El Guardián Invisible, Dolores Redondo
"Amaia miró las manos de la niña, que, extendidas en un ominoso gesto de entrega, se abrían a los lados de su cuerpo expoliado; la mano izquierda casi tocaba el agua, su pelo rubio y largo le llegaba hasta la cintura y los grandes ojos verdes presentaban una fina película blancuzca que los velaba como vaho. Su belleza en la muerte, la plástica casi mística que aquel monstruo había ideado, lograban su efecto. Por un momento había conseguido arrastrasla a su fantasía distrayéndola del protocolo, y fueron de nuevo los ojos de la princesa los que la trajeron de vuelta, aquellos ojos nublados por la niebla del río que aún así clamaban pidiendo justicia desde el lecho del Baztán con el que a veces soñaba en sus noches más oscuras".Una de las cosas que más me fascina de la novela negra es como los autores convierten las ciudades donde trascurre la historia en algo más que un escenario bien definido y reconocible para el lector. Les dan vida propia y se convierten en personajes más de la novela, un personaje silencioso testigo del horror y la muerte y de la carrera contrarreloj para parar el mal que acecha a las víctimas.
Normalmente suelen ser grandes capitales llenas de enormes edificios y carreteras infectadas de coches, junglas de hormigón, asfalto y contaminación. Pero está vez la primera novela de una trilogía nos traslada a lo más profundo de la Navarra más rural. Un pequeño pueblo anclado entre enormes y frondosos bosques verdes por la incansable lluvia, cubierto por un cielo oscuro y triste. Una aldea donde lo real y lo mágico se dan la mano, con el río Baztán es el silencioso guardián de viejas leyendas en las que abundan criaturas míticas que se ocultan del ojo humano entre el musgo y la piedra. Pero hay algo maligno, diabólico, salvaje que está cazando a niñas para matarlas, como un lobo feroz salido del cuento, y la inspectora Amaia Salazar y su equipo deberán internarse en ese mundo frontera con la leyenda para acabar con los asesinatos. Un principio espectacular de una de las mejor valoradas trilogías de novela negra española actual. Con mucho gusto os presento: El guardián invisible de Dolores Redondo.
En los márgenes del río Baztán aparece el cuerpo de una chica. El cuerpo está desnudo, con la ropa destrozada al lado, las palmas de las manos hacia arriba y el asesino le ha rasurado el vello pubico. La inspectora de la Policía Foral de Navarra Amaia Salazar será la encargada del caso a ver similitudes con otro crimen ocurrido meses antes. Como la chica es de Elizondo, la inspectora Salazar y su equipo de trasladarán al pueblo del que es natural la inspectora y del que hacía tiempo que había huido para dejar atrás los fantasmas que la atormentaban. Pero cuando vuelva a poner un pie en Elizondo, todos esos malos recuerdos y las terribles pesadillas que creía olvidadas volverán para atormentarla, juntándose una cartera frenética para detener a un asesino que se oculta entre los frondosos bosques al que la prensa da el ominoso nombre del basajaun.
Este personaje salido del folklore vasco-navarro representa una criatura mítica con forma de un hombre de grandes dimensiones, el cuerpo cubierto de vello espeso y largo, que se dedica a cuidar de los bosques y en tiempos a proteger los rebaños de los pastores durante la noche y ante la amenaza del lobo producía un tremendo silbido que despertaba a los pastores y que se podía oír a kilómetros de distancia. El propio nombre en euskera, basajaun, es literalmente "señor del bosque".
Porque una de las principales bazas de la novela es la incorporación de la mitología vasca, atesorada durante siglos por la tradición popular en la que los profundos, fríos, frondosos y verdes bosques del Norte esconde criaturas míticas. Hadas de largas cabelleras, las sorgiñas, las brujas vascas, Olentzero un viejo y amable carbonero que lleva regalos a los niños a modo de Papá Noel occidental, Mari la diosa madre que la tradición cristiana configuró como la Virgen María y el benigno y noble basajaun que guarda los bosques.
Amaia Salazar, una policía formada en Pamplona y especializada en perfiles criminales al trabajar para el FBI durante una temporada, tendrá que lidiar con el peso de la superstición que impregna el lugar y demostrar que el monstruo que acecha y mata a chicas no es una criatura salida de los cuentos que narraban las abuelas, no es más que un desalmado asesino.
La inspectora Salazar no lo tendrá todas consigo. Levantado suspicacias (incluso alguna envidia) entre algunos de sus compañeros por su alta capacidad, pondrá todos sus conocimientos de perfilación para cazar al escurridizo asesino contando con la estimable ayuda del subinspector Jonan Etxaide y el forense doctor Jorge San Martín. Menos colaborativos pero igual de eficaces también estarán el inspector Fermín Montes y el subinspector Zabalza.
Pero no solo atrapar al asesino y detener el reguero de cadáveres a su paso serán los dolores de cabeza de la inspectora Salazar pues con solo volver a pisar Elizondo, su pueblo, todo aquello de lo que huyó volverá para atormentarla. Salazar, como buena detective de novela negra moderna, es un personaje atormentado. Si teníamos a Elena Blanco destrozada por una perdida o a Indira Ramos consumida por mil fobias, Amaia Salazar será un profundo y escalofriante trauma el que vuelve a despertar al volver a su lugar de origen. Hija de una exitosa familia de reposteros navarros, famosos por sus mantecados, en Elizondo volverá a encontrarse con sus hermanas, la triste y dolida Ros por un mal matrimonio y la estricta y malhumorado Flora quién dirige con mano de hierro la empresa familiar. También se reencontrará con la maravillosa tía Engrasí, la mujer que la crío cuando tuvo que salir de su casa por los problemas con su madre. Pero no irá sola a Elizondo pues la acompañará su marido James, norteamericano y escultor de éxito que será la tabla de salvación y el refugio de Amaia, quien buscará calmar sus miedos y preocupaciones entre sus brazos pero entre ellos habrá una pequeña disputa por la dificultad para ser madre de Amia.
Pero el despertar del horror en Amaia será cuando recuerde su relación con su madre. Amaia siente pavor con solo pensar en Rosario su madre. Una mujer enferma que parece tener una extraña fijación por hacer daño a Amaia, irá volviéndose cada vez más terrible cuando ocurra un incidente violento que casi acaba con la vida de Amaia cuando era niña, cosas que hizo que tuviera que salir de su casa e irse a vivir con su tía.
Amaia tendrá que luchar contra el atroz trauma que la tortura para que no sea un impedimento para la investigación y para ello se colocará una coraza que no dejará salir todos esos malos recuerdos, cosas que será perjudicial para ella en algún momento de la novela.
El guardián invisible es una de las novelas más hermosas que leído en mucho tiempo. Dolores Redondo consigue transferir al relato una narración bellísima, con frases en algunos momentos poéticas, que convierten una historia policíaca de asesinos en un cuento perverso. El entorno mágico y mítico de los bosques, con el cielo encapotado y la sempiterna lluvia que cala los huesos y el Baztán como rey silencioso del paisaje transfieren un aura de ensueño casi pesadillesco irreal y fantástico. A diferencia del tono más sobrio, casi como un guión cinematográfico de las novelas de Carmen Mola o Santiago Díaz, Redondo escribe con frases preciosas que
Las criaturas mitológicas y las viejas historias aún viven ocultas entre el follaje y el musgo, recuerdo eterno de que el paso del tiempo no consigue borrar, aún palpita incorruptible a la modernidad que no traspasa los límites del vetusto y ancestral bosque. La irrupción del basajaun maligno parece despertar esas fuerzas atávicas que influenciarán en Amaia y su investigación para intentar detener la profanación del bosque con esos espantosos y abominables crimines.
Tenía unas ganas enormes de leer la trilogía del Baztán y ya con esta primera novela he quedado maravillado y con ansias de seguir leyendo las dos siguientes partes.

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