Sangre en la piscina, Agatha Christie

"Henrietta reflexionó unos instantes. Luego repuso tranquila:
—Me imagino que sí. Es decir, si andan buscando algo así.
—¡Oh!, lo andarán buscando, eso se lo puedo asegurar.
—Sí, ya me suponía yo. —Hizo una pausa, extendió los dedos sobre la rodilla y los contempló. Luego le dirigió una mirada rápida y amistosa—. Bien, monsieur Poirot, ¿qué he de hacer? ¿Ir al inspector Grange y decirle... qué se le dice a un bigote como el suyo? Es un bigote tan doméstico, tan de padre de familia...
La mano de Poirot se alzó hacia el hirsuto adorno del labio superior que tan orgulloso ostentaba.
—Mientras el mío, mademoiselle...
—Su bigote, monsieur Poirot, es un triunfo artístico. No puede asociarse con otra cosa que consigo mismo. Es, estoy segura, único.
—Sin el menor género de duda."
Sangre en la piscina.




Como estamos a las puertas del verano y el calor ya empieza su asfixiante tortura estival, que mejor que sofocar los calores en una buena piscina. Pero hay una pequeña pega, hay un cadáver cuyas gotas de sangre tiñen sus aguas de un rojo siniestro y en el fondo una pistola. Esto parece una novela de mistres Agatha Christie. Pues lo es y ese escenario del crimen es donde trascurre un nuevo misterio para las célebres células grises del detective belga Hércules Poirot. Una casa de campo, unos familiares reunidos y un asesinato que parece unirlos a todos. Con muchísimo gusto os presento: Sangre en la piscina de Agatha Christie.

Lucy Angkatell, una extravagante dama prepara un fin de semana en The Hollow su residencia donde vendrán unos parientes. Allí vive junto a su marido sir Henry Angkatell. Los parientes que acudirán serán sus primos lejanos el solitario y encantador Edward Angkatell; la humildad Midge Hardcastle; el introvertido y cínico David Angkatell; la soñadora y melancólica Henrietta Savernake y el matrimonio formado por el doctor John Christow, atractivo y carismático y Gerda Christow, más apagada y sumisa. Lady Angkatell también invitará a comer a su vecino, el detective Hércules Poirot. 

La noche antes de la llegada de Poirot, la familia recibirá la visita de una ilustre vecina: la actriz de Hollywood Veronica Cray, una mujer soberbia y extremadamente bella. Parece que entre la actriz el doctor Christow hay una especie de amistad y ella le pedirá que la acompañe a su casa. Al día siguiente, cuando Poirot acuda a la casa de los Angkatell encontrará una escena inquietante. Varios de ellos contempla como Gerda Christow sostiene una pistola con la que parece haber disparado a su marido que yace ensangrentado al lado de la piscina. El doctor antes de fallecer dirá una última palabra: Henrietta. Ella en un arranque intentará quitarle la pistola a Gerda lo que provocará que caiga al agua. Poirot creerá que todo forma parte de una broma pesada de sus anfitriones pero al comprobar que el cadáver y la sangre son reales pondrá en marcha sus células grises para resolver el misterio. 

Porque aunque la escena parezca inculpar a Gerda al sostener la pistola, una serie de descubrimientos por parte del inspector Grange, oficial encargado de la investigación y dueño de un mediocre bigote según Poirot, irán complicando el caso. 

Sangre en la piscina es otro acierto de la gran Dama del crimen. Tras ver resolver un intrincado asesinato durante un crucero por el Nilo al genial detective bigotudo, ahora se enfrentará a un adversario muy tenaz que hasta el mismo Poirot le reconocerá como uno de los mejores cuando lo descubra. Porque la novela plantea un escenario donde nada es lo que parece, culpables que no lo son tanto y una relación amorosa que parece unir a varios personajes.

Como toda buena novela de mistres Agatha, lo mejor es el variopinto grupo de personajes que convergen entre víctima, asesino y sospechosos. Empezado por el muerto el doctor John Christow se puede resumir en dos palabras: gran hombre. Excelente médico, trabaja entre su clínica privada y sus experimentos con la señora Crabtree para encontrar la cura para una rara enfermedad. Solo tiene un pequeño defecto, no le tiene mucho afecto a su mujer, Gerda, la cual vive por y para hacerlo todo bien a ojos de su marido. La pobre no es muy avispada y enseguida se pone nerviosa, por lo que siempre intenta no cometer ningún fallo para no disgutar a su eficiencia y exigente marido. 

Los Angkatell son una familia rara. Encabezada por el anodino sir Henry y su esposa Lucy que es la que se lleva la palma. Una dama sin filtro que suelta lo primero que se le pasa por la cabeza sin pensar lo ofensivo que pueda ser o lo que pueda provocar a quien lo oiga. Un torrente demencial de pensamiento la vuelve dispersa y olvidadiza. Edward lo ha tenido todo. Heredero de una gran fortuna puede dedicar su mucho tiempo libre a ver la vida pasar leyendo libro o viajando. Todo lo consideran alguien encantador pero su espíritu se encoge ante la presencia del doctor, un hombre de provecho frente a un inútil ocioso. La joven Midge si se gana la vida honradamente trabajando para una negrera en una tienda de ropa femenina. La pobre no quiere recibir ayuda de sus pariente ricos y prefiere ganarse el pan con el sudor de su frente. Y luego está David el más joven de la familia. Odia a todo y a todos y prefiere la soledad al bullicio de sus familiares encerrado en la biblioteca leyendo la Enciclopedia Británica

Y luego está Henrietta Savernake. Una joven de extraordinario talento artístico como una escultora muy interesante. Es sobre ella quien recae el embrollo amoroso que sobrevuelo sobre la familia. El doctor Christow se debate entre el eterno amor que le tiene a Henrietta y la actriz Veronica Cray. Entre las dos abre un amor distinto pues en Henrietta ve a la mujer que quiere compañera de vida y en Veronica un amor más pasional. Y luego está Edward, quién ama con locura a Henrietta pero sabe que nada tiene que hacer contra el doctor. Henrietta ama al doctor pero se tortura al pensar que puede estar haciendo daño a la pobre Gerda. Su dolor y frustración lo vuelva en sus esculturas, obras extrañás e inquietantes que incomodan a quienes las miran pero son el reflejo de su alma atormentado. Tal es el magnetismo de la artista que el mismo Poirot no es ajeno a él.

Una vez más da gusto leer a la Reina del Crimen, una lectura refrescante para el verano donde podemos encontrar entrenamiento, una historia de amor intrincada, un asesinato y un enigma a resolver. Si encima está para desentrañar el misterio monsieur Hércules Poirot c'est excellent!


Agatha Christie (1890-1976)

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