Las autonosuyas, Fernando Vizcaíno Casas
España es un país que solo se entiende si vives en el. Cuando el dictador se fue para el otro barrio, la naciente y tambaleante democracia comenzaba su andadura para recuperar la libertad robada por el finado régimen. Una de las primeras cosas que se intentó volver a instaurar fue la excepcionalidad de las distintas nacionalidades que alberga el Estado. Cataluña, Galicia y el País Vasco son partes de España que tienen unas condiciones culturales que las hacen únicas al resto del país, como una lengua propia. Por eso, para suavizar las intenciones secesionistas, ya desde los tiempos de la República se les dio esa excepcionalidad, cosa que trajo excesos, como cuando Companys decidió por su cuenta establecer el Estat Catalán como nación al margen de la República. Pero esa es otra historia.
Devuelto el orden democrático había que volver a esos temas, deshaciendo el franquista "Una, grande y libre". Sin disolver la unidad nacional se reconocía el derecho al autogobierno de las demás regiones de España al igual que las antes mencionadas, junto a Andalucia. El famoso "café para todos" frase popularizada por el ministro Manuel Clavero. Tanto derecho tenía a la autonomía los vascos, catalanes, gallegos y andaluces, como extremeños, riojanos, manchegos y murcianos. Y así, como si de una gran tarta se tratará, el país fue dividiéndose poco a poco hasta formar las 17 comunidades autónomas y las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla que gozamos hoy en día.
Y claro nuevos gobiernos requieren nuevos administradores, por lo que la proliferación de cargos autonómicos salieron como domingueros cuando el puente cae en viernes. Presidentes, consejeros, delgados de gobierno, subdelegados, secretarios, alcaldes, concejales y tantos y tantos servidores públicos de nuevo cuño poblaron las recientes asambleas y parlamentos regionales. Y claro como el servicio público no tiene visos de vocación religiosa, por lo del voto de pobreza me refiero, muchos de estos nuevos políticos vieron aumentadas sus retribuciones monetarias gracias a los nuevos impuestos. Pero Dios me libre de acusarlos de afán de lucro. Pues bien sobre este fenómeno de las autonomías Fernando Vizcaíno Casas escribió una novela de historia-ficción como él las llamaba, donde con su mirada cínica y descreída del nuevo rumbo que llevaba este país antes llamado España (Vizcaíno Casas dixit) y del choteo que, según su visión, representaban esto del Estado de las autonomías. Esto es: Las autonosuyas de Fernando Vizcaíno Casas.
En Rebollar de la Mata, un pueblecito de la sierra madrileña, algo se esta cociendo. Don Austrasigildo López Roncero, a quien nos referiremos con el diminutivo cariñoso de Austra, alcalde del pueblo empieza a bullir en su cabeza una idea brillante. Siguiendo con especial interes las noticias que venían de las nuevas nacionalidades autonómicas, como Cataluña y Euskadi, ve con ojos golosones las mejoras fiscales que comienzan a llegar a las nuevas autonomías. Movido por mejorar la calidad de las gentes de Rebollar de la Mata (nunca los propios, por su puesto) y de toda la gente de la serranía cercana, concibe la grandiosa idea de formar una autonomía propia, uniendo los diferentes pueblos de los alrededores para formar el Ente Autónomo Serrano.
Convenciendo a los alcaldes de Becerril, Moralzarzal, Cerceda, Soto, Matalpino, Cercedilla, Los Molinos, Guadarrama y luego Colmenar, para crear el Ente Autónomo Serrano como nueva nacionalidad uniéndose a las catalana, vasca, gallega y andaluza, estableciéndose Austra como Muy Honorable Presidente, los ocho consejerias controladas por los alcaldes, redefiniendo el mapa para establecer la lineas divisorias que engloban el Ente, creando una bandera (blanca con unos esquís cruzados, símbolo del deporte tradicional de la zona, con una corona en lo alto), y un idioma propio, el farfullo surgido como dialecto serrano por el defecto en el habla de Austra que al farfullar no pronuncia las Ps cambiándolas por Fs. Una de las primeras decisiones de los nuevos políticos autonómicos serranos es establecer sus retribuciones monetarias, no por un afán de lucro por supuesto, de cada uno de ellos, por lo que también establecieron sus consecuentes nuevos impuestos.
Para que la nueva autonomía heche a andar Austra recorrerá este país antes llamado España, buscando el beneplácito de los demás hermanos autónomos para informarse de cómo plantear el nuevo Ente Autónomo al gobierno central. Vascos y catalanes verán con buenos ojos la nueva autonomía, y darán buenos consejos a Austra de como pegar el sablazo, digo, de cómo administrar con justicia y equidad. En Madrid tendrá también el apoyo del extravagante y campechano alcalde don Enrique Tierno Galván y del presidente del gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo. Pero no todo será de color de rosa para Austra y sus consejeros.
En Rebollar de la Mata no todos están contentos con el nuevo estatus del pueblo. A pesar de la labor de personas relevantes como el cura rojo y progresista Marceliano, un siervo de Dios pero también del proletariado, han pregonado las buenas nuevas del Ente autónomo serrano, no todos se han dejado llevar por sus encantos. Entre todos el más destacado objetor es don Ángel de Salazar, viejo coronel del ejército. Este hidalgo caballero hará lo que el deber le mandé para parar esa locura autonómica.
Las autonosuyas es otro de los deliciosas farsas históricas de Fernando Vizcaíno Casas. Si ya planteaba que pasaría si el dictador volviera de la tumba, ahora desmonta el naciente Estado de las autonomías con su visión propia.
Como dije en en la reseña de la resurrección franquista, vista a cuarenta años después no es más que una novela escrita, con mucha mala leche todo sea dicho, por alguien que veía con estupor los cambios que se estaban dando en España y que a muchos nostálgicos les parecían el principio del fin del país. Vizcaíno Casas expresa su opinión, compartida por sus muchos lectores, no por ello fue uno de los escritores más vendidos de su tiempo, con fina ironía, para algunos sería mejor llamarla burda, y un cinismo descreído por el régimen democrático.
Como nacido en los noventa, el Estado de las autonomías estaba más que consolidado en España. Y he podido comprobar que como todo tiene sus luces y sus sombras. Que las autónomas son un choteo (palabras del señor Alfonso Guerra) y que son un pozo de chupópteros y sinvergüenzas que desvalijan las arcas públicas dejando en mantillas a los 40 ladrones, que son una locura burocrática más digna de Kafka, son verdades objetivas que se pueden decir en voz alta. Al igual que hay comunidades de primera y de segunda (soy murciano, se de lo que hablo). Pero que también tiene cosas buenas si no digo que no.
Vizcaíno Casas puede que exageré en un esperpento muy suyo está política pero la verdad es que acierta en algunas de las quejas que he mencionado anteriormente, dejando en negro sobre blanco las verdades del barquero. Don Austra y los suyos no solo buscan el bienestar de sus ciudadanos (que no lo dudo) pero que lo buscan es llenarse los bolsillos con las nuevas tasas autonómicas es claro y meridiano. Bien es cierto que la alternativa que propone no es buena. Lo más terrible es que muchas de las cosas que denuncia se han cumplido hoy en día, demostrando que de aquellos barros estos lodos.
A mí me gusta como escribe don Fernando. Es un cachondo con un humor finísimo y una escritura elegante y juguetona, un maestro de la sátira política cruel y desenfadada, si pica que se rasquen pensaría mientras afilaba su pluma. Sería un facha nostálgico para muchos progresistas modernos pero escribía fenomenal y en algunas cosas, no todas, acertaba y por eso debería ser desterrado de las librerías de viejo, porque nunca la literatura puede ser dañina. ¡Y viva la Región de Murcia, pijo! Vale.


Muy bien escrito.
ResponderEliminar