Conversación con la oscuridad, Mariana Enriquez

"Pensar en el terror es empezar a pensar el espacio como un personaje, a veces el único que permanece de principio a fin. Un lugar que se desacomoda apenas y que solía ser reconocible, de pronto se vuelve otra cosa y nos encontramos frente a la primera condición del miedo. El espacio es lo primero que vértebra el terror y con frecuencia se encuentra alojado en la infancia, el lugar donde surgen los terrores: un gallo que canta a lo lejos en un barrio urbano, aunque no haya animales de granja en los alrededores; hamacas que se escuchan desde la cama cada vez que hacen sonar sus cadenas con el movimiento, a pesar de que la plaza esté lejos; cuernos diabólicos que aparecen de pronto en una mancha de humedad del techo, justo encima de la cabeza, al abrir los ojos. En un instante, el espacio muya y no es necesaria intervención sobrenatural alguna; los terrores infantiles se fijan de tal forma que reaparecen cada tanto a lo largo de la vida, en la escritura y en lo cotidiano, porque el terror, más que una invasión de seres monstruosos, muchas veces solo necesita una fisura en la realidad, una pequeña grieta que indica algo que resulta irreversible: la familiaridad se ha roto y ya no estamos seguros en ningún lado".
Conversación en la oscuridad.




79 Aunque haya pasado el mes del terror (y necesite un pequeño descanso de tanta historia siniestra), no podía dejar de pasar la oportunidad de traer a la auténtica reina del terror contemporáneo: Mariana Enriquez. Pero está vez no viene con un libro terrorífico bajo el brazo, si no que nos trae un ensayo que debe convertirse en lectura capital para entender los entresijos del género, sus tropos y mecanismos incluyendo aquello que ensambla su propia obra a través de los traumas y miedos de la autora argentina. Pocas obras en lengua española tratan el género con tanta maestría, hablando de la los orígenes literarios, los referentes actuales como el cine o la crónica negra. Espero que este libro sea la primera piedra de más estudios sobre el terror en nuestro idioma. Con mucho gusto os presento: Conversaciones con la oscuridad. Teorías, intuiciones y escritura del miedo de Mariana Enriquez. 

Cada maestrillo tiene su librillo y la autora de Las cosas que perdimos en el fuego nos cuenta que su literatura se levanta sobre los traumas que han sangrando a su Argentina natal y al continente fruto de la dictaduras criminales que proliferaron durante los años ochenta y aún siguen doliendo en el acervo colectivo latinoamericano. Aquellos gobiernos brutales sembraron de cadáveres sus países y en Argentina como ejemplo infame, hicieron desaparecer a gente inocente después de torturas innombrables, convirtiéndolos a ojos de la autora en lo más parecido a un fantasma. Pues como almas en pena no pueden descansar, condenados a un limbo de olvido y pena donde sus familiares sufren el dolor de no llorarlos en una fosa a la que llevarles flores.

Enriquez nos habla de que el Gótico surge de las más cruda realidad, donde lo cotidiano se torna en una pesadilla insoportable y retorcida, con el trauma como motor para el terror. Las historias de fantasmas, espectros, súcubos, vampiros, brujas y hombres lobo no son más que metáforas terroríficas, con el dolor, la perdida, el trauma y la ansiedad toman esas formas de espanto y horror. Un padre maltratador, una madre controladora, un niño que hace bullying o un gobierno asesino pueden dar más miedo que un monstruo informe o un vampiro chupasangre. 

Enriquez divide el ensayo en cinco vértebras donde analiza los elementos que configuran el género y su obra, en una mezcolanza de lecturas, películas, experiencias vitales y la historia argentina como inspiración de su obra. 

La primera vértebra nos habla de los espacios donde habita el terror y los intersticios por donde se cuela. El espacio es importante pues es donde se produce la acción y donde los personajes se mueven. En el principio del Gótico literario esos espacios solían ser castillos derruidos o abadías abandonadas donde sus viejos habitantes condenados a la maldición de seguir anclados entre sus ruinas tras la muerte, atormentan a los que se adentran en sus entrañas. Conforme avanza el tiempo esos lugares fueron perdiéndose y evolucionaron conforme las nuevas construcciones  redefinían el paisaje. Las mansiones o las casas encantadas como vimos en la terrorífica Hill House son las reinas actuales del terror. Pero no solo esas viejas mansiones del siglo pasado o el anterior puede ser hogar para la pesadilla pues incluso en nuestras casas modernas situadas en ciudades modernas hay cabida para el horror. 

Enriquez en eso es una maestra pues ella sigue la estela de autores como King y su hotel Overlock o su ciudad Derry, el entorno urbano es aterrador. Las calles argentinas son el escenario perfecto para sus cuentos góticos donde el fantasma o el aparecido deambula por ella como recuerdo funesto de un tiempo maldito de la historia donde la muerte gobernaba la Argentina de las manos siniestras de sus secuaces militares. Pero también hay cabida para la paz y el sosiego pues Enriquez siente devoción por los cementerios, lugares donde el tiempo parece en suspenso, hogar de los que se fueron donde reina la tranquilidad del ocaso y el recuerdo de los que fueron vivos flota entre las tumbas.

La segunda vértebra habla de los tiempos góticos. El tiempo en la literatura de horror puede ser parte de ese mismo horror, ya sea porque se detiene para siempre en un punto de no retorno, porque irrumpe como un glitch que perturba la realidad retorciéndose en algo siniestro o porque un momento concreto se repite en un bucle infinito de pesadilla. El vampiro es el ser que mejor reflejo el tiempo. Este ser maldito se ve condenado a una inmortalidad hueca donde su existencia depende de la muerte de otros. Enriquez pone el ejemplo de esa maravillosa película Nosferatu remake moderno del clásico de Murnau dirigida por Robert Eggers, uno de los más potentes exponentes del género actualmente. El conde Orlok (Drácula sin derechos) es un ser monstruoso, un cadáver putrefacto que tiene que trasladarse junto a la tierra de su patria. Su venida desde la lejana tierra centroeuropea supersticiosa y tenebrosa hacia un Londres pre revolución industrial trae la muerte y la enfermedad en forma de plaga de ratas. La novida del nomuerto vampírico es corrupta y podrida, un corazón que no late, que desea por sed de sangre y no por amor. 

La tercera vértebra habla de las subjetividades. La autora aquí habla de cómo el contexto político y social afecta al escritor. Los autores se empapan de aquello que viven, ven, leen, experimentan, y lo vuelcan en sus historias. 

La cuarta habla del cuerpo como la última frontera, pues cuando se destruye o vulnera se ataca a la último que podemos aferrarnos. La enfermedad, el dolor, la violencia externa o autoinfligida atacan a lo más delicado que tenemos el envoltorio de carne que nos recubre. El mejor subgénero que mejor refleja la degradación del cuerpo es el body horror. Analizando a una serie de escritores como Clive Barker y sus orgías de carne y sangre o directores como David Cronenberg padre la nueva carne, historias donde el cuerpo es el profano templo de la perversión, la degradación, el deseo, son los dioses oscuros a los que los que rendir culto en ceremonias de monstruosidades sanguinolentas. 

La quinta vértebra habla de cómo el trauma afecta a la literatura. Enriquez nos cuenta cuales fueron los traumas que más le afectaron a la hora de elaborar sus cuentos. La trágica historia de Argentina, con la siniestra sombra de la dictadura como recuerdo del horror en forma de los lugares de muerte y dolor que fueron aquellos edificios donde trasladaban a los inocentes de los que nunca volverían y producían fantasmas de los desaparecidos sin consuelo. El pavor al contacto por el Sida y los desastres de un capitalismo salvaje que siembra el paisaje de ruinas encantadas en forma de centros comerciales vacíos y decadentes. 

Conversación con la oscuridad es ya un libro imprescindible para entender el terror. Creo que está a la altura de ese otra gran ensayo que es Danza macabra del maestro Stephen King. Mariana Enriquez conoce de sobra el género y escribe un ensayo magnífico para entenderlo y apreciarlo. La gran idea que sobrevuela sobre todo el libro es que el terror sobrenatural no es más que un reflejo perverso de la realidad. Las grandes historias que nos ponen los vellos de punta esconde bajo su superficie es una vida real insoportable, el sabio aforismo goyesco de "el sueño de la razón produce monstruos".

Al igual que los grandes autores Mariana Enriquez destierra los viejos miedos góticos y escribe un terror que surgen de un dolor profundo fruto de los crímenes de la dictadura. Sus fantasmas abundan en las calles de una Argentina de pesadilla, plagada de un horror mundano y real. 

La autora se abre en canal y muestra como hace su magia a la hora de contar historias siniestras y macabras, cuentos de horror hijos de la más alta tradición literaria que viene de los grandes maestros góticos como Mary Shelly o Bram Stoker, pasando por la Terrorífica Trinidad del Terror (Poe, Lovecraft y King) y autores más modernos y dispares como J. G. Ballard o John Ajvide Lindqvist. Pero no solo es la literatura la que la influye si no también hay cabida para la cultura popular, el cine y la crónica negra. Una muestra de sus influencias eclécticas. 

Este libro demuestra el porqué Mariana Enriquez en la verdadera reina del Terror moderno. Un ensayo de lectura obliga para entender el qué es para mí, el mejor subgénero literario. 



Mariana Enriquez (1973-)

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