El mesías de Dune, Frank Herbet
"Paul notó la boca seca. Olió por unos instantes el humo de un futuro devastado, y oyó cómo la voz de otro tipo de visión le ordenaba retirarse... retirarse... retirarse. Las visiones proféticas habían sondeado la eternidad desde hacía mucho tiempo, captando retazos de idiomas desconocidos, escuchado piedras y carnes que no eran las suyas. Desde el día de su primer encuentro con la terrible finalidad, había observado una y otra vez el futuro con la esperanza de encontrar la paz.Tras una larga ausencia vuelvo a viajar al planeta Dune, hogar de un vasto desierto inabarcable donde el joven Paul Atreides llegó junto a su familia para hacerse cargo de la colonia más grande del melange, la apreciada y muy cotizada especia en el universo, pero tras una serie de sucesos dramáticos, aquel muchacho lleno de visiones proféticas y que quedó prendado de la cultura de los Fremen, una tribu de moradores de las arenas cuya cultura mística coloca al agua como un preciado don, encontró el amor junto a la Fremen Chani y al vencer a sus enemigos acabó alzándose con el trono del universo.
Toda esta historia fue narrada por el gran maestro de la ciencia ficción Frank Herbet en su primera novela Dune, y magistralmente trasladada al cine por el grandísimo director Denis Villeneuve en Dune: parte 1 y Dune: parte 2. Ahora, tiempo después de haberla leído y como a finales de este año se estrena la última película de la trilogía, le tocaba el turno a la segunda novela de una de las sagas más importantes de la ciencia ficción. Y ha sido una buena experiencia. Sin más os presento: El mesías de Dune de Frank Herbet. ¡¡Aviso de posibles spoilers!!
Han pasado doce años desde que el joven Paul Atreides, último descendiente de la Casa Atreides, se alzó con el trono imperial tras derrotar a la casa rival de los Harkonnen y destronar al anterior emperador obligando a su hija a casarse con él como rehén. Tras eso se ha desencadenando una cruenta guerra en todo el universo, una Yihad religiosa que ha llevado la religión Fremen a todas partes y colocado a Paul Muad'Dib, el mesías y dios de los Fremen como dueño y señor de la vida y la muerte. Pero entre bambalinas se está cociendo un complot contra el dios emperador.
Una conspiración se preparará en las sombras para destruir a Paul Muad'Dib y hacerse con las riendas del imperio y el lucrativo negocio de la especia. Conformado por la reverenda madre Bene Geserit, Irulan la princesa consorte de Paul, Scytale, un siniestro bailacaras tleilaxu, varios Fremen y Edric un navegante de la Cofradía espacial, idearan un plan para chantajear al emperador con la resurrección de Duncan Idaho, viejo amigo y maestro de Paul muerto en la guerra con los Harkonnen, en su forma ghola llamado Hayt.
Pero Paul tendrá que enfrentar a un destino más difícil gracias a las constantes visiones proféticas que lo atormentan. Paul intentará luchar contra el rol de mesías que le han impuesto sacrificando aquello que más quiere, interfiriendo en los planes de un futuro que le habían diseñado siglos antes de su nacimiento. Y luego estará la búsqueda de un heredero. Su amor inagotable por Chani, la chica Fremen de la que se enamoró en la primera novela, será el único consuelo que de descanso a su alma atormentada, mientras lucha por sobrevivir a las intrigas políticas y los complots entre bambalinas que le acechan.
El mesías de Dune sigue demostrando porque Herbert es uno de los más grandes autores de ciencia ficción. De menor extensión que su predecesora y centrada más en las tribulaciones de Paul y la conspiración en su contra, bien es cierto que sacrifica el elemento épico de la primera por un ambiente más político/filosófico, Herbert deja atrás la guerra entre casas y la descripción del fascinante y árido Arrakis, para volver la novela más melancolía, donde una nube negra de dolor y tragedia sobrevuela todo el relato.
Paul ya no ese héroe que aceptó su destino, adaptándose a la cultura del desierto y asumiendo su papel como Lisal' Gaib, el mesías prometido a los Fremen, que consumó su venganza contra sus enemigos por la muerte de su padre Leto y encontró el amor entre los brazos de su adorada Chani. Poco queda de aquel intrépido muchacho que logró domar a uno de los gusanos de arena más grande y se hizo con la corona del imperio galáctico. Ahora nos encontramos con un hombre madurado al fragor de una Yihad que se la ido de las manos, llevando la muerte y el fanatismo a todos los rincones del universo. Sus hombros han tenido que soportar una carga demasiado pesada que ha convertido su ánimo más sombrío y gris.
Su principal obsesión es convertir el árido y seco Arrakis en un vergel paradisíaco, donde el agua y la vegetación inunden el planeta. Para ello llevará una radical política ecológica.
Pero no tendrá que soportar solo el peso de un destino inmerecido. A su lado, junto a su amada Chani, estará su hermana Alia. Fruto de las manipulaciones genéticas Bene Geserit y de la ingestión de un líquido Fremen por parte de su madre, Alia nació con una capacidad de presciencia extraordinaria, convirtiéndola en la Bene Geserit suprema. Temida como una bruja, ella será la principal evangelizadora del culto de su hermano, erigiéndose en su honor un templo donde miles de personas acuden cada día a presenciar una ceremonia religiosa. Ella mantendrá una relación de cierta cercanía con tensión sexual hacia el ghola Hayt, el cuerpo resucitado del guerrero y amigo Duncan Idaho.
Herbert vuelve a desplegar una escritura poética espléndida, volviéndose más melancólica y triste alejada del tono épico de la primera. El peso de la culpa por una guerra genocida, la sombra de una conspiración, la utilización de la religión como excusa para la guerra y la asfixiante atadura de un destino indeseado son los principales temas de la novela, siguiendo la estela del Bardo inmortal que la han convertido en una de las mejores sagas del género y una de mis mejores lecturas. Deseando estoy por ver cómo traslada la novela a la gran pantalla Dennis Villeneuve en su película. ¡Salve Arrakis!

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