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Sin noticias de Gurb, Eduardo Mendoza

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"19.00 Llevo cuatro horas caminando. No sé dónde estoy y las piernas no me sostienen. La ciudad es enorme; el gentío, constante; el ruido, mucho. Me extraña no encontrar los monumentos habituales, como el Cenotafio de la Beata Madre Pilar, que podrían servirme de referencia. He parado a un peatón que parecía poseer un nivel de mansedumbre alto y le he preguntado dónde podría encontrar a una persona extraviada. Me ha preguntado qué edad tenía esa persona. Al contestarle que seis mil quinientos trece años, me ha sugerido que la buscara en El Corte Inglés. Lo peor es tener que respirar este aire inficionado de partículas suculentas. Es sabido que en algunas zonas urbanas la densidad del aire es tal que sus habitantes lo introducen en fundas y lo exportan bajo la denominación de morcillas. Tengo los ojos irritados, la nariz obstruida, la boca seca. ¡Cuánto mejor se está en Sardanyola! 20.30 Con la puesta de sol las condiciones atmosféricas habrían mejorado bastante si a los seres huma...

Los Gnomos, Will Huygens y Rien Poortvliet

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"En los primeros tiempos, en Europa, Rusia y Siberia, al gnomo se le aceptaba como miembro de la sociedad. Solía vérselas ordinariamente, y ellos venían a recompensar o castigar, a auxiliar u obstaculizar (según sus respectivas actitudes) a las gentes de toda condición: situación que llegó a parecerles completamente normal. Pero en aquellos tiempos las aguas eran transparentes y la selvas vírgenes, los caminos conducían en paz de un poblado a otro, y los cielos solo se llevaban de pájaros y estrellas.    Desde aquel entonces los gnomos se han visto obligados a retirarse a rincones ocultos, por encima y por debajo del suelo, donde se mantienen sin ser vistos, de tal modo que la creencia en su existencia se va desvaneciendo rápidamente. No obstante, de igual modo que, si no miramos con atención, no acertamos a ver una liebre en un prado o un ciervo en el bosque, con los gnomos sucede los mismos: es posible que no los veamos, ¡pero están ahí, seguro!" Los Gnomos. Uno de los recu...

Los jefes/Los cachorros, Mario Vargas Llosa

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Salimos. Hasta el borde de los escalones que vinculaba el Colegio San Miguel con la plaza Marino se extendía una multitud inmóvil y anhelante. Nuestros compañeros habían invadido los pequeños jardines y la fuente; esteban silenciosos y angustiados. Extrañamente, entre la mancha clara y estática parecían blancos, diminutos rectángulos que nadie pisaba. Las cabezas parecían iguales, uniformes, como en la formación para el desfile. Atravesamos la plaza. Nadie nos interrogó; se hacían a un lado, dejándonos paso y apretaban los labios. Hasta que pisamos la avenida, se mantuvieron en su lugar. Luego, siguiendo una consigna que nadie había impartido, caminaron tras de nosotros, al paso sin compás, como para ir a clases.  El pavimento hervía, parecía espejo que el sol iba disolviendo. "¿Será verdad?", pensé. Una noche calurosa y desierta me lo habían contado, en esta misma avenida, y no lo creí. Pero los periódicos decían que el sol, en algunos apartados lugares, volvía locos a los h...

Cónclave, Robert Harris

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" —Arzobispo Wozniak  —dijo Tremblay al tiempo que los demás comenzaban a incorporarse también —, ¿sería tan amable de acercarme el anillo del Santo Padre? Lomeli se irguió, provocando el crujido de unas rodillas que habían soportado décadas de reverencias continuas. Se apretó contra la pared para que el prefecto de la Casa Pontificia pasara como pudiera. El anillo no salió con facilidad. El pobre Wozniak, que sudaba con cierto embarazo, tenía que empujarlo hacia adelante y hacia atrás en torno al nudillo. Pero al final el anillo se soltó y Wozniak procedió a llevárselo sobre la palma extendida a Tremblay, quien introdujo la mano en la caja de plata para sacar las tijeras  —del tipo que se empleaba para podar rosales, pensó Lomeli — , entre cujas hojas cayó el anillo. Apretó con decisión e hizo una mueca a causa del esfuerzo. Se oyó un chasquido seco, momento en que el disco metálico en el que aparecía san Pedro recogiendo una red de pescador se desprendió. —Sede vacante — anu...

La leyes de la frontera, Javier Cercas

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" —El Zarco le dobló la mano. —Eso parecía, eso pensé yo aquella tarde, pero no lo crea; seguro que lo que habíamos robado valía mucho más; de lo contrario el General no hubiera pagado lo que pagó. Era muy listo, y su mujer todavía más. Siempre parecían ceder, pero en realidad no cedían nunca, o por lo menos nunca salían perdiendo; bien pensado, al Zarco le pasaba lo contrario, y no solo con el General y con su mujer: aunque a veces parecía ganar, siempre acababa perdiendo. Claro que yo tardé mucho tiempo en comprender eso. Las primeras veces que lo vi, en los recreativos Vilaró, el Zarco me pareció uno de esos tipos duros, imprevisibles y violentos que dan miedo porque no tienen miedo, exactamente lo contrario de lo que yo era o de como yo me sentía entonces: yo me sentía un perdedor nato,así que él solo podía ser un ganador nato, un tipo que iba a comerse el mudo; eso es lo que yo creo que fue para mí, y quizá no solo durante aquel verano. Como le digo, tardé mucho tiempo en com...

Dr. Bloodmoney o cómo nos las apañamos después de la bomba, Philip K. Dick

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"Nuestro pequeño y frágil mundo, pensó Bonny tan penosamente reconstruido después de la Emergencia... nuestra insignificante sociedad, con nuestros maltratados libros escolares, nuestros cigarrillos "Deluxe", nuestros camiones a gasógeno. No podrá soportar un castigo como este, no podrá soportar lo que le está haciendo Bruno, o lo que parece que le está haciendo. Un golpe dirigido certeramente contra nosotros y desapareceremos, los animales inteligentes perecerán, todas las nuevas y extrañas especies desaparecerán tan repentinamente como aparecieron. Una verdadera lástima, se dijo tristemente. No es justo. Terry, el perro hablador, él también. Quizá fuimos demasiado ambiciosos, quizá no debíamos atrevernos a reconstruir y a permanecer. Sin embargo, creo que en su conjunto lo hicimos bastante bien, pensó. Estábamos vivos, hacíamos el amor y bebíamos el Cinco Estrellas de Gill, educábanos a nuestros hijos en la escuela con extrañísimas ventanas, editábamos nuestro News ...

Poesías, Fray Luis de León

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¡Qué descansada vida la del que huye del mundanal ruïdo, y sigue la escondida senda, por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido; Que no le enturbia el pecho de los soberbios grandes el estado, ni del dorado techo se admira, fabricado del sabio Moro, en jaspe sustentado! No cura si la fama canta con voz su nombre pregonera, ni cura si encarama la lengua lisonjera lo que condena la verdad sincera. ¿Qué presta a mi contento si soy del vano dedo señalado; si, en busca deste viento, ando desalentado con ansias vivas, con mortal cuidado? ¡Oh monte, oh fuente, oh río,! ¡Oh secreto seguro, deleitoso! Roto casi el navío, a vuestro almo reposo huyo de aqueste mar tempestuoso. Un no rompido sueño, un día puro, alegre, libre quiero; no quiero ver el ceño vanamente severo de a quien la sangre ensalza o el dinero. Despiértenme las aves con su cantar sabroso no aprendido; no los cuidados graves de que es siempre seguido el que al ajeno arbitrio está atenido. Vivir quiero conmigo, goz...