Retorno a Ítaca, una relectura de la Odisea, Homero


"Habla, Musa de aquel hombre astuto que erró largo tiempo 
después de destruir el alcázar sagrado de Troya,
del que vio tanto pueblos y de ellos su espíritu supo, de quien tantas angustias vivió por los mares, luchando por salvarse y salvar a los hombres que le acompañaban; más no pudo, ¡ay!, salvarlos, no obstante el esfuerzo hizo.
¡Insensatos! La muerte a sus propias locuras debieron. Se comieron las vacas del Sol, Hijo de las Alturas, que apartó de sus vidas el feliz retorno. Diosa, hija de Zeus, cuéntanos parte de su andanzas".
Odisea.




La civilización occidental y la literatura europea se sustentan sobre dos hombres que, siglos después de que los aedos recitarán sus hazañas después de los banquetes en los palacios de las Polis al son del dulce sonido de sus cítaras. Una de ellas cuenta la cólera del más grande de los héroes aqueos, Aquiles, la cual, con gran pena en el alma, tengo pendiente. Pero la segunda la leí hace años cuando comencé a ser un adicto a la letra impresa y fue algo farragoso para un primerizo.

Coincidiendo con el inminente estreno de una nueva adaptación por parte de uno de los mejores directores de la actualidad, y de mis favoritos, Cristopher Nolan, decidí releerla al comprar una nueva edición preciosa, y ha sido una gran experiencia. He podido disfrutar del viaje más impresionante de la literatura, padre de todas las historias que vinieron después, pues nada hubiera sido igual sin el retorno a su hogar de Odiseo, o como se le conoce universalmente gracias a los romanos Ulises. Preparaos para un viaje sin igual, donde mortales y dioses se mezclan en aventuras increíbles llenas de criaturas mitológicas y héroes asombrosos. Con sumo gusto os presento: una relectura de La Odisea de Homero.

La historia se centra en la vuelta del héroe Ulises a Ítaca su hogar tras participar en la sangrienta guerra de Troya. De él se cuenta que fue quién ideó la táctica del Caballo de Troya que inclinó la balanza a favor de los aqueos. Tras la victoria cada mochuelo volvió a su olivo, pero para Ulises y los suyos no fue un viaje plácido por mar. 

El poema empieza con la desolación que reina en Ítaca por la ausencia de su rey. Penélope, su abnegada esposa languidece por la desazón de no saber que es de Ulises, si está vivo, malherido o pudriéndose en las aguas más profundas del reino de Poseidón. Para más inri una banda de buitres gorrones en forma de pretendientes están saqueando las despensas del palacio aprovechando la ausencia de Ulises, mientras aguardan que Penélope elija a uno como marido devoran y beben como animales. Telémaco, el hijo de Ulises, hastiado de la situación que vive su hogar, de la humillación que sufre su madre ante el hostigamiento de los pretendientes y dolido por la larga ausencia de su padre, decide embarcarse para intentar dar con alguna noticia del rey de Ítaca. Amparado por la diosa Atenea, protectora de su padre, se echará a la mar con la amenaza de Antínoo, líder de los pretendientes. 

Lo que no sabe es que Ulises está retenido en una isla por la ninfa Calipso. La diosa ama con locura al mortal y le regala los oídos con promesas de la inmortalidad. Pero Ulises, tras largos años de batallas, viajes y penurias, su alma solo ansia el retorno al hogar junto a su esposa y su hijo. Pero paga las consecuencias de haber ofendido al poderoso señor de los mares Poseidón, que lo castiga con no poder regresar a Ítaca. Pero gracias al amparo de Atenea, quien pide benevolencia al todopoderoso Zeus, señor del Olimpo, para que acabe el tormento de Ulises. 

Aquí el poema da la palabra al propio Ulises tras salir de la isla de Calipso y arribar en la tierra de los feacios, cuyo rey Alcínoo y su hija Nausícaa escuchan el relato del náufrago. Tras la victoria aquea en Troya, los combatientes retornan a sus hogares. Pero el viaje de Ulises y sus hombres se convertirá en una sucesión de aventuras y desventuras. 

La tierra de los lotófagos, gentes que comen una planta que causa desmemoria. Los cicones, terribles gigantes que destrozaron muchos barcos de la expedición y mataron muchos hombres de Ulises salvando su único barco. El encuentro con Eolo, dios de los vientos que les entregó una bolsa llena de sus hijos y que por culpa de la curiosidad de sus hombres casi les cuesta la vida. La llegada a la isla de la hechicera Circe, que trasformó a la tripulación de Ulises en cerdos, el paso por la isla de las sirenas, criaturas malvadas con forma de pájaro y cabeza de mujer cuyo seductor canto cautiva a los incautos marinos para llegar a ellas y morir de forma horrible. Ulises movido por la curiosidad dará orden a sus hombres para que se tapen los oídos para no oír el funesto canto y que lo aten a al mástil para que el pueda escuchar a la sirenas. El peligroso paso por el estrecho de Escila y Caribdis, dos espantosos monstruos marinos que devoran a los desgraciados que tienen la mala suerte de cruzar sus turbulentas aguas. Y un viaje por los oscuros reinos de Hades, la tierra de los difuntos, donde se encontraron con nobles personajes como la madre de Ulises, el adivino Tiresias o héroes como Aquiles o Heracles. 

Pero los dos acontecimientos que mayor dolor causarán a Odiseo, uno por su arrogancia y el otro por la desobediencia de sus hombres serán el encuentro con el cíclope Polifemo y la matanza de las sagradas vacas de Helios. Tras encontrar una cueva donde hay abundancia de comida, bebida y animales vivos, Ulises y sus hombres dan buena cuenta del tesoro. Lo que desconocen es que todo aquello es de Polifemo, un gigantesco cíclope de un solo ojo. El monstruo los sorprende y devora a varios hombres de Ulises. Este, inspirado por su gran astucia, comienza a adular al cíclope con palabras bellas para que no siga devorando a sus hombres. Como ha cerrado la cueva con una enorme piedra, sabiendo que ellos solos no podrán salir de la cueva, Ulises, quien se presenta ante el gigante como Nadie, le ofrece un vino extraordinario que lo emborracha hasta un sueño profundo. Afilando una enorme estaca consiguen cegar a Polifemo, el cual desesperado quita la piedra y grita que Nadie lo ha cegado. Ulises y su tripulación huyen agarrados al vientre de las enormes ovejas para no ser descubiertos por las manos del cíclope. Una vez en la embarcación, Ulises se envalentona y grita al ciego Polifemo que fue Ulises quien lo cegó.

Y el otro ocurre cuando los desperados compañeros de Ulises le ruegan parar en la isla del dios del sol Helios. A pesar de las advertencia Ulises accede y arriban en la isla. Ulises hace prometer a sus hombres que no deben tocar el sagrado ganado del divino conductor del astro rey, pero estos hambrientos y casi desfallecidos matan y consumen las divinas reses. Estos dos actos blasfemos provocan la ira de los dioses, Poseidón ofendido por el maltrato a su hijo Polifemo, el cual maldice a Ulises a no poder regresar a Ítaca en mucho tiempo, y la matanza de las reses hace que Zeus lanze su poderoso y terrible rayo contra la nave de Ulises, haciéndola naufragar matando a los pocos tripulantes que quedaban y haciendo que Ulises sobreviva en una balsa que lo lleva a la isla de Calipso. 

Tras contar su historia, Ulises deja la tierra de los feacios y llega hasta su hogar. Pero antes de descubrirse a su familia, ve el estado en el que está su hogar, e inspirado por su astucia y con la protección de Atenea, la que lo trasforma en un harapiento vagabundo, trazará un plan para recuperar su hogar y vengarse de los malnacidos pretendientes. Para ello tendrá la ayuda de su hijo Telémaco, quien ha vuelto de su viaje y sobrevivido a una trampa de los pretendientes, y Eumeo, un humilde y fiel porquero y Euriclea, la anciana jefa de las sirvientas. Uno de los momentos más enternecedores del regreso de Ulises es cuando en las puertas de su palacio se encuentra con Argos, su fiel perro. El pobre can descansa sus ancianos huesos en el suelo, pues se ha consumido ante la ausencia de su amado amo. Mientras Ulises lo observa disfrazado de pordiosero con lágrimas disimuladas, el perro mueve con dificultad su huesudo rabo en señal de reconocimiento de su amo y muere. 

La Odisea es la madre de toda la literatura. La historia cantada por el misterioso rapsoda ciego Homero definió el relato épico gracias a las aventuras de Odiseo o Ulises en su retorno al hogar. El viaje como destino, lleno de pruebas y dificultades, el héroe atormentado que sufre los envites del destino sin renunciar jamás, dioses y monstruos que conforma un paisaje mítico maravilloso y la lucha incesante contra el destino fatal.

No habría huida de Troya por parte de Eneas sin Homero, no habría viaje al más Allá de Dante sin Odiseo, no hubiéramos tenido las aventuras de don Quijote y Sancho sin Telémaco, ni el vagabundeo de un moderno Ulises por Dublín sin Penélope. Homero, creamos que fue el ciego rapsoda quién cantó las aventuras de Ulises, fue el padre sin pretenderlo, junto a la ira de Aquiles, de la literatura occidental. Todos los héroes de ficción que vinieron con el tiempo han seguidos los pasos del rey de Ítaca en sus odiseas personales, sufriendo, luchando, sorteando los obstáculos que encontrarán en sus viajes. 

Ulises es un héroe con muchas virtudes y defectos. Genial general en la guerra se le atribuye a su astucia la estratagema del Caballo de Troya, ingeniosa artimaña que ayudó a decantar la balanza de la guerra a los aqueos. Una vez finalizada la contienda los supervivientes solo ansían una cosa, volver al hogar. Ulises no es ajeno a esta morriña por la tierra dejada tantos años de lucha. Pero lo que no esperaría es que su retorno sería tan accidente.

Gracias a su astucia, siempre activada por la ayuda divina de la diosa Atenea, logra sacarlo a él a sus hombres de los innumerables contratiempos que encontrarán por el camino. Ideas como emborrachar al cíclope para cegarlo, que sus hombres se agarren al vientre de las ovejas para escapar de la cueva del monstruo entre otras serán de gran ayuda. Pero en cuanto acaba la astucia entra en escena su enorme arrogancia. Ulises viniéndose arriba da rienda suelta a su ego y se convierte en un bocazas, como cuando se descubre ante Polifemo un vez huidos causando la maldición del dios del mar. 

Pero también si hay cualidades que lo ennoblecen son sin duda, a parte de su astucia, su gran capacidad de aguantar con fortaleza de espíritu todo lo que tiene que soportar durante su viaje. Otros más débiles hubieran desistido ante todos los contratiempos que sacuden la embarcación de Ulises y sus hombres, y hubieran preferido morir ahogados antes de soportar tanta adversidad junta. Pero no Ulises. El rey de Ítaca está hecho de otra pasta más resistente. Nada lo achanta. La perdida de amigos y fieles compañeros, los años de infatigable viaje, los momentos donde casi pierde la vida. Ni siquiera las promesas de amor e inmortalidad que le ofrece la hermosa Calipso le hacen perder su verdadero rumbo: volver a su hogar junto a su esposa y su hijo. 

Lo maravilloso del poema es esa convivencia entre el mundo del hombres y de los dioses. En el mundo cantado por Homero los Olímpicos no son divinidades ociosas que pasan la eternidad en las cumbres observando a los mortales. Aquí el padre Zeus dueño del rayo, Atenea la de ojos claros y Poseidón que agita la tierra interactúan directamente, participan de la acción, sobretodo Atenea la cual se presenta ante Ulises o Telémaco trasformada para ocultar su naturaleza divina. El ancho mar oculta criaturas mitológicas temibles y peligrosas, seres mitológicos que producen espanto, como el gigantesco cíclope Polifemo, los terribles monstruos marinos Escila y Caribdis o las siniestras sirenas. Los mitos eran reales para los griegos pues eran parte de su religión y lo desconocido que oculta el basto mundo produce los monstruos y seres fantásticos que pueblan las islas por las que pasan Ulises y sus hombres. 

Una obra clásica que ha inspirado por siglos a innumerables historias herederas del agónico viaje de Ulises a su hogar demostrando porque es la base que sostiene la cultura occidental. Como nota final diré que he visto la versión que Christopher Nolan a llevado a la gran pantalla quedando completamente asombrado por la extraordinaria película que ha dirigido, demostrando que la Odisea, años después de que el ciego rapsoda Homero cantará sus versos acompañado de su lira, sigue más viva y actual que nunca, y porque Nolan es uno de los mejores directores actuales. 



Homero (siglo VIII a. C.)

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