La senda del perdedor, Charles Bukowski

"Realicé varias incursiones prácticas por los barrios para prepararme ante el futuro. No me gustó lo que vi. Entre sus hombres y mujeres no había ninguna osadía o brillantez especial. Deseaban lo que todo el mundo deseaba. Existían también ciertos obvios casos mentales a los que permitían deambular sin perturbarlos. Yo había observado que tanto en el extremo muy rico o muy pobre de la sociedad, a menudo se permitía que los locos se mezclaran libremente con los demás. También sabía que yo no era completamente sano. Todavía sabía, como cuando era niño, que albergaba algo extraño en mi interior. Me sentía como destinado a ser un asesino, un asaltante de bancos, un santo, un violador, un monje, un ermitaño. Necesitaba algún sitio aislado para esconderme. Los barrios bajos eran desagradables. La vida del hombre normal y sano era tediosa, pero que la muerte. Parecía no haber alternativa posible. Y la educación era una trampa. La poca educación a la que me había permitido acceder me había hecho más suspicaz. ¿Qué es lo que eran los doctores, abogados y científicos? Tan solo eran hombres que habían permitido que los privaran de su libertad de pensar y actuar como individuos. Volví a mí cobertizo y bebí..."
La senda del perdedor.




Conocí al bueno de Henry Chinaski cuando era un pobre desgraciado que mal vivía como cartero mientras pasaba su tiempo libre emborrachándose, follando y vomitando sobre su vieja máquina de escribir todo lo que le salía de sus apestosas y doloridas tripas en Cartero la primera novela que de él escribió su padre y alter ego mi adorado Charles Bukowski . Después vinieron Factótum donde le seguíamos entre polvos y borracheras coleccionado trabajos a cada cual peor pagado y que le duran menos que un resfriado y en Mujeres donde ya era un poeta y escritor de éxito pero el vacío de no poder compartir su triste vida junto a una mujer le consume. 

Pero claro Henry fue en un tiempo un niño que fue forjando su futuro de poeta de los desgraciados, los miserables y los que viven en los márgenes, y ese tiempo de juventud lleno del desprecio de sus padres y la indiferencia de sus compañeros la escribió el gran Bukowski es otra obra maestra suya protagonizada por su trasunto literario al cual hacia tiempo que no me sumergía en sus cínicas páginas y ha vuelto a maravillarme. Sin más y con muchísimo gusto os presento: La senda del perdedor de Charles Bukowski.

Bukowski, digo, Chinaski, nació en Alemania y su familia se trasladó a los Estados Unidos siendo muy pequeño. El libro comienza con Chinaski rememorando que sus primeros recuerdos es estar debajo de algo, de una mesa o de una silla. De su abuela que siempre decía que los enterraría a todos, de la primera vez que vio a su abuelo, un hombre de largos y blancos cabellos, ojos de un azul bellísimo y que le olía el aliento por su alcoholismo. Y sobre todo recuerda las constantes peleas entre su padre y su madre. 

Su padre es un don nadie con ínfulas de creerse algo, que vive en un barrio de parados como él pero que todos los días madruga para ir a un trabajo inexistente. Un hombre despreciable que solo sabe gruñir y engullir, mientras da palizas a su hijo y a su mujer. La madre de Henry en una mujer dócil que acepta los golpes de su marido sin rechistar a pesar de lo cual siempre le da la razón y es incapaz de salir en defensa de su hijo. 

Henry es un chico solitario que lo único que quiere es que le dejen en paz, pasar lo más desaparecido posible. Odia su situación de doble esclavo pues mientras está en su casa debe obedecer las normas de su tiránico padre bajo la amenaza de que le zurran la badana, literalmente. Y después debe acatar las imposiciones de los profesores en la escuela. No es muy popular que digamos, dado su carácter solitario y brusco, siempre rápido a contestar con algún comentario cínico y sarcástico. Aún así a su alrededor siempre revolotean, como moscas a la mierda (Chinaski dixit), una serie de personajillos igual de desarraigados que él. 

Chinaski irá pasando de niño a adolescente entre palizas de su padre, bronca con los compañeros con alguna pelea de por medio, y el descubrimiento de dos de sus más grandes pasiones: el sexo y el alcohol. También encontrará un amor por la literatura al leer compulsivamente libros de autores como Faulkner o Hemingway que le irán despertando el gusanillo de escribir. Pero su mayor tragedia personal será cuando sufra un acné terrible que le llenará la cara, el pecho y la espalda de horribles granos y pústulas que le provocaran dolor, quemazón y una vergüenza tremenda que lo hará recluirse más y más sobre en si mismo. Cosa que tampoco desprecia.

El futuro poeta borracho sentirá amor al primer trago cuando pruebe el licor gracias a un amigo. El sabor amargo del líquido espirituoso quemándole la garganta le llevará a hallar en cada gota de alcohol un pequeño bote de salvamento que volverá algo más aceptable su miserable vida. Como él mismo dice, esto le ayudaría en los días venideros. 

Otra característica del joven Chinaski es su capacidad de autodestrucción. A pesar de no querer tener contacto con los seres alineados y dóciles que pululan a su alrededor como robots sin alma, hay un pequeño trocito de su atormentada alma que ansia tener alguien a su lado con quien compartir este valle de lágrimas que es la vida, pero su carácter rebelde y pendenciero le llevan estar siempre a la defensiva, con contestaciones bordes e insultantes. No es misantropía ni misoginia es. Es incapaz de crear un vínculo con otra persona pues la soledad es el único hábitat donde puede vivir tranquilo y en paz. Odia a las hormigas obreras que llenan este mundo, a esos imbéciles que se dejan la piel matándose a trabajar para enriquecer a los asquerosos ricos que los miran con desprecio mientras conducen coches de lujo y de follan a las mujeres más hermosas.

La senda del perdedor puede ser la más amarga pero a la ver divertida de las novelas protagonizadas por Henry Chinaski. Bukowski no busca que te compadezca de su personaje, o de el si queremos, la compasión es para quien la necesite, él no quiere que compadezcas, solo déjale tranquilo. Puede que tenga unos padres de mierda, unos compañeros de mierda, un futuro de mierda, pero Henry es feliz a su manera. O mejor dicho solo existe. Dale una buena botella de whisky, una mujer de buenas piernas y generosos pechos y algo con lo que escribir y se puede dar con un canto en los dientes.

Como bien dice el título en español (más poético que el Jamón con centeno del original) nuestro joven Henry aprende a base de hostias inmisericordes que la vida es una mierda para aquellos que no tienen suerte. Incluso para los que se esfuerzan casa día para intentar rascar algo de fortuna. Es la muerte del Sueño americano. Un globo que explota en la cara de aquellos incautos que se creyeron esas ridiculez con una Los Ángeles gris y deprimente llena de almas en pena condenadas a un purgatorio eterno de mala suerte. 

Por eso Henry comprende que no merece la pena malgastar un solo minuto trabajando por un futuro plácido recompensado con una vejez tranquila tras años de miseria y humillación. Si las cartas que te han tocado son malísimas para que lamentarse, intenta que la partida sea lo menos jodida posible y que no te dejen sin calzoncillos. 

Ha sido un verdadero gustazo volver a sumergirme en la cínica y etílica obra del santo patrón de los borrachos y los desgraciados, mi adorado Bukowski, poeta de las entrañas. ¡Salud!


"Me recosté y me serví un vaso de vino. Dejé abierta la puerta. La luz de la luna entró junto con los sonidos de la ciudad: juke-boxes, automóviles, peleas, perros ladrando, radios... Estábamos todos metidos en lo mismo. Todos apilados en un inmenso retrete lleno de mierda. No había escapatoria. Íbamos a desaparecer con una cascada de agua cuando tiraran de la cadena."



Charles Bukowski (1920-1994)

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