Cuchillo, Salman Rushdie

"Según lo publicado por la prensa, el ataque duró veintisiete segundos; en veintisiete segundos —si uno es de mentalidad religiosa— puede recitar entero el padrenuestro. O, pasando de la religión, se podría leer en voz alta un soneto de Shakespeare, el que habla de un día de verano, quizá, o bien mi preferido de todos ellos, el número 130: «No son soles los ojos de mi amada». Catorce versos de pentámetros yámbicos, octava y sexteto; es lo que duró ese momento de intimidad que compartimos el A. y yo y que no volverá a repetirse. «Intimidad entre desconocidos». Es una expresión que he empleado a veces para describir esa cosa jubilosa que acaece en el acto de leer, esa feliz unión de las respectivas vidas interiores de autor y lector.
Pero en esta otra unión no hubo asomo de dicha. O quizá la hubo para el A. No en vano había dado con el blanco que buscaba; el filo del cuchillo penetraba, repetidas veces, en el cuerpo del blanco, y el agresor tenía motivos sobrados para pensar que su empeño se había saldado con éxito y que se hallaba en el escenario de la historia por haberse convertido en el hombre que hizo realidad una amenaza de décadas atrás.
Sí. Yo me inclinó a pensar que él seguramente se sintió feliz durante nuestro breve encuentro íntimo.
Pero luego me lo quitaron de encima y lo inmovilizaron. Veintisiete segundos de fans y se acabó. El A. volvía a ser un don nadie".
Cuchillo.




El novelista Salman Rushdie, tras años escondido y escoltado por la amenaza de muerte tras la fetua promulgada por el ayatolá Jomeini como consecuencia de la polémica generada por la publicación de su novela Los versos satánicos, por fin pudo gozar de su libertad robada. Mudado a los Estados Unidos donde obtuvo la nacionalidad, casado con la escritora Eliza Griffiths y nombrado Caballero del Imperio (sir) por la reina Isabel II, la vida volvía a su cauce habitual. Pero todo dió un giro sangriento cuando en el año 2022, treinta años después de la fetua, fue atacado brutalmente por un fanático religioso mientras daba una conferencia. 

Este suceso que le dejó secuelas conmocionó al mundo y motivó a Rushdie a escribir un libro valiente que desborda las ganas de vivir que el autor fue ganando tras casi perder la vida, enfrentando el odio y la intransigencia con la libertad que proporciona la literatura. Con mucho gusto os presento: Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato de Salman Rushdie.

El 12 de agosto de 2022 Salman Rushdie daba una conferencia en el anfiteatro de Chautauqua, Nueva York, sobre la importancia de preservar a los escritores comprometidos a salvo, cuando Hadi Matar (funesto apellido) se abalanzó sobre el escritor y como una bestia salvaje lo apuñaló quince veces. No dejó de clavar su cuchillo hasta que un grupo de personas se le echaron encima y lograron retenerlo hasta que fue detenido. Rápidamente se traslado en helicóptero a Rushdie a un hospital cercano donde fue operado de urgencia pues su vida corría severo peligro.

Milagrosamente (vocablo que Rushdie no aprobaría) salvó la vida. Graves secuelas le quedaron como recuerdo imborrable del ataque como la falta de movimiento de su mano izquierda y la perdida de su ojo derecho. Rushdie pasó varios meses de dura rehabilitación cuyo motor fue el tremendo amor que recibió por parte de su esposa, sus hijos y familiares, y un total respaldo y respeto por parte de la comunidad internacional que repudió con vehemencia el ataque, a excepción del sanguinario régimen de los ayatolás que lo aplaudió.

Rushdie cuenta que lo le motivó a escribir este libro fue demostrar que el arma más poderosa contra el fanatismo, el odio, la intransigencia y la barbarie es el amor y la valentía que proporciona la literatura, último refugio de la libertad. Durante los duros meses de rehabilitación Salman Rushdie se empapó de un cariño tan grande que desbordó tanto su alma de unas ganas de vivir que lo impulsaron a salir de esta traumática experiencia con la cabeza bien alta, victorioso y triunfante. 

Rushdie cuenta que unos días antes tuvo una horrible pesadilla donde era apuñalado por un gladiador en un anfiteatro romano. Fue una experiencia tan vivida que despertó tan aterrado que le confesó a su mujer la posibilidad de no acudir a la conferencia. Pero al final acudió para desgracia suya. 

En la primera parte titulada "el ángel de la muerte" Rushdie narra el ataque, la convalecencia y la rehabilitación. Durante esos insoportables meses hospitalarios, llenos de dolor y desesperación, siempre tuvo a su lado a la mujer de su vida, su esposa la escritora Eliza Rachel Griffiths. La pareja se conocieron en una fiesta. Cuando Salman la seguía no vio una puerta de cristal con la que se chocó cayéndose de manera estrepitosa y patética a partes iguales. Eliza corrió en su ayuda al verle sangrar y le ayudó a levantarse. Los dos se marcharon en un taxi y fueron a la casa del autor donde pasaron la noche hablando. Desde entonces no se han separado. 

La familia y los amigos también se volcaron con Rushdie. Todo el amor y el cariño que recibió fueron la gasolina que alimentó el motor de supervivencia que lo llevó a saltar este afilado y sangriento obstáculo que le puso la vida. No iba a permitir que este atentado contra su vida mermará sus fuerzas combativas contra todo tipo de injusticias, sobre todo aquellas que limitarán o pusieran trabas a la libertad de expresión de los escritores. El asesino, o como lo llama Rushdie el A., no iba a volver a convertir su vida en un encierro, de nuevo escoltado por policías con su mortífero cuchillo. Si el A. usó un arma blanca para matar motivado por el odio, Rushdie se valdría del amor usando el arma que mejor sabe utilizar: la literatura. 

No solo recibió afecto de sus familiares y amigos. Antes del ataque Rushdie estaba preparando la publicación de su más reciente novela, Ciudad Victoria (apuntada). Tras la convalecencia y la posterior rehabilitación la novela por fin se puso en circulación y fue un éxito. La crítica la alabó como como una de las mejores novelas del autor y el público cumplió con creces comprándola. Algunos podrían decir que la clave del éxito podría estar sustentada en la compasión hacia Rushdie por su ataque, pero la verdad radicaba en qué Rushdie seguía siendo uno de los más brillantes escritores contemporáneos.

La segunda parte la titula "el ángel de la vida". Aquí habla del éxito de la novela. También cuenta la tristeza que le produjo las repentinas muertes de dos de sus más grandes amigos, los novelistas Martin Amis y Paul Auster. Sentía una jugada cruel del destino que mientras el sobrevivía y se llenaba plenamente de vida, la enfermedad consumía de forma inexorable a sus amigos. Esto le hizo pensar en lo caprichoso que es el destino.

El mejor capítulo de esta parte es la conversación imaginaria con su intento de asesino. A diferencia de lo que hizo el papa San Juan Pablo II tras su atentando, que fue entrevistarse con Ali Agca llegando incluso a perdónale (un gesto totalmente esperado para el vicario de Cristo), Rushdie no iba a hacer tal cosa. Cómo buen ateo descreído no iba a tener ningún deseo de perdón o redención para el hombre que casi lo mata. Por un momento rozó la idea de visitarlo en prisión y conversar con él para intentar despejar la incógnita del porqué de su odio hacia él. Pero tras mucho pensarlo decidió que no valía la pena perder el tiempo hablando con ese despojo, pues no iba a sacar nada de un fanático.

Por eso se valió de su arte como narrador para entablar una entrevista imaginaria con el A. Rushdie intenta entender los motivos que lo llevaron a abalanzarse contra un hombre que no le había hecho nada y acuchillarlo de forma salvaje. Durante la conversación ficticia se dan don posiciones antagónicas. Por la lado la actitud agresiva y de confrontación del A. Y por otra la actitud calmada pero contundente de Rushdie. Los argumentos programados por el odio y el fanatismo del terrorista son aplacados por la razón y el pensamiento crítico del autor. El A. escupe desprecio hacia un hombre que no le ha hecho nada personal, odiándolo solo por escribir un libro que tocaba su religión al que confesó solo haber leído unas cuentas páginas. Rushdie intenta comprender como un muchacho tan joven, nacido y criado en occidente, concretamente en Estados Unidos pudo ser contaminado por la interpretación partidista de los fanáticos islámicos, aislándose de su familia y absorbiendo los sermones alucinados de imanes manipuladores y cobardes que envenenan las mentes impresionables de jóvenes perdidos para convertirlos en su armas a distancia, capaces de matar a un desconocido por haber molestado sus creencias. Cómo comprenderéis la conversación no llega a ninguna conclusión y Rushdie decide dejar de visitarla en su cárcel mental dejando una gran reflexión. Los grandes imperios y las dictaduras autoritarias que reprimieron a aquellas voces brillantes y molestas acabaron desapareciendo, pero los nombres de los autores perseguidos y sus obras censuradas perduraron inalterables.

Cuchillo. Meditaciones tras un intento de asesinato es un libro poderoso. Salman Rushdie utiliza la literatura como terapia para salir adelante de uno de los momentos más duros de su vida, y nos regala un alegato a favor de la capacidad de mantener viva la esperanza y no dejarse engullir por el desánimo y la tristeza. Y el fuego que alimentó esas fuerzas que lo llevaron a sobreponerse de este mal trago fue el amor.

Rushdie fue arropado por el amor incombustible de su esposa, sus hijos, familiares y amigos. Si no hubiera recibido tanto apoyo de los suyos seguramente el final de esta historia hubiera sido diametralmente opuesta, cosa que nunca sabremos porque salió adelante. El gran mensaje que pudo extraer del dolor de sus heridas, la impaciencia de los meses de convalecencia y el posible miedo a caer en un trauma, es que el amor es la fuerza más poderoso de la tierra, capaz de mover montañas (sic), una energía tan revitalizante que es capaz de sacar del pozo más oscuro y negro a aquellos que tienen el gozo de recibirlo. 

Rushdie combate a los enemigos de la libertad de expresión y creativa con este pequeño libro. Frente al arma de muerte que utilizó el A. para destruir, el autor de Hijos de la medianoche usa la literatura como arma de creación. De sus heridas saco la tinta para enfrentar intolerancia con tolerancia, intransigencia con entendimiento y odio con amor. Rushdie pasó buena parte de su vida soportando un purgatorio por escribir un libro, años de esconderse por miedo a sufrir daño y cuando parecía que volvía a disfrutar de la libertad que nunca debió perder, se topó de lleno con aquello de lo que estuvo huyendo tanto tiempo. Y para desgracia de su atacante logró salir vivo, mutilado, pero vivo. La perdida del ojo y el movimiento de su mano serán siempre un recordatorio de que nunca dió un paso atrás, defendiendo la libertad por encima de todo.

Este librito valiente y poderoso ha consolidado mi admiración por el autor, verle abrirse en canal mostrándose en su momento más duro, sin miedo a retratar su debilidad e incluso su miedo a morir de forma tan horrible, me ha mostrado un escritor comprometido que defiende sus ideas con uñas y dientes, incluso tras sufrir un atentado. Pero lo que más me ha encantado es ver la reivindicación del poder del amor y como puede ser mucho más poderoso que el odio. Aunque a él no lo vería necesario yo si doy gracias a la Providencia porque esté vivo y poder disfrutar de una de las plumas más grandes de la literatura contemporánea. 



Salman Rushdie (1947-)

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