Eso no estaba en mi libro de Historia de Disney, Jorge Fonte

"En 2023 se cumplió un siglo desde que Walt Disney y su hermano Roy fundaran su pequeño estudio de animación en Hollywood que, con el paso del tiempo, se ha convertido en el mayor imperio de entretenimiento de todo el mundo (cine, televisión, música, parques de atracciones, merchandising). No fue solo la obra de un genio, sino la de todos aquellos que compartieron su sueño con él. Un claro ejemplo de lo que significa el trabajo creativo colectivo dirigido por una mente brillante, un hombre emprendedor y un visionario que supo rodearse de profesionales de enorme talento en todas las áreas de la creatividad.
Cien años después, Mickey Mouse y su pandilla (Donald, Goofy, Pluto...) siguen llevando felicidad a infinidad de hogares a lo largo y ancho de todo el planeta. Sin lugar a dudas, el estudio Disney ha crecido tanto y llegado tan lejos que ha sobrepasado con creces las perspectivas iniciales de aquellos dos jóvenes que lo arriesgaron todo (más de una vez) por crear una nueva forma de hacer animación.
Allá donde se encuentre, Walt estará sonriendo.
Estoy completamente seguro de ello".
Eso no estaba en mi libro de historia de Disney.




Mis recuerdos de infancia más preciados son las tardes frente al televisor viendo embobado (literalmente me veo a mí mismo con la boca abierta) los VHS de mis películas Disney favoritas. Cuando escuchaba esa maravillosa intro con el castillo Disney iluminando la pantalla con When Your Wish upon star de fondo sabía que me disponía a a entrar a un mundo de mágico de ensueño. Disfrutaba a lo grande viendo a los siete enanitos volviendo a su casa de la mina cantando Hi Ho, me angustiaba por ver cómo Pinocho y su padre huían en una endeble balsa de la temible ballena Monstruo y lloraba como una magdalena (aún lo sigo haciendo) cuando Dumbo iba a ver a su encerrada madre. Las aventuras de Mowgli y Baloo en la selva, Alicia en el País de las maravillas y, mi favorita, Peter Pan luchando contra mi adorado Capitán Garfio en Nuncajamás convirtieron mi infancia un maravilloso refugio de magia y encanto. 

Esta imagen en una televisión de los noventa era la entrada a un mundo de magia.


Como hijo de los noventa también disfrute de una de las más grandes épocas de la Casa del Ratón con historias tan mágicas como las de Bella, Aladín, Simba o Hércules y no digamos la irrupción de una nueva animación por ordenador que hizo realidad el sueño de todos los niños con las aventuras de Woody y Buzz Litghyear, al ver cobrar vida a nuestros juguetes. Mi infancia está asociada a un nombre: Walt Disney.

Con el correr del tiempo mi amor por la Casa del Ratón no disminuyó, a pesar de la deriva lamentablemente que han ido tomando estos últimos años, con políticas de inclusión forzada donde se priorizaban más los personajes femeninos ultra poderosos y de minorías oprimidas por encima de contar buenas historias y sobre todo con la maldita época de los malditos remakes. A pesar de todo sigo creyendo que esto es una mala racha pasajera que traerá otra vez de vuelta los buenos años de buen cine. Y claro no solo iba a disfrutar de las películas si no que como buen loco de los libros empecé a coleccionar cualquier libro que hablar sobre mi estudio de animación favorito, junto a Pixar. 

Y lo malo es que en español no hay mucha  bibliografía sobre Disney y su historia que no estén especializados para los más pequeños. Pero gracias a Jorge Fonte, uno de los mayores expertos es España sobre Disney y un gran cinéfilo, podemos leer en nuestra lengua la gran historia de un hombre que salió de la nada con un sueño y acabó convirtiendo su apellido en sinónimo de magia y éxito. Sin más os presento: Eso no estaba en mi libro sobre Historia de Disney de Jorge Fonte.

El autor en la introducción habla de dos temas bastantes relevantes antes de hablar de la biografía del Mago de Burbank. Primero como refería arriba lamenta los pocos estudios y ensayos sobre Disney y su impacto en la industria del entrenamiento en lengua española y no hablemos de biografías bien documentadas. Las dos mejores biografías que cuentan con rigor su vida sería la escritas por Bob Thomas y por la hija de Disney, Diane Disney-Miller y el periodista Pete Martin, las dos traducidas al castellano. A estas dos habría que sumar la escrita por el propio Fonte junto a , Walt Disney. El hombre y el mito, de la cual saca muchas de las cosas que cuenta en este libro. También lanza unos dardos bien direccionados hacia las biografías maledicentes que solo buscan la difamación de Disney, con los típicos bulos que rondan al personaje como su antisemitismo, sus roces con el nazismo, su anticomunismo (esto si era real), su autoritarismo y la leyenda sobre su criogenización. 

Luego también habla de una segunda leyenda, muy popular en España, de qué el cocreador de Mickey Mouse (sí, cocreador), nació en la provincia de Almería. Está historia surgida de un malentendido y fruto del teléfono roto, venía a decir que Walt Disney en realidad se llamaba José Guirao Zamora hijo de padres almerienses que emigraron a los Estados Unidos y entraron a servir al matrimonio Disney, y al morir los criados se hicieron cargo del pequeño José y lo adoptaron cambiándole el nombre por Walter. Esto no es más que una patraña exagerada por el régimen franquista que se apuntaba un tanto al ser la cuna del genio de la animación que incluso hoy en día se sigue diciendo cómo verdad. Pero la historia es completamente distinta. 

Jorge Fonte repasa de manera bastante resumida el periplo vital de Disney desde su infancia pobre junto a sus padres y hermanos en Kansas, donde pasó una infancia difícil por las estrecheces económicas de su familia. Como aquel niño que repartía periódicos por las mañanas antes de ir a la escuela para ayudar a su familia, ase convirtió en un joven ambicioso que entró de lleno en un campo bastante nuevo en el cine: la animación. 

Un jovencísimo Disney durante sus años de formación.

Disney era un buen dibujante, por lo que sus primeros trabajos fueron en publicidad, donde aprendió los rudimentarios usos de la animación para hacer cortos publicitarios. Tras ver el potencial de los dibujos animados decidió aventurarse y obtuvo sus primeros éxitos con una serie de cortos que mezclaban animación con acción real, donde una niña vivía aventuras en un mundo de fantasía. Alice comedies fueron el pistoletazo de salida de colocar el nombre de Disney en una pantalla grande.

Disney comenzó a crear el que sería el mayor imperio del entretenimiento del mundo con pequeños éxitos, como el que fue su primera estrella animada, Oswald, el conejo de la suerte. Pero como no era dueño del personaje tuvo que soportar como Universal se lo arrebataban. Disney no se rindió y se prometió que a partir de entonces sus personajes serían de su propiedad y que tenía que crear otro que le diera el éxito que se le estaba escapando de los dedos. Y así nació el personaje más famoso de la animación: Mickey Mouse.

El pequeño ratón protagonizó dos cortos mudos que pasaron desapercibidos. Pero todo cambió cuando el 18 de noviembre de 1928 se estrenó Steamboat Willie, su tercer cortometraje. Y fue un éxito rotundo. Y ese éxito radicaba en que era uno de los primeros dibujos animados con sonido y música sincronizados a la perfección. El silbido de Mickey manejando el timón es historia de la animación. 

La gente quedó maravillada con el personaje que acabó gozando del estrellato junto a dioses del Olimpo del cine como Charles Chaplin, Douglas Fairbanks o Greta Garbo. Los cortos protagonizados por el simpático ratoncito y su pizpireta novia Minnie, el malvado Pete Pata Palo, el fiel Pluto y el tontorrón de Goofy despertaban pasiones, llenaban los cines y convirtieron a Walt Disney en un hombre de éxito. 

Mickey Mouse en Steamboat Willie se convirtió en una estrella.

Fonte derriba el mito de que Mickey fue invención del propio Walt, si no que fue el fruto de una tormenta de ideas entre él y Ub Iwerks, quizás uno de los mejores animadores de la historia y uno de los más estrechos colaboradores de Disney, donde el primero le dio su personalidad bonachona, divertida e intrépida, incluso dándole su típica voz en falsete, y del segundo sus forma icónica con su cabeza y sus orejas en forma de tres círculos, sus pantalones con dos grandes botones y dos zapatones. El primer nombre fue Mortimer, pero gracias al buen criterio de Lilian la esposa de Disney lo rebautizaron como Mickey. 

Walt Disney y Ub Iwerks, padres de Mickey Mouse.

El segundo gran éxito serían una serie de cortos donde la música tiene una gran importancia. Silly Symphonies son auténticas joyas de la animación donde el joven estudio Disney experimento con el movimiento, el uso de la música e incluso del color. Varios de ellos servirían al estudio para las maravillas que luego mostrarían en sus futuras películas. The Skeleton Dance (1929) enteramente animado por el prodigioso Iwerks, mostraba una infernal danza de unos esqueletos surgidos de la tumba, realizando movimientos estrafalarios mientras juegan con sus huesos. Árboles y Flores (1932) fue el primer corto animado en color. Los tres cerditos (1933) uno de los más iconicos de la serie, donde la personalidad de los personajes viene bien marcada por la música y la acción, tuvo tanto éxito sobre todo la canción ¿Quién teme al lobo feroz? Una de las primeras canciones icónicas de Disney. La diosa de la primavera (1934) fueron la primera vez que experimentaban con movimientos más realistas, con un personaje femenino inspirado por las imágenes de una bailarina real. El viejo molino (1937) es una obra de arte la animación, con unas imágenes dignas de un museo, donde probaron por primera vez con una invención made in Disney: la cámara multiplano. Este prodigio permitía añadir una profundidad de campo a la imagen dando sensación de que las imágenes tenían fondo. Muchos de estos cortos, junto a los protagonizados por Mickey y su troupe concedieron los primeros Oscars del estudio, convirtiendo a Walt Disney como el productor con más premios de la academia.

Los esqueletos bailan en The Skeleton Dance.

Otro de los cortos de la serie también tuvo una importancia relevante por qué en el haría su primera aparición un personaje que rivalizaría con el mismísimo Mickey Mouse: el Pato Donald. En La gallinita sabía (1934) salía un pato vestido de marinero con una voz inteligible (obra de su actor de voz el gran Clarence Nash) que solo hacía trastadas con un cerdito para aprovecharse de la gallina protagonista. Aquel pato gruñón se ganó el cariño del público y entró a formar parte de los amigos de Mickey, que junto a Donald y Goofy se convirtieron en un trío cómico de excepción. Los cortos de Mickey y sus amigos y las Silly Symphonies pusieron en el candelero el nombre de Walt Disney y su estudio, pero la ambición del mago de Burbank no se iba a quedar ahí, pues iba a embarcarse en una de las empresas más difíciles y arriesgadas de la historia del cine: realizar un largometraje animado.

Disney estaba de viaje por Europa junto a su hermano cuando entró en un cine y vio asombrado que proyectaban no uno, sino varios de sus cortos animados por lo que comprobó que los espectadores podían estar dispuestos a estar sentados viendo dibujos animados durante bastante tiempo, lo que se traducía a qué estarían dispuestos a ver un largometraje. A la vuelta al estudio puso en marcha un proyecto que lo llevaría al triunfo más espléndido o al más rotundo de los fracasos. Juntando a sus mejores animadores, músicos y guionistas empezó lo que la prensa llamó "la locura Disney", pues nadie en Hollywood daba un duro porque aquel experimento fuera a buen puerto. Pero se equivocaron. 

El 21 de diciembre de 1937 hubo gran expectación. Tras meses de producción, Blancanieves y los siete enanitos, el primer largometraje animado y a color del estudio Disney (y de la historia) se estrenaba al fin. Grandes celebridades de Hollywood llenaban las butacas expectantes. Cuando las luces se apagaron y comenzó la función la historia de la animación cambió para siempre. Aquellas imágenes de una belleza extraordinaria dejaron admirados a los espectadores, que lloraban y reían a partes iguales. Blancanieves fue un éxito arrollador. No fue hasta que Lo que el viento se llevó la destronó, se convirtió en la película más taquillera de la historia (según la inflación de la época). Walt Disney lo había conseguido, había logrado lo imposible. Por lo que la Academia lo recompenso con un Oscar honorífico por tan proeza y otras siete pequeñas réplicas en homenaje a los simpáticos enanitos. Pero como siempre, el éxito le supo a poco y ya estaba pensado en el largometraje siguiente. Y está vez sería protagonizado por un pequeño muñeco de made. 

Walt Disney posa junto a sus oscars por su primer largometraje junto a la niña actriz Shirley Temple.

Los siguientes largometrajes del joven estudio Disney son considerados hoy día obras maestras del cine de animación, pero en su tiempo su éxito fue bastante dispar. Pinocho (1940) mejoró en todo lo que ya había hecho bien su predecesora. La historia del muñeco de madera que cobra vida y debe enfrentarse a no caer en las garras del mal gracias a Pepito Grillo su inseparable conciencia, es barroco en movimiento. Pero no fue el éxito esperado. Para la siguiente película, Disney decidió arriesgar más al crear un proyecto que demostraría que la animación podía llegar a ser considerada arte. Por eso, junto al director de orquesta Leopold Stowski, pusieron en marcha la más radical y experimental película del estudio: Fantasía (1940). La película-concierto como se le llamó, presentaba una idea clara: varias piezas de música clásica inspirarían a los animadores para crear con imagen lo que la música les inspiraba. En ella hay fragmentos más abstractos que se adelantaron a la vanguardia de la psicodelia de la setenta gracias a la música de Bach o otras más lineales que contaban, por ejemplo la historia de la creación de la vida en la tierra según la ciencia con la música de Strawsnki. Mickey Mouse también tuvo su participación en la icónica El aprendiz de brujo obra de Paul Dukas, donde sale con su icónico gorro puntiagudo se brujo salpicado de estrellas y lunas. Fantasía tampoco conecto con el público por su propuesta arriesgada por lo que Disney tenía la imperiosa necesidad de otro gran éxito como el de Blancanieves y lo obtuvo gracias a un pequeño elefante de grandes orejas. Dumbo fue un gran éxito, gracias a una historia que llegaba al corazón una animación más simple pero maravillosa. Lo animales habían triunfando por lo que no extraña es que el siguiente largometraje fuera protagonizado por un pequeño cervatillo. Bambi es una poética película donde priman las imágenes bellísimas de paisajes boscosos y una animación casi realista del comportamiento animal. Y contiene el primer gran trauma madre in Disney con la desgarradora muerte de la madre de Bambi.

la edad de oro de la animación.

La segunda gran ambición de Walt Disney fue crear el parque de atracciones más grande del mundo. Tras intentar sacar a flote el estudio tras varias crisis como una huelga de animadores que se llevó a una buena parte de los mejores a salir del estudio y que acrecentó el anticomunismo de Disney, y la Segunda Guerra Mundial que habia cerrado el mercado europeo, todo volvió a subir a flote con los enormes éxitos de Cenicienta, Peter Pan y La Dama y Vagabundo, y algunos altibajos como Alicia en el país de las Maravillas o Merlín, el encantador. También comenzó a la producción de películas de acción real, con un primer intento con La isla del tesoro y sobre todo el tremendo éxito de la maravillosa Mary Poppins, intrepetrada por unos sobresalientes Julie Andwres y Dick Van Daick. 

Pero algo bullía en la mente de Disney. Crear un lugar de ensueño donde niños y mayores pudieran vivir una experiencia inolvidable. Así comenzó la creación más monumental de Disney, su primer parque de atracciones Disneyland. Hoy ya estamos acostumbrados a los parques de entretenimiento, sobre todo los de la factoría Disney, pero en su momento fue algo revolucionario. Para llevarlo a cabo decidió también experimentar con otro invento nuevo: la televisión.

A diferencia de otros cineastas que veían con recelo la recién creada televisión casera, Disney vio en ella una ventana para acercarse al gran público desde su hogar y encima recaudar fondos para levantar su parque. Así los estadounidenses vieron a través de sus televisores al mago de la animación Walt Disney. Disney se presentaba ante el público con un rostro amable y una sonrisa encantadora y les vendía las bondades del futuro parque, en el programa Disneyland, donde mezclaban cortos de Mickey o Donald con fragmentos documentales y partes de Disney explicando los diferentes secciones del parque. Esto convirtió a Disney en un personaje muy conocido por el gran público gracias a su carisma arrollador y simpatía natural.

Tras comprar unos terrenos en Anaheim, California y varios meses de construcción, la faraónica obra de Disneyland abrió sus puertas en 1955. Algunos consideraron que sería un fracaso estrepitoso, pero volvieron a equivocarse. A pesar de algunos fallos en el primer día, Disneyland fue poco a poco convirtiéndose en uno de los lugares de turismo más elegido por los estadounidenses y los extranjeros, todo el mundo volvía a los felices tiempos de la niñez entre sus muros con el imponente castillo de la Bella Durmiente coronado el parque. Walt Disney lo había vuelto a conseguir, el parque fue haciéndose más grande con nuevas áreas y otros parques fueron repartiéndose tanto por territorio estadounidense como por el mundo. 

Walt Disney junto a su querido Mickey Mouse en Disneyland.

Pero como al fin y al cabo era humano, todos los años de trabajo intenso, sesiones de creación sin parar y un cigarrillo tras otro fueron mermando al hombre que era Disney, avejentando su aspecto que a sus sesenta años parecía un anciano. Todo ese ritmo de trabajo incesante acabaron con el hombre y su adicción del tabaco le provocaron un cáncer que fue operado con éxito, pero salud había mermado mucho. Tras ser ingresado por un infarto el 30 de noviembre de 1966, estuvo en el hospital donde cumpliría los sesenta y cinco años. Pero finalmente el 15 de diciembre moriría por un colapso circulatorio agudo. Como no quería que su entierro fuera un espectáculo fue enterrado en una ceremonia íntima lo que levantó el segundo mito más estrafalario y persistente del mago de Burbank. 

Según está leyenda urbana, Walt Disney se sometió a una criogenización voluntaria que lo mantendría en un estado de conservación hasta que la ciencia médica alcanzará un gran progreso para curarle sus dolencias. Nada más lejos de la realidad. Walt Disney fue incinerado y sus cenizas reposan en el cementerio Forest Lawn Memorial Park, en Gleendanle, donde también serían inhumados su esposa Lilian, su hija Sharon y el marido de esta. 

La tumba de Walt Disney y su familia.

Tras la muerte del genio, su hermano Roy tomó en el mando de la empresa. Su último empeño antes de abandonar la empresa fue terminar de levantar Walt Disney World, el segundo gran parque de la empresa. A diferencia de su hermano Roy carecía de las aptitudes artisticas de Walt. Su gran aportación al sueño de su hermano era bajarlo de las nubes cuando se pasaba de ambicioso y hacer malabares para que las cuentas cuadrasen. Por eso al morir de hermano comprendió de debía dejar paso a los más jóvenes. Uno de esos fue su hijo Roy E. Disney quien fue un baluarte del Renacimiento Disney.

Walt junto a su hermano Roy. Los hermanos que levantaron un imperio.

Los ochenta fueron una montaña rusa para el estudio. Las películas de animación no conseguían los éxitos esperados y se buscaba un nuevo enfoque. Todo llegó gracias a una pequeña sirenita. El estreno de La Sirenita en 1989 dio paso a una de las épocas más extraordinarias del estudio donde cada película era un auténtico acontecimiento. La Bella y la Bestia, Aladín o El Rey León formaron parte de la segunda edad de oro del cine de animación. Y gracias a nombres tan extraordinarios como el productor Jeffrey Katzenberg, los compositores Alan Menken y Hans Zimmer, el letrista y guionista Howard Ashman, los directores John Musker y Ron Clements, y animadores como Glen Keane o Eric Goldberg.

El Renacimiento Disney, la segunda edad de oro del estudio.

Eso no estaba en mi libro de Historia de Disney es una obra bastante accesible para adentrarse en la historia de Disney y su estudio. Walt Disney fue y sigue siendo uno de los grandes personajes de la historia de la humanidad. Vivo ejemplo de lo que se suele llamar el "espíritu americano", fue un hombre hecho a su mismo. Nacido en la pobreza supo manejar su ambición con una serie de arriesgadas jugadas que le salieron bien. Paso de la nada al éxito gracias a un olfato certero para jugar sus mejores cartas, un genio prodigio para crear mundo de ensueño y una ambición que lo llevaba a arriesgar con proyectos cada vez más colosales. 

Jorge Fonte presenta al hombre alejándolo del mito que la empresa ha cimentado pero sin caer en las difamaciones e insidias que se han vertido sobre su persona. Lejos del férreo dictador que gobernaba con mano de hierro su empresa, dispuesto a aplastar con contundencia a las voces opositoras, como lo han pintado algunos, Walt Disney fue un hombre de fuerte carácter, pero amable y cercano, que sabía recompensar la lealtad a aquellos que le ayudaba en su empresa en ser la más grande. Todos los que trabajaron junto a él recuerdan a un hombre entregado a la creación, serio y contundente cuando no cuadraba con lo que buscaba y generoso con aquellos cumplían sus expectativas. Su capacidad de contagiar el entusiasmo por crear cosas maravillosas era indudable, motivando a sus colaboradores a superarse dando todo por la causa.

Era un hombre que sabía perfectamente donde no podía llegar y relegaba en personas más apropiadas para hacerlo. Supo rodearse de hábiles artesanos, colaboradores extraordinarios en cada una de las facetas de la producción de películas, como una cadena bien engrasada que funcionaba a la perfección. 

Walt Disney. El hombre que convirtió los sueños en realidad.

También nos muestra al hombre que disfrutaba de un partido de polo junto a sus trabajadores, que se trasladaba por el estudio montado en sus pequeños trenes en miniatura, que gustaba tratar a sus empleados como miembros de su familia, sin tratamientos de usted o señor, tan solo Walt, del que paseaba por su amado parque con tarjetas de visita para sus admiradores. No fue un santo, por supuesto, pero tampoco se merece que ponga su figura a los pies de los caballos a alguien que tanto bien hizo a la humanidad. Bien es cierto que lo que hoy queda de su legado es símbolo del capitalismo más voraz, pero sus historias seguirán vivas por muchas generaciones. Y esperemos que recobre el rumbo y vuelvan a darnos grandes películas de animación como las de antaño. Habrá que pedirlo con fe a la Estrella Azul.


Jorge Fonte (1967-)

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