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Crimenes imaginarios, Patricia Highsmith

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"Lilybanks se preguntó qué estaría haciendo Alica en aquel momento y si se sentiría feliz o desgraciada. La señora Lilybanks estaba segura de que Alicia no tardaría en ponerle unas letras, dondequiera que estuviese. Quizás Sydney ya sabía dónde se encontraba pero no quería decirlo porque Alicia deseaba estar copletamente sola, sin comunicarse siquiera con sus amigos. En todo casola señora Lilybanks se dijo que lo mejor era no volver a mencionar a Alicia ante Sydney, no hablar no hablar de ella a menos que que él lo hiciera, ya que resultaba obvio que la situación le azoraba un poco. Pero ¿por qué se habría sonreído instantes después de mostrarse azorado? Bueno, era escritor y problamente por su cerebro pasaban fugazmente toda clase de cosas, cosas imaginarias. Y tangentes". Crímenes imaginarios. Esta es una de las reseñas más especiales que tengo el gusto de escribir. Pues cuando se trata de hablar de mis escritores favoritos, es un absoluto deleite. Ya he hablado de algunos ...

Las aventuras de Sherlock Holmes, A.C.Doyle

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— Bueno, cientos de veces.  Cuando escucho sus razonamientos — comenté — todo me parece tan ridículamente simple que da la impresión de que podría hacerlo yo mismo, aunque me deja desconcertado con cada una de las demostraciones de su discurrir hasta que me explica el proceso. Y aun así, creo que mis ojos ven tanto como los suyos. — Por supuesto — respondió mientras encendía un cigarro y se dejaba caer en su sillón — . Usted ve, pero no observa. Esa es la diferencia. Por ejemplo, ha visto muy a menudo los escalones que suben hasta la entrada de esta habitación. — Muy a menudo, sí. — ¿Cuántas veces? — ¿Cuántos escalones hay entonces? — ¿Cuántos? Pues no lo sé. —  ¡Efectivamente!, no ha observado. Y sin embargo ha visto. Eso es lo que quiero decir. Bueno, yo sé que hay diecisiete escalones porque los he visto y los he observado.                                           ...

Memorias de Adriano, Marguerite Yourcenar

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"Aquellos príncipes habían desempeñado su papel en los negocios humanos; ahora me incumbía a mí elegir de entre sus actos aquellos que importaba continuar, consolidando los mejores, corrigiendo los peores, hasta el día que otros hombres, más o menos calificados pero igualmente responsables, se encargaran de hacer otro tanto con los míos".  Memorias de Adriano. Roma, la antaño capital del mundo, hace siglos que todo su esplendor y gloria yacen muertos en escombros de ruinas marmóreas y recluidos en los museos del mundo. Pero su influencia sigue aún hoy en día más viva que nunca. Con el correr de los años no hay obra artística que no haya sido inspirada por el Imperio Romano. Músicas, pinturas, edificios, esculturas y películas han representado aquellos tiempos. Y la literatura no sería menos. Poesías, obras de teatro y novelas también se han dejado seducir por uno de los momentos más impresionantes de la historia. La novela a reseñar se centra en uno de los personajes claves d...

Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Robert Louis Stevenson

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"He observado que cuando portaba la figura de Edward Hyde, nadie podía acercarse a mí sin que se estremecieran sus carnes. Pienso que ello se debe a que todos los seres humanos, tal como los conocemos, son una mezcla de bien y de mal: y Edward Hyde, único en todo el ámbito del género humano, era mal puro".                                                                                               El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde . ¡Pasen y vean el horroroso espectáculo de la Parada de los monstruos! Atrévanse a contemplar los peores fenómenos de la naturaleza. Criaturas tan terroríficas que helarán vuestra sangre...ejem, pongamos un poco de cordura. La novela gótica del siglo XIX nos ha regalado una galería de seres malignos y horribles, que ...

El Dragón Rojo, Thomas Harris

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"Dolarhyde sintió que Lecter sabía lo irreales que eran las personas que morían para ayudarle a uno en estas cosas, que comprendía que no era carne si no aire y color y rápidos sonidos que velozmente se silenciaban cuando uno les transformaba, como globos de color que estallan, más importantes por la transformación, más importantes que las vidas por las que se arrastraban, suplicando. Dolarhyde soportaba los gritos de sus víctimas como un escultor el polvo de la piedra que trabaja. Lecter era capaz de comprender que la sangre y el aliento eran únicamente elementos que experimentaban una transformación para alimentar su resplandor, del mismo modo que la combustión es la fuente de luz".  El Dragón Rojo. ¿Qué tendrá el mal que nos atrae tanto? Esa aura maligna que nos arrastra y fascina, como la llama a la polilla. Ese morbo de asomarnos al abismo. Y cuán peligroso puede resultar hacerlo.  El escritor estadounidense Thomas Harris rompió uno de los sellos del apocalipsis al engen...

Meridiano de sangre, Cormac McCarthy

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"Con la oscuridad, un solo individuo se levantó portentosamente de entre los recién asesinados y se escabulló al claro de luna. El sitio en donde había yacido estaba empapado de sangre y de orina de las vejigas vaciadas de los animales y anduvo sucio como estaba y hediendo cual pestilente progenie de la hembra encarnada de la guerra misma. Los salvajes estaban agrupados en terreno alto y se podía ver la luz de sus fogatas y oír sus extraños y lastimeros cánticos allá donde se habían instalado para asar las mulas. Se abrió camino entre hombres pálidos y tullidos, entre los espatarrados caballos, y tras orientarse por las estrellas se encaminó hacia el sur. La noche tomaba un millar de formas en los matorrales y él iba con la vista fija en el suelo que pisaba. Estrellas y luna menguante hacían de sus devaneos una sombra tenue en la oscuridad del desierto y los lobos aullaban en lo alto de la sierra dirigiéndose al norte, hacia la matanza".   Meridiano de sangre.  La obra de Cor...

Crónica marcianas, Ray Bradbury

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No estaría bien hacer ruido, en esa primera noche de Marte, introducir un aparato extraño, brillante y tonto como una estufa. Sería una suerte de blasfemia importada. Ya habría tiempo para eso; ya habría tiempo para tirar latas de leche condensada a los nobles canales marcianos; ya habría tiempo para que las hojas del New York Times volaran arrastrándose por los solitarios y grises fondos de los mares de Marte; ya habría tiempo para dejar pieles de plátano y papeles grasientos en las estriadas, delicadas ruinas de las ciudades de este antiguo valle. Habría tiempo de sobra para eso. Y Spender se estremeció por dentro al pensarlo.                       "Aunque siga brillando la luna". Noche tras noche, año tras año, la mujer, sin ningún motivo, sale de casa y mira largamente al cielo con las manos en alto, mira la Tierra, la luz verde y brillante, sin saber por qué mira, y después entra y echa al fuego un trozo de leña, y el vien...