Temporada baja, Jack Ketchum

"En el resplandor de los faros se vio pálida y temblorosa, los pies juntos y los brazos extendidos en la parodia invertida de una crucifixión. Miró la piel que habían tocado los hombres y que ella había tocado, ahora colocada hacia arriba, hacia el cielo estrellado y pacífico y supo en ese momento que, consciente o inconsciente, iban a matarla, que no había nada que pudiera decir o hacer que fuese a cambiarlo. Iban a rajarla con la navaja y moriría con su sangre derramándose en la tina y ese sería el final, el de su piel delicada y suave, el de su mente perspicaz que en ese instante, ante su propia pérdida y disolución, se encontraba llena de horror, y de la perpleja voluntad de vivir, vivir y vivir. La dejaba estupefacta.

Todavía estaba mirando hacia arriba cuando la navaja descendió y después se movió de nuevo hacia arriba, le quemó el clítoris y continuó con lentitud y esmero sobre su barriga, entre sus pechos hasta llegar por fin al cuello, donde le dio una puñalada a la yugular anterior, con la pericia de un hábil carnicero, que, momentos más tarde, acabó con su vida".

Temporada baja.





Y de un terror más elevado ahora pasamos a un autor que explora causar miedo a través de historias cruentas y sangrientas. Tras la brutal experiencia que fue la lectura de La chica de al lado, la que aún me duele en las entrañas su solo recuerdo, he vuelto a asomarme al oscuro y violento mundo narrativo de Jack Ketchum y solo puedo arrodillarme ante el gran talento de un autor tan valiente como trasgresor. Un maestro del terror más sangriento y visceral que retuerce la literatura en una carnicería de miembros cortados y un dolor insoportable. Y eso que la novela a reseñar fue su primera novela. Sin más y os advierto que preparéis el chubasquero para las salpicaduras y para estómagos sensibles las bolsas para vomitar, porque nos vamos de viaje a un idílico lugar perdido en la Norteamerica más rural donde hay algo voraz y hambriento acecha entre los árboles. Esto es: Temporada baja de Jack Ketchum. ¡¡Aviso de posibles spoilers!!

Carla aguarda la llegada de su grupo de amigos en una casa alquilada en medio de un profundo bosque en Dead River, Maine. Ha planeado una semana de vacaciones en la naturaleza donde habrá barbacoas, excursiones al río cercano, risas y algún polvo, pues hay varias parejas en el grupo. Pero lo que no sospecha es que una familia de caníbales, formado por un líder salvaje con una característica camisa de cuadros, sus hermanos, hermanas y sus numerosos vástagos endogámicos y hambrientos, acechan en la oscuridad a la espera de cazar a sus presas.

En otro hilo argumental el sheriff Peters recibe el aviso del hallazgo de una mujer casi muerta y brutalmente torturada. Sorprendido por la violencia ejercida sobre la pobre víctima, empezará a investigar y al tirar del hilo verá que ha habido una serie de desaparecidos extrañas por la zona.

Carla recibirá a sus amigos formado por su hermana Marjorie y su novio Dan, el exnovio de Carla Nick y su actual pareja Laura y el nuevo novio de Carla Jim. Pero pronto serán invadidos por la familia de caníbales, que desatarán una tormenta de sangre y violencia, matando a varios de los chicos y secuestrando a otros. Brutal será la escena cuando los caníbales asesinen de forma salvaje a una de las chicas, tratándola como se un animal se tratará, mientras preparan un fuego para asar su carne desmembrada, ante la horrorizada mirada de sus amigos. 

El sheriff y sus hombres investigarán el lugar tras la masacre y seguirán los pasos de los culpables hasta una cueva cercana a una playa, el hogar de la familia. Allí los pobres desamparados que han tenido la desgracia de llegar vivos a la cueva, tendrán que dejar salir a flote los instintos de supervivencia tapados por la seguridad de la sociedad y hacer lo que sea posible para salvar la vida.

Con Temporada baja Jack Ketchum entró por la puerta grande del terror como mejor sabía: estremeciendo al lector a través de una historia explícita y sin miramientos a la hora de narrar imágenes de una gran potencia visual capaces de revolver los estómagos más fuertes. Con su primera novela Ketchum vino a dejar en claro que su terror iba a estar cimentado en la violencia más brutal, sangrienta, mostrando que lo que más miedo da no son los monstruos, los espíritus o los extraterrestres, sino seres humanos de carne y hueso capaces de realizar los actos más abominables que harían estremecer al mismo diablo.

Se nota bastante al escritor primerizo que intenta buscar el sock a través de actos inhumanos de salvajismo caníbal, pero no sé puede decir que Ketchum busque la polémica por la polémica, el mal gusto por el simple hecho de escandalizar, el morbo barato. No, Ketchum demuestra que su interpretación del terror es poner un espejo delante del lector y mostrarle que debe temer más a las criaturas parecidas a él y no a las que viven dentro de la imaginación, pues como dice el Rey: "los monstruos son reales y los fantasmas también. Viven dentro de nosotros y a veces ganan".

Como digo hay una grandísima diferencia entre el primerizo autor de esta primera novela y el autor consagrado de la que le ha hecho pasar a la historia del terror. Si el segundo era ya un autor asentado y maduro, conocedor de los resortes del miedo y capaz de trasladar un terrible caso real y transformarla en una oda a la más profunda y negra maldad humana, donde hasta la infancia se ve envuelta en la espantosa y agónica destrucción de un ser humano. Aquí se ve como digo las costuras de un primerizo como a la hora  crear personajes que son meros esbozos a los que considerar carnaza para la hambrienta familia. Pero también se ve a un autor formidable que maneja la tensión con precisión cirujana, sabiendo moverse entre el suspense de la amenaza que observa en silencio y salivando, la quietud de la calma chicha de la cotidianeidad entre los amigos disfrutando de sus vacaciones y el espectáculo gore donde de pronto la explosión de horror, sangre, vísceras, dientes que muerden y cuchillos que cortan carne humana obligan al lector a leer a cierta distancia para que no le alcancen las salpicaduras. Y luego está el gran giro que se produce al final donde retuerce lo que podría ser un good ending para uno de los personajes. Al principio no entendí está decisión tan arriesgada pero hay un pequeño epílogo donde el autor explica los pormenores de la edición de su primer libro, las pegas que le pusieron para que rebajara la sangre del texto y como defendió como gato panza arriba incluir el final que consideraba adecuado y terminó convenciéndome de que no podría haber mejor final. Quién quiera finales felices que pongan el Disney +. 

Si los antagonistas del horror narrado por David eran niños normales y corrientes dirigidos por una gran hija de puta, lo que lo volvía inquietantemente posible, aquí son una familia de caníbales, muy parecidos a los que luego retrataría Western Craven en su película Las colinas tienen ojos. Un grupo de salvajes mezclados en una endogamia incestuosa que produce un clan hambriento de sangre y carne humana, verdaderos animales voraces y hambrientos de dos patas que como una plaga arrasan por donde pasan. Las escenas de violencia son de una crudeza espantosa, hay brazos cortados, piernas devoradas, cabezas cercenadas, incluso penes extirpados. 

Como colofón Jack Ketchum recupera una historia llamada Criatura de invierno que intercaló en otra novela suya y que está relacionado con los caníbales de Dead River. En ella cuenta la historia de un padre y su hijo que viven en medio del bosque en una cabaña. Por una nevada se ven encerrados en su hogar a la espera de que pase el temporal. Pero un día aparecerá una niña en su puerta. Tras rescatarla el padre se irá encariñando con la niña y la adoptará, pero su hijo verá extraños comportamientos en la niña. Y hasta aquí. Una muy buena historia la mar de inquietante. 

Nada más que añadir, solo que me encuentro ante un verdadero maestro del género que escribía con una pluma ensangrentada y perversa, un novelista trasgresor e incómodo, brutal y brillante. Un genio. 


Jack Ketchum (1946-2018)

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