El final de Sancho Panza y otras suertes, Andrés Trapiello
"Lo dijo así porque a esas alturas Sansón y él ya estaban archiconvencidos, de que hicieran lo que hicieran, dijeran lo que dijeran, tarde o temprano acabaría saliendo a la luz en letra impresa lo que estaban viviendo y diciendo, y ello lo achacaban a una especie de destino que lo había dispuesto así, y, sabiéndolo, ya no se preguntaban más, pareciéndoles de lo más natural. Quiero decir que al principio se andaban ellos con cuidado de no hacer o decir tal cosa y no otra, pensando que así como lo hacían o decían, habrían de salir impreso. O sea, que vivían para el libro futuro, olvidándose de vivir para el presente. Pero esto acabó fatigándoles lo indecible, y hacía ya mucho tiempo que no se preocupaban de ello, sino de tarde en tarde, toda vez que tampoco estaban muy seguros de que fuesen a tener detrás de sí todo el santo día al próvido y desalado moro, o quien fuese, apuntando cuanto hacían y decían, siendo de necios el no decirlo, cuando acaso tampoco acabara escrito".Llegó el día que se celebra lo más maravilloso que ha creado ese ser imperfecto como es el ser humano: el libro. Que este primate que se levantó sobre sus dos patas y se atrevió a pensar que era superior a sus congéneres haya creado algo tan sublime, tan universal, se le perdona todos los pecados que a ido cometiendo durante siglos creyéndose dueño y señor de la Tierra.
Y que mejor efeméride para honrar el sacrosanto libro que el día que dejaron su carcasa mortal y entregaron el alma al Altísimo dos de los pilares fundamentales de la literatura universal como Miguel de Cervantes y William Shakespeare, junto al cronista de indias hispanoperuano Inca Garcilaso de la Vega. Pero la realidad es otra. La fecha de la muerte del Bardo correspondía al antiguo calendario juliano, vigente todavía en la Inglaterra jacobina, lo cual correspondería al 3 de mayo gregoriano. Y el Manco de Lepanto murió el 22 de abril pero si entierro se realizó el 23. El Inca Garcilaso sí murió un 23 de abril. Para unir a los dos grandes genios se decidió elegir este día para la conmemoración del libro por estar cercanas sus muertes, aunque no coincidan.
Pues sobre nuestro inmortal Cervantes vengo a hablar en este reseña homenaje al principal de mis autores favoritos con una reseña aunque no escrita por su pluma, si sale de ella pues los personajes que tanta fama le dieron fueron recogidos por un gran cervantista como es Andrés Trapiello, que al verlos huérfanos del Caballero de la Triste Figura decidió contar sus destinos una vez cerrado de Cervantes en Al morir don Quijote. Y como la cosa quedó con los grandes amigos de don Quijote dejando la aldea para tomar su propio destino, en este secuela deliciosa donde vemos que fue lo que les aconteció en el continente americano. Qué mejor forma de honrar al día del libro con: El final de Sancho Panza y otras suertes de Andrés Trapiello. ¡¡Aviso de posibles spoilers!!
Habíamos dejado a Sancho, Sansón, Antonia y Quiteria, el escudero, bachiller, sobrina y ama quijotescos, dejando la aldea de cuyo no quiso acordarse el autor, pues ya nada les ata a la tierra que los vio nacer salvo los huesos descompuestos de don Alonso Quijano el Bueno, que en vida recorrió los caminos como don Quijote de la Mancha cabellero andante deshaciendo entuertos.
Contagiados por el entusiasmo del bachiller Sansón, que sueña con la propiedad lejos de España, le acompañan en su viaje por ultramar para ir a las Indias en busca de fortuna, movidos por un tío de Sansón que les invita a compartir las mieles del paraíso indiano. Antonia comparte la alegría de su esposo, del que espera un hijo (fruto de un rozamiento con el gañán Cebadón), y tanto Quiteria y Sancho no comparten del todo la pasión de sus señores, pero les mueve la fidelidad y amistad con ellos, y al recién letrado escudero Panza sus viejas ansias de lanzarse al camino como hizo con su añorado amo don Quijote.
Por el camino hacia Sevilla donde embarcarán para la Indias de toparán con viejos conocidos como Cardenio y son Fernando, los dos amigos enfrentados por un amor y que se revolvió al encontrarse en la venta de Juan Palomeque con nuestro protagonistas desde Sierra Morena. Desde la aldea les seguirá el pérfido Cebadón mandando por el avaricioso escribano señor De Mal, quien aún guarda rencor a Antonia por rechazarlo y no poder quedarse con la casa de don Quijote. Y por ello urde un plan para vengarse de aquellos que tanto daño le han hecho.
Ya en Sevilla los cuatro manchegos verán con ojos desbordados una de las ciudades más importantes de su tiempo. Lugar de paso de tantas gentes, comerciantes, mercaderes, ladrones, jugadores, soldados de fortuna, un crisol de gentes que dejan anonadados a estos buenos provincianos. Allí tendrán que aguardar unos papeles que demuestren que tienen limpiezas de sangre, tendrán algunas malas experiencias como ir a prisión por un malentendido que acaba fatal para Cebadón, en donde en los fríos calabozos encontrarán al padre de Antonia, quien ella creía perdido en las Indias pero que su mala fortuna le llevó a estar en prisión donde conoció a Miguel de Cervantes al que le contó las locuras de su cuñado don Alonso. Y la triste despedida de Sancho de su fiel y amado rucio, del cual descubrimos su nombre Almanzor. Como topan con la compañía de Ángulo el Malo, comediantes que salen en la segunda parte del Quijote y que el caballero confundió con reyes y demonios reales por llevar aún sus disfraces, deciden venderles al rucio y al viejo Rocinante para que los usen en sus representaciones. Tiernos son los consejos que Sancho le da a su buen Almanzor entre besos y lágrimas para que sea el bueno jumento que tanto quiso.
Tras embarcar y comprar una pequeña esclava negrita portuguesa llamada Guiomar a la que cuidarán como una hija, toparán con un abordaje por piratas ingleses que les llevarán con ellos hasta América por la extrema educación de su capitán. Ya en territorio indiano, cruzarán selvas y cerros llenas de peligros, mosquitos como conejos, murciélagos chupasangre, indios bandoleros y un clima sofocante para llegar hasta la magnífica y bella ciudad de Arequipa en el Virreinato del Perú. Durante la dura travesía Antonia dará a luz una niña preciosa a la que llamarán María Sancha a la que llamarán cariñosamente como Mariquilla.
En Arequipa vivirán como reyes gracias a las generosidad de los tíos de Sansón, don Suero y doña Toda, prósperos indianos que han hecho fortuna siendo muy influyentes en la región al codearse con las más altas personalidades del Virreinato. Pero Sansón sentirá en su alma un vacío y una desazón que lo llevará a marchar lo más lejos posible de allí, afectado por el ansia de gozar de la misma libertad que tuvo don Quijote cuando se lanzó a los caminos armado de pies a cabeza. Pero la tragedia golpeará a nuestros protagonistas cuando en una celebración religiosa en honor a Nuestro Señor de los Temblores, una imagen muy venerada de Jesucristo atado a la columna, en la más amarga de las ironías un terrible terremoto destruirá la casi totalidad de la ciudad resultando muerto nuestro querido Sancho y Antonia muriendo de una fiebres junto a su querido esposo Sansón que vuelve tras el terremoto. Sansón volverá a partir pasando el tiempo lejos del hogar, para volver rico junto a su hija Mariquilla, la cual se ha convertido en una muchachita igual de preciosa que su madre, quedando solo ella en aquellas lejanas tierras tras enterrar a su padre junto a su amada esposa Antonia y su fiel Sancho, dando fin así a las suertes de los personajes que quedaron sin historia al morir don Quijote.
El final de Sancho Panza y otras suertes es el final de una cadena maravillosa que empieza con las dos partes de la novela de Cervantes, sigue con un autor que decidió darles la historia que merecían tras morir su protagonista y termina a miles de kilómetros de aquella pequeña aldea sin nombre forjándose sus propios destinos. Lo que hizo Andrés Trapiello con estas dos continuaciones del Quijote pero sin don Quijote, fue un acto de justicia para con unos personajes que merecían que algún sabio encantador narrará sus suertes tras enterrar al resucitador de la andante caballería.
Como dije en la anterior reseña las dos novelas podrían haber sido escritas por el mismísimo Manco, y esto puede constituir una blasfemia lo sé, pero es que se nota tanto la influencia cervantina en estás obras que puedo asegurar que le hubieran gustado leer a don Miguel. Trapiello maneja el castellano antiguo con soltura, resultando la narración en un híbrido entre en la forma escribir del Siglo de Oro y la de nuestros días, lo cual hace que la novela se lea con soltura y no cueste un trabajo hercúleo como lo es para algunos leer el original cervantino dada la lejanía del lenguaje. Solo mi adorado Arturo Pérez-Reverte hace tan hábil uso de ese vetusto castellano en la saga del Capitán Alatriste.
Pero no solo sabe retratar el castellano antiguo de forma sublime, si no que es dueño de un conocimiento de los usos y costumbres de las gentes de la época. Es capaz de transportarnos a la Sevilla de su tiempo, principal puerto español del Imperio, donde las galeras partían y arribaban desde los confines de la monarquía hispánica. Pero también podremos ser testigos del esplendor de la América española, con las profundas y peligrosas selvas y las impresionantes edificaciones que aún embellecen siendo testigo inmemorial de aquel esplendor hoy denostado por los que quieren reescribir la historia.
Pero el mayor homenaje a la obra de Cervantes, es como casi todos los personajes con los que se cruzan nuestros queridos manchegos saben de la existencia de las dos partes del Quijote. La sombra de la primera novela moderna de la historia comienza a alargarse, y no hay rincón donde no se conozcan las hazañas del Caballero de la Triste Figura. Muchos se quedarán maravillados al conocer a las personas que más cerca estuvieron de él, sobre todo al bueno de Sancho, quién sorprende a todos al demostrar que hay algo más que aquel labriego de buen corazón pero poca sal en la mollera. La presencia de don Quijote es constante, como un daimon benigno que les acompaña en todo el viaje, inclusive sacándolos de algún apuro, como con los piratas. También nos reencontraremos con varios personajes como Ginés de Pasamonte que sigue haciendo de las suyas aún cruzando el charco o los malvados duques.
Ha sido una lectura maravillosa al poder dar un final más o menos acertado, según para quién, para mí sí. Ver aquellos personajes que tantos buenos momentos nos dan dado ser dueños de sus destinos, riendo, llorando, amando, sufriendo y con el recuerdo constante del Ingenioso Hidalgo en un juego de metaficción encantador ha sido una gran lectura. No podría ser mejor homenaje para este día del libro que esta humilde reseña. Vale.

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