ultrapositivas en medios de comunicación y numerosas reediciones fruto del éxito de ventas, hay una genuina obra que merece todos esos parabienes por su extraordinaria calidad literaria, o es una campaña bien orquestada por unos inteligentes editores y publicistas que camuflan el poco o nulo valor literario de la obra con palabras como éxito y superventas.
Normalmente no me suelo dejar llevar por la euforia que despiertan los libros que están en los puestos de "más vendidos", y prefiero hincarles el diente una vez ha bajado la fiebre. Lo hago por no contagiarme del entusiasmo general y llevarme una decepción grande, porque cuando las expectativas están muy altas la caída suele ser bastante aparatosa.
Uno de estos libros fue la novela que encumbró a Carlos Ruiz Zafón como uno de las éxitos más rotundos de la literatura española. Una historia que cruzó fronteras y encandiló a millones de lectores en varios idiomas. Una vez leído el libro solo puedo decir que estoy de acuerdo con todos aquellos que disfrutaron con las aventuras de Daniel Sempere por una Barcelona mágica y neblinosa de posguerra con la pasión por los libros como motor de la historia. He podido comprobar que tras veinticinco años de su publicación la fama del libro no se ha sustentado por un marketing publicitario agresivo sino por la extraordinaria calidad literaria que desbordaba el tristemente fallecido autor. Sin más y con sumo gusto os presento: La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón.
Tras los terribles años de la guerra civil, una pesada y lóbrega posguerra se cierne por el país. En el año 1945 un joven llamado Daniel Sempere es llevado por su padre a un lugar extraordinario. Oculta a los ojos del mundo en un rincón desconocido de una Barcelona gris y triste se encuentra El Cementerio de los Libros Olvidados. Este sanctasanctórum de las letras es el lugar donde van a parar todos los libros escritos del mundo, a salvo de la censura y las persecuciones, para que tengan un lugar donde estar a salvo y nunca ser pasto del olvido.
Daniel recorrerá sus laberínticos pasillos, embelesado y maravillado ante tan grandioso templo del saber para encontrar ese libro especial y único que lo acompañará para siempre en un vínculo inquebrantable. Ese libro será uno titulado La Sombra del Viento escrito por un desconocido escritor llamado Julián Carax.
Esta novela se volverá una obsesión para Daniel, el cual removerá Roma con Santiago para encontrar más libros del misterioso autor y satisfacer su hambre voraz por sus historias. Esto lo llevará a recorrer una Barcelona onírica envuelta en una niebla melancólica en busca de algún rastro de Carax y sus libros, donde se envolverá en una terrible conspiración para ocultar un pasado lleno de amores trágicos oculto en las páginas de los libros malditos de Carax. Daniel crecerá buscando la respuesta al enigma Carax mientras encontrará por el camino el amor, la amistad, el poder de los libros y el peligro.
La Sombra del Viento es un canto de amor apasionado por los libros. Ruiz Zafón escribió una novela de aventuras heredera de las grandes novelas del siglo XIX donde la intriga, el peligro, el misterio y el amor mueven una historia llena de giros y sorpresas maravillosas. Los libros son los guardianes del saber y el templo donde los fieles van a celebrar la santa eucaristía de leerlos son las sagradas bibliotecas. Y el lugar donde Daniel encontrará el libro de Carax es un lugar misterioso oculto en el corazón de Barcelona. El Cementerio de los Libros Olvidados es el refugio donde van a parar las obras que han caído en el olvido, libros raros e incomprendidos, censurados y perseguidos, que aguardan pacientes en las estanterías al lector adecuado que sabrá disfrutar de sus páginas. Cosa que le pasará al bueno de Daniel quien quedará prendado de la novela de Carax. Pero también descubrirá que un libro puede ser un arma muy peligrosa por la que muchos estarán dispuestos a morir o matar.
Ruiz Zafón creo un magnífico plantel de personajes. Empezando con el protagonista Daniel, al que vemos pasar de la adolescencia a la primera juventud de sus dieciocho años rodeado de libros por el trabajo en la librería de viejo de su padre, un hombre bueno y trabajador que le regalará la visita al Cementerio. Daniel es un joven soñador que viven con pasión la lectura y la investigación por saber el paradero de la obra de Julián Carax, mientras intenta recuperar el recuerdo de su madre fallecida cuando era niño, cuya imagen se ha difuminado de su mente.
Buscando entre las empedradas calles y los edificios modernistas de una Barcelona de posguerra, oculta entre una niebla espesa y una lluvia persistente que le confieren una imagen de una ciudad gótica y lúgubre de una novela de misterio decimonónica, encontrará la amistad verdadera en el genial Fermín Romero de Torres. Este sabio encantador de verborrea incontrolable y estómago insaciable, hará las veces de mentor del joven Daniel de cosas mundanas como el amor y la vida gracias a una filosofía de vida siempre puesta en una mirada de esperanza, ganada a pulso por sus duros años de vagabundo. Su otro gran amigo es Tomás Aguilar, un gigantón de aspecto intimidante pero con el corazón de un niño y la mente de un inventor extraordinario. Otro apasionado por la obra del enigmático Carax es otro librero, el anciano caballero don Gustavo Barceló. Un adinerado apasionado del arte de modales refinados de atildado aristócrata que ayudará a Daniel en su investigación sobre el desaparecido autor.
Pero como no todo en la vida es la aventura y la intriga, también hay cabida para el amor. Daniel conocerá los sinsabores de la pasión del primer beso, el anhelo por las caricias perdidas y el dolor del rechazo. Tres mujeres se cruzarán en su vida empezando por su amor platónico Clara Barceló. Sobrina de don Gustavo, ciega de nacimiento y dueña de una belleza casi angelical, gracias a una piel de porcelana y un cabello color miel, harán palpitar el adolescente corazón de Daniel. Luego estará Nuria Monfort. Hija de Isaac, el viejo guardián del cementerio, la conocerá por estar involucrada en la vida de Julián Carax y por ver en ella una mujer derrotada por una vida de sinsabores y dueña de una belleza serena y triste. Y por el último esta Beatriz Aguilar, Bea, la hermana de Tomás. A pesar del poco agrado que le causaba de pequeño a Daniel, conforme vaya creciendo y convirtiéndose en una mujercita de extraordinaria belleza, acabará robándole el corazón.
No solo se cruzarán amigos y amores en su aventura pues Daniel encontrará a la maldad más perversa en la figura del inspector de policía Fumero. Un cruel, cobarde y sádico torturador que ha pasado toda su vida dejando un siniestro reguero de sangre y marcando profundamente al pobre Fermín. Y oculto entre el humo de sus eternos cigarrillos, tras el cual se dejan ver sus brillantes y malvados ojos, está Lain Coubert. Salido de las páginas del libro de Carax, la personificación del diablo acosa a Daniel para que le entregue la novela.
Pero sin duda el personaje capital de la novela es la ciudad de Barcelona. Más que un decorado de fondo, la capital catalana se vuelve protagonista silenciosa del correr de los personajes. La ciudad condal que describe Ruiz Zafón es digna heredera de la Londres de Dickens o la Paris de Víctor Hugo. Una fantasmagórica urbe de calles llenas de alma en pena que deambulan por sus empedradas aceras, soportando el insoportable peso de una posguerra que parece interminable. Daniel y sus amigos recorrerán esta gótica Barcelona envuelta en la neblina en busca de cualquier rastro de Julián Carax, con edificios lúgubres y tristes, como una escalofriante mansión salida de la mente del atormentado Poe, donde entre sus ominosos pasillos ocurrieron terribles sucesos.
Pero el gran refugio donde los personajes pueden aliviar el tormento de sus almas son los libros. El poder que la lectura ejerce es extraordinario, puedo dar fe de ello. Sentarse en un cómodo sofá o tumbarse sobre la cama y dejarse llevar entre las páginas del libro que estemos leyendo es como un conjuro de magia, un viaje fantástico a otro mundo donde podemos vivir en nuestras carnes las aventuras, los miedos, las alegrías, el amor y las tristezas de los personajes con los que nos encariñamos. Daniel comprende, a base de poner en peligro su propia vida varias veces, el tremendo poder que tiene la palabra impresa. Porque no son solo historias entretenidas con las que pasar el tiempo. Son trozos del alma de sus autores que desprenden sobre el papel y al hacerlo establecen un vínculo irrompible los lectores y que puede dura eternamente. Las personas y los imperios desaparecen sucumbidos por el inexorable paso del tiempo, pero siempre quedarán los libros.
He de decir que iba con pies de plomo con la novela, pues tenía miedo de que las expectativas fueran demasiado altas y me decepcionará su lectura. Pero no ha sido el caso. He disfrutado muchísimo con la historia que escribió el malogrado Carlos Ruiz Zafón demostrándome porque años después de su publicación, allá por el lejano 2001 y tras la muerte de su autor, sigue siendo un clásico incontestable de las letras modernas españolas. Ni globo hinchado por la publicidad ni elogios exagerados. Señores estamos ante un novelón con mayúsculas.
Una historia de intriga, misterio y aventuras, hija heredera de las grandes historias literarias, con personajes que son ya parte del imaginario literario patrio, todo ello envuelto en una escritura deliciosa como muy pocos autores tienen hoy día, porque Ruiz Zafón tenía un talento especial para narrar sus historias, con un lenguaje entre la literatura popular y la culta creando un estilo encantador que por momentos me dejaba maravillado. Así que todo lo dicho al principio de la reseña se ha esfumado y puedo decir que ha sido una de las mejores lecturas del año.
Y por último está lectura tiene un componente sentimental pues la edición que yo tengo, del año 2006, fue comprada por una tía mía a la que me unía un vínculo muy especial y que por desgracia murió a los dos años sin poder leer la novela. Así que la reseña va para ella. Espérame en el cielo junto a los abuelos.

Comentarios
Publicar un comentario