Legado en los huesos, Dolores Redondo
"Se quedó helada mientras releía una y otra vez los datos. Nacida en Berroeta, un pequeño pueblo de poco más de cien habitantes que estaba a escasos doce kilómetros de Elizondo y que desde luego pertenecía a Baztán. La certeza del descubrimiento casi la mareó. Suspiró, liberada de la presión que había acumulado en las últimas horas y miró alrededor buscando en el silencio de la sala vacía a alguien con quien compartir su hallazgo y su desasosiego, porque lejos de sentir alivio al ver su sospecha confirmada, era consciente de que el abismo que tanteaba había estado allí todo el tiempo, que no lo era menos cuando no sabía de su existencia, pero ahora cobraba visos de una realidad ardiente y palpitante que clamaba desde el suelo, mezclada con la sangre de las víctimas, y que no dejaría de hacerlo hasta que desentrañase la verdad. Sabía ya que no sería fácil, pero lo haría, aunque para ello tuviese que cavar en el mismo infierno y vérselas con el demonio, que como parte de un juego había llamado su atención escribiendo por las paredes el nombre de una bestia que se comía a los pastores, a las doncellas, a los corderos, carne de inocentes"Una de las cosas que hacen grande a las sagas de novela negra es que la siguiente entrega es un más y mejor. Si la primera novela es una toma de contacto donde presentar a los personajes, sus vidas y sus personalidades, en el entorno donde se mueven y el primer caso que pondrá a prueba sus habilidades policiales para detener al asesino o asesinos, la segunda suele tener algo más de libertad para plantear una trama mucho más enredada y trepidante donde envolver a los personajes y dejando al lector con ganas de más, cuyo deseo es concedido con una tercera entrega apoteósica y explosiva que cierre con broche de oro la historia.
Dolores Redondo ha seguido al pie de la letra está regla del género con la segunda parte de su Trilogía del Baztán, donde los acontecimientos de la primera novela se vuelven más turbios y peligrosos, en una sucesión de muertes extrañas que desencadenarán una tormenta terrible sobre la inspectora Amaia Salazar, envolviéndola en una tela de araña asfixiante donde los fantasmas del pasado volverán para atormentarla en su momento más dulce. Una lectura increíble que la ha convertido en una de mis sagas favoritas. Con mucho gusto os presento: Legado en los huesos de Dolores Redondo. Aviso de posibles spoilers.
Tras meses agónicos por la imposibilidad de ser madre, la felicidad irrumpe en la vida de la inspectora Amaia Salazar al quedar embaraza sorpresivamente de su marido James. Los meses de embarazo serán los más felices de Amaia, anhelando acunar entre sus brazos a su hijita. Cuando nazca habrá otra sorpresa, lo que en principio iba a ser una niña acaba naciendo un varón al que nombran Ibai. Amaia vivirá los primeros días de vida de hijo con la sobreproducción de las madres primerizas, sufriendo cada llanto en carne propia y convirtiendo cada toma en un ritual madre e hijo donde ni el mismísimo demonio pueda romper el vínculo creado en el acto de alimentar a su hijo a través de su pecho.
Pero el mundo sigue girando y está apunto de empezar el juicio del asesinato de la joven Johana Márquez, una de las muertes que investigó en la primera novela. Adjudicado en un principio al basajaun, se demostró que detrás del crimen estaba Jasón Medina su padrastro. Este monstruo empezó a tener deseos asquerosos hacia su hijastra, hasta llevarla al bosque matarla y violarla. Cuando todo está listo para que comience la vista todo da un giro inesperado. Jasón Medina de ha suicidado y ha dejado una nota para la inspectora Salazar con una sola palabra: "Tarttalo". Esto será el pistoletazo de salida a una novela vertiginosa que llevará a Amaia y su equipo a investigar una serie de suicidios inquietantes y sin ninguna relación aparente donde la palabra Tarttalo será un elemento común. A esto se unirá otra investigación de una serie de profanaciones en una iglesia de Elizondo donde el doctor Sarasola, un prestigioso psiquiatra y hombre del Vaticano, pedirá la colaboración de la inspectora Salazar y tendrá un especial interés en el caso de Rosario, la cruel y enferma madre de Amaia.
Legado en los huesos es otra prueba palmaria de que el dicho de segundas partes nunca fueron buenas es más falso que cualquier palabra salida de la boca de un político. Dolores Redondo sube la intensidad del thriller en un viaje a un profundo pozo al que la inspectora Salazar se verá sumergida y del que casi le cuesta la vida para salir de él.
Aquí veremos a la inspectora más vulnerable y al mismo tiempo fuerte. Vulnerable porque el caso la ira arrastrando a mismo corazón del terrible trauma que la atormenta, relacionada con su madre, y fuerte pues su motor de vida a tomado la forma de su pequeño Ibai. Su bebé será el aliento que la empuje a enfrentarse al mismo demonio para mantener a salvo lo que más ama. Por otro lado su relación con su marido James tendrá momentos de zozobra y dudas, sobretodo cuando aparece en escena el juez Javier Markina.
Al igual que con el basajaun en la primera novela, el folklore vasco-navarro vuelve a tener un protagonismo clave en la historia. Su el primer asesino de le dio el nombre de la criatura noble que guarda el bosque, en esta lo que aparece es un monstruo temible. El Tarttalo es el nombre dado a un gigantesco cíclope que recorría los montes navarros devorando a los pobres incautos que tenían la mala fortuna de cruzarse en su camino. Cómo señal de advertencia, el Tarttalo coloca los huesos de sus víctimas en la entrada de su cueva, macabro recordatorio de lo que te puede pasar si entras en sus dominios. También se habla de los mairu-beso, o brazo de mairu que eran los niños muertos sin bautizar. Estos pequeños bracitos eran utilizados según las leyendas como antorchas para que los habitantes de las casas donde se enterraban los cuerpecitos, pues al no haber recibido el agua del bautismo la Iglesia no permitía su entierro en suelo sagrado, y así alumbrar la noche que sus habitantes duerman al calor de su luz.
Y qué decir del impresionante paisaje del Valle del Baztán. El inmenso bosque verde rodeado de frondosos árboles, cubierto de un inclemente cielo grisáceo preñado de gruesas nubes que revientan en terribles e interminables tormentas, de rayos que iluminan el valle con sus estruendosos truenos que retumban en la tierra, es un paraje de cuento, macabro y terrorífico, acogedor y maternal. Y reinando sobre este bucólico enclave el río Baztán, señor del valle que inundan las empedradas calles y las pocas casas de Elizondo que sobreviven a sus terrible cauce.
He quedado más que encantado con esta segunda parte. Dolores Redondo ha construido una trilogía espectacular incorporado al género elementos mitológicos/folklóricos a la historia, lo que la convierte en algo único y maravilloso. Y como referente del género en español, la autora sabe perfectamente como manejar los engranajes de la narración, con cada capítulo terminando con un nuevo giro o sorpresa que invita a la lectura, despertando la curiosidad del lector haciéndole desear saber más y cuando te quieres dar cuenta, como en mi caso, ya llevas más de la mitad de la novela. Y como dije en la anterior reseña, la escritura es de una calidad literaria excepcional. Solo me queda decir que estás dos novelas me han descubierto a una grandísima autora y las ganas por terminarla son enormes.
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