Noctuario, Thomas Ligotti

Había rezado por un castigo y sus plegarias habían sido atendidas. No la propia pierna, que solo le producía dolor físico e inconveniencias, sino el otro castigo; la soledad. Recordaba que este era el modo en que le habían corregido de niño: castigado al sótano, exiliado a la bodega de fría piedra sin el alivio de la luz, a excepción de un haz brumoso que entraba por un polvoriento ventanuco en un rincón. Y en ese rincón se quedaba de pie, tan cerca como podía de la luz. Fue allí cuando en una ocasión vio una mosca retorciéndose en una tela de araña. La miró y miró y finalmente la araña salió para comenzar a darse un banquete con su presa. Él lo observó todo, aturdido por el horror y el asco. Cuando acabó le entraron ganas de hacer algo. Y lo hizo. Con sigilo de depredador logró agarrar a la pequeña araña y sacarla de su red. En realidad no le supo a nada, y tan solo notó un cosquilleo momentáneo sobre su lengua reseca.

"Conversaciones en una lengua muerta". 


Nunca soñé que morir mientras se duerme pudiera implicar el propio sueño. Quizás soñé con frecuencia con esa habitación y ahora, cuando estoy al borde de la muerte, me he convertido en su prisionero. Y aquí mi forma sin sangre está cautiva mientras mi otro cuerpo yace en algún lugar inmóvil y sin esperanza. No cabe ninguna duda de que mi presente estado carece de realidad. Aunque solo sea eso, sé lo que es soñar. Y aunque aquellas luces al otro lado de la ventana, aquella niebla y el cementerio inspiran un universo de extraña sensación, no son más reales que yo. Sé que no hay nada más allá de aquellas luces y que el oscuro terreno allá fuera jamás podría soportar mis pasos. Si me aventurarse allí fuera, caería directamente en una absoluta oscuridad, en lugar de aproximarme poco a poco a ella en mis sueños moribundos.

"Podría ser un sueño".





Hay muchos escritores de terror. Unos más aterradores que otros, algunos más buenos que otros. Y luego está Thomas Ligotti. Tenía muchas ganas de leer al misterioso autor de Detroit. Había leído maravillas sobre su obra, incluso que algunos lo sientan en la Diabólica Trinidad del terror junto Edgar Allan Poe y Howard Philips Lovecraft, cosa que no comparto pues el legítimo vértice del triángulo del terror es Stephen King. Pero una vez leído si puedo asegurar que se le puede considerar uno de los más grandes autores modernos del terror y un muy digno sucesor de Maestro de Providence si no el mejor. Pero cuidado, una advertencia para aquellos que quieran encontrar un terror más convencional entre sus páginas pues saldrán decepcionados. La gran clave de los relatos de Ligotti es su capacidad de envolver al lector en una narración elegantemente escrita, es casi poesía de lo inquietante, y en el fondo del texto yace un malestar inexplicable, una sensación de que algo no va bien, no sabes qué es, pero puedes sentirlo, como unos dedos apretando sobre el pecho, lentamente, dejándote sin respiración... Pero no nos adelantemos. Con mucho gusto os presento: Noctuario (Relatos extraños y terroríficos) de Thomas Ligotti.

El libro se divide en tres partes. Estudios de sombra. Discurso sobre la negrura y Cuaderno de noche. Todos los relatos tienen algo en común, y es ese lugar fronterizo entre el sueño y la vigilia donde la mente no sabe discernir con claridad si lo que está viviendo es un sueño o es una realidad. Sumando a eso que no suelen ser plácidos viajes al subconsciente. 

Como buen discípulo de Lovecraft, sus historias están plagadas de seres solitarios, encerrados en sus obsesiones y que buceando en las frías, oscuras y profundas aguas de lo oculto, lo prohibido, lo blasfemo. La Medusa; El prodigio de los sueños o El extraño diseño del maestro Rignolo pueden ser un magnífico ejemplo. 

Lo sobrenatural o lo extraño no es algo perceptible en sus cuentos. No son criaturas que acechan en la oscuridad o fantasmas venidos del más allá. No hay una amenaza que se cierne sobre los personajes. El horror es una frase inquietante, un libro cuya aura maliga como la luz a las polillas, un leve murmuró. El horror que maneja Ligotti es algo inesperado, algo insospechado. Esa pesadilla pegajosa que sufres tras una comida indigesta. 

Si tengo que destacar un relato es sin dudarlo El Tsalal. Con reminiscencias a la pesadilla antártica de Poe (la cual ya tengo pensado leer) se nos narra las consecuencias que tuvo un oscuro y blasfemo ritual en una ciudad decadente y siniestra. Un acto tan insoportable que pocos de los ciudadanos que habitan ese cementerio de ciudad lo recuerdan. 

Otro elemento que suele aparecer en los relatos son los maniquíes. Ligotti utiliza la figura inerte y sin vida como trasuntos de la falta de humanidad que los seres humanos parecen haber olvidado. También son utilizados como conejillos de indias de crueles experimentos que los atormentados personajes realizan para escándalo de la Creación.

Noctuario ha sido una lectura al principio un poco decepcionante. Me explico. Cuando me adentré entre sus páginas yo esperaba encontrarme con una sucesión de cuentos terroríficos que me helaran la sangre o al menos me inquietaran, como muy bien hizo Emilio Bueso con su extraordinaria antología. Pero lo que encontré al principio fue unas historias magníficamente escritas, eso que no lo dude nadie ahora hablaré de su forma de escribir, pero me costaba encontrar horror alguno. Pero conforme iba más y más sumergiéndome entre sus relatos iba notando algo que no cuadraba. Algo latía bajo la superficie, algo innombrable, algo inquietante. Como ese explorador que se ve inmerso en una profunda e insondable jungla de la que sabe que jamás podrá escapar, así me sentí con los cuentos de Ligotti. Entre la espesa maleza que es la prosa elegante de Ligotti uno puede sentir como reptan alimañas de pesadilla. El horror de Ligotti es más sugerido que mostrado. Un terror onírico y pesadillesco que de construye a base de una narrativa de gran belleza.

Porque la gran baza de Ligotti es que como cuida la narración. Sus frases están estilizadas por una poesía bella y melancólica. Son fragmentos de un horror elevado y barroco. Hay también se pueden la influencia del Maestro de Providence. 

La lectura de los cuentos de Thomas Ligotti ha sido, no sé si una sorpresa, pero si algo bastante enriquecedor. He descubierto a uno de los grandes autores más desconocidos del terror, que se maneja en otros registros, más sutil y menos descriptivo, más onírico y menos sangriento. Un autor al que ya tengo ganas de seguir leyendo. 


Y es que somos los espectros de una locura que nos sobrepasa y se oculta tras el misterio. Y aunque buscamos sentido por innumerables habitaciones, lo único que llegamos a encontrar es una voz susurrando desde un espejo en una casa que no pertenece a nadie.

"La habitación espectral".


Thomas Ligotti (1953-)

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