Magnifico día para un exorcismo, una relectura de El Exorcista
Uno de mis mayores miedos, que son muchos, es un terror tremendo a la imagen poseída de Regan MacNail, la famosa niña del Exorcista. Cuando era un adolescente la 1 de TVE la repusieron bombardeando en los espacios publicitarios con imagenes de la película El Exorcista. Yo no tenía conocimiento de que narices era eso, pero de pronto vi una serie de secuencias de una niña con uno de los rostros más aterradores que jamás había visto, girando la cabeza como si de un buho se tratará y levitando con lo ojos en blanco. Claro aquello me aterrorizó de una manera intensa, provocándome una pesadillas atroces, que de vez en cuando me siguen atormentando durante la noche.
Durante años odie con todo mi ser al director de la película por ser el culpable de mis pesadillas y crecí con los rumores y leyendas urbanas en torno a ella, como que la niña que interpretaba Regan había terminado tocada psicológicamente. A pesar del miedo que me provocaba, siempre volvía a mí pensamiento, como esa canción pegajosa que se te clava en el neo córtex y suena incesantemente en tu cabeza. Recuerdo que mi madre me contó que la primera vez que la viero fue en mi casa junto a mí padre, una tía paterna y una amiga, y mientras mi madre estaba en otra sala oía los gritos de mi tía y la amiga.
También recuerdo que para satisfacer mi curiosidad mi madre me contó la película a su manera cosa que provocó en mi unas ganas terribles de verla a pesar del miedo que me daba. Así que un día, armado de valor, decidí enfrentarme a mí mayor miedo. Y fue una de las mejores decisiones de mi vida.
Fascinado ante lo que estaba viendo, descubrí una película que te atrapaba a través de sus imágenes realistamente aterradoras en donde un ente discordante perturbaba la cotidianeidad de un hogar americano. Porque no era la historia de una niña poseída en la europa del siglo XVII, donde lo que hoy está más que demostrado que son enfermedades mentales, la superstición y el fanatismo decían que era obra del Maligno. No, es la historia de una niña poseída en el corazón de los Estados Unidos a finales del moderno y racional siglo XX. El mal, desde el punto de vista católico, se introducía de forma abrupta en la vida de una famosa estrella de cine, que veía con el corazón destrozado, la transformación de su linda y encantadora hija de doce años, en un ser monstruoso y aterrador. Tras comprobar impotente que la medicina moderna es incapaz de dar una solución a la corrupción que consume a su hija, decide acudir a una institución que jamás imaginó: la Iglesia católica.
El magnífico guión de William Peter Blattly (no por ello se llevo un Óscar) y la soberbia dirección de William Friedkin me enamoraron, y no hablemos de las actuaciones antológicas de Ellen Burstyn como la sufrida madre, Linda Blair como la tierna/terrorífica hija endemoniada, Jason Miller como el atormentado sacerdote y Max con Sydow como el sobrio exorcista. Se convirtió en una de mis películas favoritas, me la se de memoria. Es fascinante como el terror se vuelve algo real, que nos puede tocar a cualquiera. Desde el punto de vista cristiano se vuelve mucho más aterradora pues sabemos de lo que está dispuesto a hacer el Enemigo para castigar al Creador a través de nosotros, su creación.
El horror más grande de mi vida se volvió una gran fascinación. Y claro está, tenía que leer la novela. En una librería de viejo encontré una edición con la portada mostrando el clásico fotograma de la película con el padre Merrin llegando a la casa de noche iluminado por un siniestro rayo de luz. Y la devoré. La novela conseguía transmitir el mismo terror que la película, gracias a la forma de escribir de su autor. Pero el libro estaba incompleto.
La novela se publicó en España durante las postrimerías del régimen franquista, a dos años de la muerte del dictador, por lo que varias partes de la novela fueron censuradas por su fuerte contenido blasfemo. Escenas como la del crucifijo, las palabras obscenas salidas de la boca de Regan poseída o algunas partes relacionadas con misas negras fueron cercenadas por la censura franquista. Pero lo más grave es que el nombre que el demonio se daba cuando hablaba con la niña pasó de ser el capitán Howdy al castizo capitán Trueno.
Gracias la magnífica editorial Nocturna Ediciones, han vuelto ha recuperar la edición integra y adaptada a nuestros tiempos, con una portada que pone los pelos de punta y claro no podía dejar la ocasión de comprarla y volver a leerla. Y que terrorífica maravilla. Solo diré que no podía leerla de noche y la portada la tapaba para dormir con el libro de Carrère. Una de las mejores relecturas que realizado. Sin más, que el preámbulo se ha hecho largo os presento: una relectura de El Exorcista de William Peter Blattly. Aviso de posibles spoilers.
La historia es la siguiente: Chris MacNail es una famosa actriz que vive en Nueva York mientras rueda una película del director Burke Dennings. Vive en una casa enorme cerca de la universidad de Georgetown junto a su hija de doce años Regan, Sharon su asistente y un matrimonio de criado suizos Willie y Karl. Todo va con normalidad cuando la niña empiece a manifestar una serie de extraños comportamientos que irán evolucionando en violentas sacudidas y cambios terribles de humor acompañados de un lenguaje muy soez.
Chris acudirá a varios médicos para intentar encontrar el mal que está afectando a su hija, pero los profesionales irán estrellándose contra un muro de desconcierto al comprobar que, a pesar de que los bruscos síntomas que atormentan a la niña van cada vez peor, son incapaces de ver qué le ocurre realmente. Tras meditarlo los médicos aconsejan que Chris acuda a un sacerdote para que le practiqué un exorcismo como terapia de choque.
Desesperada acudirá al padre Damien Karras, un sacerdote y psiquiatra que trabaja en la universidad. Este hombre atormentado que sufre una crisis de fe agravada por la muerte de su madre, será escéptico al principio pero comprobará con horror como lo que creía una profunda enfermedad mental es una posible posesión demoníaca. Aceptado por el obispado el exorcismo será realizado por el anciano sacerdote Lankester Merrin él cual ha tenido experiencia previa con otros exorcismos.
La lucha entre los dos sacerdotes y el ente que posee a Regan se dará en un exorcismo brutal que llevará al limite a los religiosos, con el ente atacando a Karras hablando como su fallecida madre. Merrin sucumbirá al morir de un infarto lo que llevará a Karras a amenazar al ente para que lo posea a él, lo cual consigue y antes de que haga daño a la niña se lanza por la ventana muriendo al caer contra las escaleras. El sacrificio de los dos sacerdotes salvará la vida a Regan. Ella y su madre se marcharán de la casa para intentar huir y dejar atrás el horror.
El exorcista es una obra capital del terror moderno. William Peter Blattly contribuyó a desatar una ola de paranoia colectiva en todo Estados Unidos conocida como el Satanic panic, que llevó a un terror extremo por lo demoníaco y una creencia sin fundamento de cientos de prácticas de misas negras por todo el país, gracias también a La semilla del diablo (condenación eterna al tormento del infierno a quien puso ese título en España) de Ira Levin y La profecía de David Seltzer, y sus respectivas adaptaciones cinematográficas por parte de Roman Polanski y Richard Donner.
La posesión de Regan por parte del demonio Pazuzu trajo de vuelta un miedo que se creía desterrado gracias a la paulatina perdida de la fe en el mundo moderno. Pero fue todo lo contrario. El miedo al demonio y sus fuerzas oscuras aún seguía latente y las fuertes imágenes tanto de la película como de la novela causaron un fuerte impacto. Se cuenta que ponían ambulancias en las salidas de los cines para atender a los aterrorizados espectadores.
La novela, inspirada por el catolicismo de su autor, es la gran historia del bien contra el mal. El ente que posee a Regan irrumpe como un elefante en una cacharrería en una casa moderna, donde cualquier connotación religiosa en casi nula. El demonio poseedor busca la destrucción de la pureza representada en la inocente y virginal Regan, sometiéndola a crueles tormentos, retorciendo su personalidad y desgastando su físico hasta convertirla en un monstruo deforme y horroroso, de voz demoníaca que vomita una papilla verde. Las horripilantes contorsiones que la obliga ha hacer como bajar las escaleras de espaldas como una araña o girar la cabeza de forma imposible, llegarán a un punto insoportable cuando viole a la la niña obligándola masturbarse violentamente con un crucifijo mientras exclama la frase más blasfema que yo recuerde: "¡Deja que Jesús te folle!" Qué Dios me perdone. Hay que añadir también que el demonio en la novela es mucho más parlanchín que en la película, desplegando una dotes de manipulación extraordinarias, siendo socarrón y cruel a partes iguales.
Frente a ese mal destructor que busca la desesperación y olvidemos que Dios está siempre con nosotros, están las fuerzas del bien con los sacerdotes Karras y Merrin. Damien Karras es un hombre derrotado, perdido, triste. Al ser el psiquiatra de los jesuitas ha tenido que escuchar los problemas de fe de sus compañeros y eso ha ido mermando la suya hasta perderla, sintiendo que aquel amor que le llenó hasta la plenitud y lo llevó a tomar los hábitos se ha desvanecido como el agua entre los dedos. Y si a eso le sumamos la gran tragedia de ver morir a su madre sola y desamparada lo ha destrozado completamente. Y encima tiene que enfrentar a un posible posesión demoníaca. Su mente racional intentará dar alguna explicación razonable ante lo que su fe no puede explicar.
El padre Lankester Merrin es el exorcista que da título a la novela. En el prólogo lo vemos de arqueólogo en una excavaciones en Irak. Es un anciano que parece soportar sobre sus hombros todo el mal del mundo. El prólogo desprende un horror soterrado, reptante, oculto entre las viejas ruinas de tiempos pasados. Merrin deambula antes de marcharse por los antiguos palacios derruidos con la sensación de que algo malo lo está acechando, esperando para enfrentarlo. Su miedo se hará realidad cuando se encuentre de frente ante la hórrida y arcaica estatua del demonio alado sumerio Pazuzu, de inquietante sonrisa. Icónica la escena de la película de las figuras del demonio y el exorcista cara a cara, con un rasgar insoportable de violines de fondo, recortados en el horizonte, enfrentados en un duelo en el cual solo puede quedar uno.
En la película el tema de la muerte truculenta de Burke Dennings y una serie de profanaciones en una iglesia se tocan por encima en la figura del detective Kindermann, gran aficionado del cine y a quien nadie quiere acompañar. Se da a entender que tras estos funestos incidentes estaría detrás Regan poseída, pero es tal la ambigüedad que queda a criterio del espectador decidir si es la responsable o no. Pero en la novela se cuenta explícitamente que si fue ella quien asesino a Burke y la que profano la iglesia, saliendo de la boca del demonio una confesión que podemos tomarla por verdadera o no conociendo lo mentiroso que es. Ilustrativa es la icónica imagen de Regan con la cabeza al revés mientras le dice a su madre con la voz del fallecido director: "¿Has visto lo que ha hecho la cochina de tu hija?"
El terror en la novela se puede palpar en cada frase. Conforme la posesión va destruyendo la tranquilidad de esa casa el terror se vuelve más crudo, sucio, blasfemo, una pesadilla atroz que engulle a sus víctimas. El miedo que representa Chris de ver el terrible sufrimiento de su hija es un miedo muy humano que nos lleva a ponernos en su piel, sentimos su dolor al ver el daño que parece Regan, sentimos su desesperación por no poder ponerle solución y salvarla para que vuelva a ser su querida hija. El autor sabe crear una atmósfera irresponsable e inquietante pues a pensar de conocer la historia de pe a pa ha conseguido asustarme en ocasiones y poder leer las partes censuradas ha sido entre desagradable y horrible.
Ha sido una relectura bastante gratificante pues he podido disfrutar de una de las obras maestras del terror moderno en toda su integridad y ha vuelto a ponerme los pelos de punta. Solo queda rezar un Padrenuestro para ahuyentar el mal y que Pazuzu no irrumpa en nuestras vidas.


Comentarios
Publicar un comentario