En el día de hoy, Jesús Torbado

"Mientras las imágenes recién captadas de las mujeres reposaban en la cubeta de ácidos, atada como una cacerola bajo la cámara, el retratista se abrió el cuello de la camisa y se puso a contemplar el bullicio panorama. Todavía recordaba la foto que consiguiera ocho años antes, el día de increíble en que se proclamara en España la II República. Ocho años juntos. Bajo el foco aparecía una masa de cabezas minúsculas, retratadas desde un tejadillo de la Puerta del Sol, y por encima de ellas se adivinaba el aire agitado por los gritos y las emociones.
Ocho años juntos.
Pero todos ellos, especialmente los tres últimos, eran un calendario de muertes, lagunas de sangre, ríos de lágrimas, hambres y sufrimientos, desolación y esperanza. ¿Empezaba ahora a cumplirse aquella larga esperanza? ¿Habían sido aniquilados al fin quienes tan fieramente se oponían a ella? ¿Qué significaba este octavo aniversario? ¿Por qué la Niña Bonita no había logrado hasta ahora crecer y desarrollarse?
—¿Que va a pasar ahora, Ernesto?
—Vamos, amigo, no te preocupes por eso. ¿No ves que huele a victoria? No oyes cómo cantan? ¿ No escuchas los aplausos? La República está viva.
—Muchas veces he visto todo eso —dijo Rubio—. Pero ¿qué va a pasar?"
En el día de hoy.




¿Qué hubiera pasaría si...? Es una de las preguntas más interesantes que se puede hacer uno en la vida. Especular con acontecimientos que nunca ocurrieron, imaginar escenarios alternativos, crear episodios históricos que nunca acontecieron gracias a la imaginación son unos de los mejores temas que la literatura puede ofrecer. Y para eso surge la ucronía. Este subgénero recoge historias alternativas de episodios históricos con acontecimientos ficticios presentando hechos que nunca ocurrieron jugando a con la especulación de la pregunta antes expuesta: ¿Qué hubiera pasado si los nazis hubieran ganado la guerra? ¿El Imperio Romano siguiera existiendo? Tantas posibilidades hay como episodios históricos existen.

Una de mis novelas favoritas de uno de mis autores predilectos imagina un mundo donde el Eje ganó la guerra, Hitler, Mussolini y el imperio japonés se reparten el mundo. Me refiero a la magistral El hombre en el castillo de Philip K. Dick.

Pues de este género he leído una novela que imagina que hubiera pasado si en 1939 quien ganó la guerra civil española no fue Franco y el bando sublevado, si no el gobierno legítimo de la República. Sin más esto es: En el día de hoy de Jesús Torbado.

Madrid, año 1939, en la capital se respira un aire de victoria. El ejercito de la Republica ha vencido a los sublevados, obteniendo una enorme victoria en la batalla del Ebro, gracias a las Brigadas Internacionales y que Francia abrió las fronteras para que entrara el armamento ruso. Franco y su ejército, con la ayuda de los nazis de Hitler y los fascistas de Mussolini han huido junto a un numeroso grupo de falangistas, religiosos, potentados, industriales, intelectuales y todo aquel que haya apoyado al bando sublevado por las posibles represalias del gobierno republicano vencedor. A través de los ojos de Alejo Rubio, un fotógrafo jorobado y de su amigo, el periodista y escritor americano Ernest Hemingway, llamado Ernesto en castellano, que contemplan con orgullo el desfile de la victoria. El nuevo gobierno compuesto por Julián Besteiro como presidente de la República e Indalecio Prieto como jefe del Consejo de Ministros tras el abandono de Manuel Azaña y el doctor Juan Negrin, Dolores Ibarruri la Pasionaria como ministra de Relaciones Exteriores y Rafael Alberti como ministro de Cultura, entre otros, preside la tribuna ante las tropas del Ejército Popular, todo es algarabía y triunfo, las gargantas de los valerosos soldados gritan mientras alzan los puños orgullosos: ¡No pasarán!

Mientras en España parece que todo vuelve a la normalidad los derrotados buscan un lugar donde refugiarse y lamerse las heridas. Francisco Franco, el otrora orgulloso Caudillo e invicto Generalísimo, se ve obligado a olvidarse de sus sueños de aglutinar todos los poderes del estado español en su pequeña y rechoncha personita y liberar a su amada patria de la amenaza del contubernio judeomasoníco-comunista, mientras viaja desde la Portugal de Salazar a la lejana Cuba, donde será acogido por el dictador Fulgencio Batista, él y algunos de sus más cercanos generales y su leal Carrero Blanco siendo su sombra. Algunos de sus colaboradores no le acompañarán como su cuñado Ramón Serrano Suñer, líder de los pocos falangistas huidos a Roma al amparo del Duce, se retirará a traducir obras jurídicas y el general Queipo de Llano uniéndose al ejercito del Fürher. En las sombras los derrotados conspirarán para intentar de nuevo otro golpe que acabe de una vez con la República.

Pero no todo es color de rosa en la España republicana. Destrozada, desangrada, destruida, España intenta recuperarse de las supurantes y traumáticas heridas de tres años de guerra. El hambre aún campa a sus anchas mientras el gobierno intenta paliarla y para colmo las tensiones entre las socialistas del PSOE, los comunistas más pendientes de alejarse de Moscú y de la larga sombra de Stalin, los anarquistas de la FAI y los troskistas del POUM se enfrentan en luchas y peleas intestinas, algunas ideológicas y dialécticas y otras llegando a las manos, suman más inestabilidad al gobierno republicano, junto a los ataques de los maquis, formados por combatientes falangistas dirigidos por Jose Antonio Girón. Y para colmo en Europa Hitler y Mussolini se enzarzan en una guerra de conquista anexionado por la fuerza Polonia para los alemanes y Albania y Grecia para los italianos. En un giro inesperado, Alemania ha firmado un pacto de no agresión con la Unión Soviética de Stalin, lo que ha provocado que el gobierno estalinista exige la devolución al gobierno republicano español todo lo que le dio durante la guerra. Estás vicisitudes europeas no hacen más que aislar a la empobrecida España que depende extremadamente de lo que exporta del extranjero para paliar el hambre acuciante causada por la guerra.

En el día de hoy es una novela escrita extraordinariamente. Jesús Torbado recrea lo que hubiera pasado si los vencedores de la guerra fueran los que perdieron en la vida real. Todo está escrito con un tono melancólico por algo que nunca fue, un deseo amargo de los acontecimientos hubieran sido otros. Bien es cierto que algunos momentos pueden parecer algo ingenios o demasiado optimistas en cuanto a las bondades del gobierno republicano. Me explico.

Cuando Franco ganó la guerra, dedicó una buena parte de la posguerra en eliminar de manera brutal a muchos de los que aún defendían al gobierno legítimo, siendo los fusilamientos tristemente numeroso, y muchos fueron encarcelados durante muchos años. En la novela el gobierno de Indalecio Prieto es algo más benévolo tan solo encarcelado a los que se unieron al bando nacional, e incluso se les perdona por unirse a los sublevados más por estar en el sitio equivocado o por ignorancia más que por adhesión ideológica. El único fusilamiento que se nombra es el del ideólogo falangista Dionisio Ridruejo, a quien se le ofrece un indulto a cambio de repudiar sus ideas fascistas, cosa que es negada por el reo, pues prefiere morir a traicionar sus ideas. Su fusilamiento causa malestar en el propio Prieto, quién no quiere matarle. No digo que la República tendría que haberse convertido en una sanguinaria máquina de represión, pero no tampoco en un beatífico gobierno imbuido de perdón. Puedo entender que el autor quiera mostrar que frente a la cruel represión franquista el hipotético gobierno republicano hubiera sido más benévolo para dar una imagen al mundo de lo que Azaña dijo "paz, piedad y perdón". Estoy seguro que fusilamientos habrían, y bastantes. Pero como no ocurrió todo queda a la especulación. 

Quitando eso si que recrea con acierto las disensiones entre las fuerzas de la izquierda, quienes aún después del conflicto siguen a la gresca. Si ya durante la guerra el bando republicano se vio erosionado por la desconfianza entre comunistas, trotskistas, anarquistas, sindicalistas y socialistas, en la paz de la novela al principio hay una unión tensa que poco a poco irá resquebrajándose cosas que los perdedores usarán para intentar hacer caer el gobierno. Julián Zugazagoitia ministro republicano dice una frase que representa con toda su cruel exactitud la idiosincrasia de los españoles y de esta guerra: " Temo que los españoles no podrán olvidar está guerra durante siglos. Incluso temo que no habrán quedado satisfechos con ella, como ocurrió con las anteriores. Parece que nuestro destino es matarnos mutuamente. Una frágil chispa enciende con rapidez llamaradas de odio. Siempre ha sido así". 

El en bando perdedor la apatía ha invadido el ánimo de los golpistas siendo más grande en Franco. El autor nos presenta a un Generalísimo degradado a general exiliado, tristón y depresivo, que ve que sus planes de verse dueño y señor de España se le escapan como agua entre los dedos. Tanto es así que con forme pasan los años los planes de otro golpe le resultan cada vez más aburridos el inaplazables, solo queriendo volver algún día a España. 

La novela se centra en varios personajes en los cuales vemos lo que la paz trae en la España destrozada tras la guerra. Alejo Rubio el fotógrafo jorobado que retrata los grandes acontecimientos que se viven en el Madrid de los vencidos. Fotografía con un orgullo tremendo el desfile de la victoria, pero también con una enorme tristeza imágenes de la miseria que inunda las calles, siendo la más triste una fotografía de unos niños casi destruidos rebuscando entre la basura. 

Su amigo el periodista Hemingway vive la victoria con su habitual bipolaridad. Desde los estallidos de alegría y euforia, que le llevan a escribir un libro titulado Madrid era una fiesta con las fotografías de su amigo, a tener sesudas tertulias en el bar La Colmena junto a otros intelectuales como su admirado Pio Baroja, a beberse la vida a tragos, pasando a una melancolía y tristeza que le llevan a no sentir agusto en España y quiere abandonar su proyecto y el propio país. 

Cesare Fabiani es un miembro del partido fascista mandando por el conde Ciano, yerno del Duce y ministro de Asuntos Exteriores, el cual lo manda para recabar información sobre la República y con un plan terrorista para desestabilizar el gobierno. Pero Fabiani comenzará una relación con Simplicia, conocida como Sim, hermana de Alejo, y esto le hará replantearse sus ideales. 

Aniceto Orduño es un viejo anticuario que tiene una pequeña tienda de antigüedades y ayuda a Sim dándole comida y refugio. Sim se esconde en su tienda donde llora la perdida de su hijo Manolito muerto por una enfermedad y el abandono de su marido que se fue con los anarquistas en la guerra. Sim da compañía a Orduño el cual trabaja clandestinamente con el Vaticano guardando obras de arte para que la República no las tenga. 

Para acabar solo me queda decir que la novela me ha parecido brillante en su forma de estar escrita, Torbado escribe con mucha elegancia y puedo entender porque ganó Premio Planeta en 1976, tanto por su factura como por el tema, recién muerto el dictador, hace que resulte muy interesante. Una de esas grandes novelas olvidadas que merecen la pena ser rescatadas. 



Jesús Torbado (1943-2018)

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