Cementerio de animales, Stephen King
"Louis miró en torno con inquietud. La niebla se había diluido un poco, pero él aún no podía verse los pies. Entonces oyó crujir unas ramas. Algo se movía en la espesura, algo bastante grande.Cerramos el mes del terror con el último miembro de la Terrorífica Trinidad del Terror. Hemos viajado a los confines de la Tierra de la mano del atormentado Edgar Allan Poe y hemos contemplado los horrores que se ocultan tras el velo del sueño y la realidad con el Sumo Sacerdote del Horror Cósmico H. P. Lovecraft.
Y ahora llegamos al rey del terror cuyo reinado sigue imbatible a sus sesenta y nueve años. No puede pasar un mes del terror sin zambullirse en las páginas de mi adorado Stephen King al que ya echaba de menos. Hace un año de la maravillosa lectura de las aventuras de Los Perdedores y el terrorífico payaso Pennywise y mi apetito lector ya pedía otra historia del Maestro de Maine. Y ahora traigo una de las mejores novelas que han salido de su prodigiosa y fecunda mente, una lectura que me ha mantenido en vilo con cada pasar de página, aumentando mi pasión por su obra. Una historia tan aterradora como triste que nos recuerda que debemos tener cuidado con lo que deseamos. Con muchísimo gusto os presento: Cementerio de animales de Stephen King.
¡¡Aviso de posibles SPOILERS!!
Louis Creed, su mujer Rachel, sus dos hijos pequeños Ellie y Gage y el gato familiar Church se trasladan a la ciudad de Ludlow, Maine a su nueva casa. Allí comenzarán una nueva vida por el trabajo de médico de Louis en la universidad y entablarán una amistad cercana con el matrimonio anciano formado por Jud y Norma Crandall que viven en frente. La única nota discordante en su nueva realidad será la carretera que corta las dos casas por las que pasan peligrosamente y a gran velocidad camiones de una empresa cercana.
Todo empezará a torcerse cuando Church muera atropellado por uno de esos camiones mientras Rachel y sus hijos estan de viaje en casa de sus abuelos. Jud le dirá a Louis que recoja al finado felino y los dos irán hasta un cementerio indio que está cercano al Cementerio de animales (escrito en inglés con faltas ortográficas infantiles como Pet Sematary), donde los niños del pueblo han enterrado durante años a sus queridas y añoradas mascotas. Louis enterrará al gato en aquella tierra sagrada para los indios de la tribu micmac y se enterará por Jud que en aquel lugar rigen fuerzas mágicas y ancestrales que devuelven a la vida a la carne muerta. Mientras Louis intenta asimilar esta descabellada e increíble historia hará una inquietante pregunta a Jud: ¿alguien ha enterrado a un ser humano alguna vez? Solo recibirá largas por parte de su afable vecino.
Church volverá al día siguiente. Pero no parece él mismo. Un olor desagradable a tierra putrefacta lo acompaña allá donde va. Su pelaje es más áspero y el tacto de su piel es de un frío que da repelús. Su mirada se ha vuelto más penetrante e inquietante y sus andares felinos antes elegantes se han tornado torpes, como de borracho, dando la sensación de que sus huesos están sueltos de su envoltorio cárnico. Pero lo más inquietante es que se ha vuelto un hábil cazador de ratas y ratones a los que trae a Louis después de destriparlos y arrancarles la cabeza como trofeo.
Dejando de lado la resurrección gatuna todo irá bien a la familia Creed. Pero la fatalidad hará su tétrica aparición cuando Gage muera atropellado por un camión. Esto destrozará al matrimonio sumiendo a Rachel en un dolor inconsolable y a Louis en un sentimiento profundo de culpa por no poder salvarle la vida a su hijo. Ellie intentará suplir el dolor por la perdida de su hermanito llevando una entrañable fotografía de ella junto a Gage en la nieve a todas partes. La pena insoportable por la perdida del pequeño llevará a Louis a una situación tan desesperada cuya única solución parece estar en aquel cementerio indio del cual regresó Church.
Cementerio de animales a sido una de las mejores lecturas del año sin duda. Stephen King escribe una historia sobre el duelo y la perdida en forma de una gran historia de terror donde el deseo más humano, el que nuestros seres queridos difuntos regresen de la muerte, acabe convirtiéndose en una pesadilla al enfrentarse a fuerzas ancestrales que no podemos controlar.
No puedo imaginar el dolor que deben sentir aquellos padres que han tenido la desgracia de perder a un hijo. Sí conozco el sentimiento de tristeza de la perdida, pues dos personas muy importantes para mí se fueron siendo yo muy joven, pero la muerte de un hijo tiene que ser algo indescriptible. Ver cómo la vida que trajiste al mundo se trunca tan pronto, y más si son niños, debe ser terrible. La historia le vino a la mente a King cuando murió el gato de la familia y cuando casi pierde a su hijo pequeño Owen al morir atropellado por un camión del que salvó a tiempo. Aquel horror de pensar en ver morir de una forma tan atroz a su hijo puso el mecanismo de su fecunda imaginación y dio forma a esta historia que heló la sangra al propio King.
Porque a parte del horror sobrenatural representado en el místico y maldito cementerio del cual vuelven redivivos los que allí se entierran, la novela habla de un sentimiento universal que es el duelo ante la muerte. Desde el momento que salimos del interior de nuestra madre comienza la cuenta atrás de nuestra existencia que termina con el fundido a negro. Todos vamos a morir. Y todos vamos a ver morir en un momento dado a nuestros seres queridos. Y este es el dolor que sostiene la novela. La perdida de alguien a quien amamos es una hostia que te suelta la vida y nos deja en shock, del cual intentamos despertar de ese mal sueño.
El sufrimiento que causa el no poder volver a ver a esa persona, volver a compartir momentos juntos y generar recuerdos truncados por la Señora de la guadaña nos hace no entender el porqué. La niña de Louis, Ellie, verbaliza ese sentimiento cuando el miedo a perder a su querido gatito la atenaza diciendo que no es justo que Dios se lo lleve, que se busque a otro gato (frase que dijo Naomi la hija de King). No podemos soportarlo y esto nos lleva desear desesperadamente que vuelvan a la vida. Pero hay que tener cuidado con lo que se desea.
La gran inspiración literaria de la que bebe la novela es el cuento La pata del mono de W. W. Jacobs donde una extraña pata de mono momificada concede deseos a su portador, aunque de forma retorcida. Louis descubrirá a su pesar que jugar con la vida y la muerte tiene consecuencias fatales cuando entierre a su gato Church y luego a su hijo Gage. Porque lo que vuelve a la vida no es de este mundo. Es algo monstruoso, sin alma, una criatura liminal entre lo vivo y lo muerto, carne muerta que se mueve de forma errática, una caricatura siniestra y malvada de un ser vivo.
Porque el horror que surge de la perdida y el duelo viene de tradiciones tan antiguas y ancestrales como la misma Tierra. Los poderes que emanan de ese trozo maldito donde los micmac enterraban a los suyos ahora devuelve a lo que profana sus entrañas corrupto, a merced del ser que controla el bosque. Antes de los acontecimientos que ponen patas arriba la feliz vida de Louis y su familia será testigo de la muerte de un alumno tras un fatal accidente. Por la noche recibirá en sueños (o no) la visita del muerto, con la cabeza aún abierta y salpicando líquido cefalorraquídeo, advirtiéndole de los peligroso que es molestar a las fuerzas atávicas que rigen esas tierras. Algernon Blackwood habla de esta criatura en un relato que inspiró a Lovecraft.
Cada novela que leo de Stephen King me hace enamorarme más de sus historias, dando gracias por volver a contarlo entre mis autores predilectos. Esta novela (que entra de lleno a la lista de mis favoritas del Rey) va más allá del género de terror. King retrata con mucho acierto ese universal miedo a la muerte, la última frontera, el viaje sin retorno, el sueño eterno, el dolor de la perdida y el deseo del reencuentro. Una novela trágica, triste, macabra y bella. Una obra maestra. Vaya broche de oro para despedir el mes del terror en la mágica Noche de Difuntos. Y recordad tened cuidado con lo deseáis. Feliz Halloween y dulces sueños. ¡Larga vida al Rey!

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