Dagón y otros cuentos macabros, H. P. Lovecraft
Al acercarme a la ciudad sin nombre me di cuenta de que estaba maldita. Avanzaba por un valle terrible y reseco bajo la luna, y la vi a lo lejos emergiendo misteriosamente de las arenas, como aflora parcialmente un cadáver de una sepultura desecha. El miedo hablaba desde las erosionadas piedras de esta vetusta superviviente del diluvio, de esta bisabuela de la más antigua pirámide; y un aura imperceptible me repelía y me conminaba a retroceder ante antiguos y siniestros secretos que ningún hombre debía ver, ni nadie se habría atrevido a examinar. Una nueva y aterradora reseña en este Mes del Terror y le toca ahora el turno al segundo miembro de la Terrorífica Trinidad del Terror. Invoco al Sumo Sacerdote del Horror Cósmico para que abra los sellos que guardan los profundos y malditos horrores que guardan los vastos confines del más oscuro y terrible universo. Howard Phillips Lovecraft cambió para siempre la literatura de terror con sus historias de criaturas venidas de tiempos donde el hombre apenas era un pensamiento en la cadena evolutiva y gobernaban una Tierra salvaje y peligrosa. Pero antes de los relatos que engloban los llamados Mitos de Cthulhu experimentó con el género donde los temas recurrentes son la influencia de Lord Dunsany, el viaje a los confines de las tierras del sueño y los peligros de la experimentación científica. Una recopilación que recoge los primeros pasos de un autor clave del terror y una buena manera de adentrarse en los horrores lovecraftianos. Con mucho gusto os presento: Dagón y otros cuentos macabros de H. P. Lovecraft.
Los relatos que engloban la recopilación representan la evolución narrativa y temática del Maestro de Providence. Algunos cuentos como Dagón o La tumba datan de 1917. Y el último, Lo innombrable es de 1923. Vemos en estos relatos a un Lovecraft primerizo que busca su propio terrero en el terror y vuelca las influencias de sus adorados autores en sus historias.
Cómo vimos en la primera parte de la antología de Los Mitos Cthulhu fueron las lecturas de los grandes maestros los que fueron abonando el terrero fértil de la mente de Lovecraft. De dos de ellos son los que más resaltan en estos relatos. Por un lado tenemos a Lord Dunsany. Los relatos que conforman el llamado Ciclo onírico, beben mucho de la obra del autor de Los dioses de Pegāna. Aquí Lovecraft introduce uno de los paisajes más fascinantes, misteriosos y, por supuesto, peligrosos del imaginario lovecraftiano: Las Tierras del Sueño.
Para acceder a las Tierras del Sueño debe hacerse mientras se duerme. En el momento en que la conciencia y el entendimiento se apagan, el soñador cruza el umbral hacia un dimensión profunda donde los límites de la realidad se rompen y la comprensión humana es incapaz de entender toda la vastedad de lo que contempla y experimenta. El relato Hipnos define perfectamente lo que son esos oníricos paisajes: «Es imposible hablar de nuestras conversaciones, ya que tenían poco muy que ver con las cosas del mundo que los hombres conocen. Se referían a ese universo inmenso y sobrecogedor, de brumosa entidad y conciencia, que está por debajo de la materia, el tiempo y el espacio, y cuya existencia vislumbramos tan solo en determinados sueños... en esos sueños raros que están más a allá de los sueños que jamás visitan a los hombres ordinarios, y tan solo una o dos veces en la vida a los hombres con imaginación».
Lovecraft describe algunas regiones con el estilo ampuloso y épico de Lord Dunsany. Paisajes de una belleza imperecedera que escapa a cualquier lugar de la Tierra. Ciudades majestuosas cuyos reinos levantaron en épocas que se pierden en el tiempo palacios inmensos y resplandecientes. Relatos como Polaris, La nave blanca, Los gatos de Ulthar, Celephaïs, Hipnos y Los otros dioses pertenecen a este ciclo.
El segundo autor que más influjo aporta en los relatos es Arthur Manchen. El autor de El gran dios Pan aporta la figura del científico o del explorador de lo oculto que para satisfacer su curiosidad cruzan unos límites de los que acabará arrepintiéndose. Los pobres desgraciados que juegan con los límites y las barreras que la realidad levanta contra los horrores que se encuentran fuera de nuestra dimensión, serán víctimas de su propio ego y sus ansias de conocimiento, y traerán a este mundo criaturas y seres de pesadilla que los llevará a la locura y hasta la muerte.
Buenos ejemplos de esta categoría serían La tumba y Arthur Jermyn para los explotadores, y Más allá de los muros del sueño y Del más allá para los científicos. En La tumba se nos narra la obsesión de un hombre por una cripta oculta y misteriosa que lo llevará a la locura. Arthur Jermyn cuenta como el hombre que da título al relato se quema a lo bonzo tras recibir un paquete relacionado con su familia y una tribu perdida del África adoradores de una terrorífica diosa mono. En Más allá de los muros del sueño un médico se obsesionará con los extraños sueños que describe un campesino analfabeto que hablan de unas entidades extracorpóreas y traslucidas, y en Del más allá un científico verá la caída en la locura de su colega por una teoría que rompe las barreras de nuestra dimensión fuera del alcance de nuestros primitivos sentidos. Cosa que provocará consecuencias terribles.
Pero sin duda los mejores relatos inspirados por Machen son La ciudad sin nombre y Herbert West, reanimador. En el primero vemos ya retazos de los Mitos al ser nombrado el árabe loco Abdul Alhazred, cronista maldito de los saberes prohibidos en el profano y mortal Necronomicón. En este aterrador cuento seguimos los pasos de un arqueólogo cuya obsesión es contemplar la mítica Ciudad sin nombre. Adentrándose en sus muros abandonados por el tiempo contemplará dentro de las entrañas de la ciudad que las manos que la levantaron no fueron humanas. Herbert West, reanimador es la historia de este médico obsesionado con la reanimación de la carne muerta a través de un suero de su invención. Narrado a través de los ojos espantados de su amigo que le ayudara en esta locura, viendo los horrores que trae jugar a ser Dios.
Los últimos relatos de los que me gustaría hablar son los que ya dejan ver el horror cósmico y sobrenatural que encumbró a Lovecraft al Olimpo del terror. Relatos magníficos como El templo (uno de mis favoritos), donde un capitán alemán de la Gran Guerra narra el descubrimiento que hace en su submarino de una misteriosa ciudad sumergida. El sabueso, donde unos ladrones de tumbas encontrarán un amuleto de jade maldito que acompañará la venida de un can monstruoso sediento de sangre y que tiene la particularidad de ser el primer relato de Lovecraft que nombra el grimorio maldito de el Necronomicón. Y El horror oculto y Lo innombrable, historias donde seres surgidos de la más espantosa pesadilla acechan a los desdichados protagonistas.
Y por encima de todos está el primer relato que leí de Lovecraft hace tantos años que su impronta aterradora sigue viva en mi mente y ha sido una delicia volver a leerlo. Dagón es uno de mis relatos favoritos del Maestro de Providence. En el se encuentra todo lo grandioso de la obra de Lovecraft. La larga sombra del dios anfibio se proyecta malsana sobre varias historias posteriores de Lovecraft como La sombra sobre Innsmouth, otro de mis favoritos. Dagón es corto, preciso y con uno de los finales más emocionantes de la literatura desde El corazón delator del maestro Edgar Allan Poe. Lovecraft narra la historia de un soldado de la Gran Guerra cuyo barco es hundido por los alemanes. Estos lo retienen en su barco del cual se escapa a pesar del buen trato del enemigo germano. Huyendo a la deriva en un bote acabará llegando a una extraña isla donde reina la podredumbre y la muerte, pues su suelo esta formado por un cieno putrefacto y cientos de peces muertos se pudren al sol envolviendo el ambiente con un aire pestilente y malsano. Tras días vagando encontrará un enorme monolito surgido del mar. Sorprendido verá una serie de jeroglíficos tallados en la superficie del monolito. Imágenes inquietantes que retratan formas y letras desconocidas e incomprensibles para la mente humana. Pero lo más impactante que contemplará, hasta el punto de depender de la morfina para calmar los terrores que lo atormentan, será cuando de lo más profundo del mar emerga una gigantesca criatura de forma anfibia y se abrace al monolito. La criatura no repará en su presencia y emitirá un terrible rugido. Asustado huirá hacia el barco donde se desvanecerá a causa del shock. Despertará en un hospital donde fue trasladado tras ser rescatado. Las imágenes de lo que vio lo atormentan de tal forma que solo la droga da algo de calma a su alma. Un experto no entenderá su preguntas pero le hablará de la antigua deidad-pez Dagón, cosas que no satisfará sus dudas dada la incomprensión del experto. Desesperado por las imágenes de la criatura durante las noches de luna y teniendo el futuro de la humanidad cuando sean aniquilados por esta se suicidara arrojándose por la ventana escribiendo desesperado sus últimos palabras: «Se acerca el fin. Oigo ruido en la puerta, como si forcejeara en ella un cuerpo inmenso y resbaladizo. No me encontrará. ¡Dios mío, esa mano! ¡La ventana! ¡La ventana!». Brillante y aterrador.
Dagón y otros cuentos macabros es una magnífica puerta de entrada a la obra de H. P. Lovecraft. En ellos se encuentran los principales tropos que representan su maravillosa e inquietante mundo de terror. Lovecraft recarga el relato con una retahíla de verbos que resaltan lo macabro y perturbador, provocando en el lector el desasosiego y el malestar, contagiando el miedo terrible que atenaza a sus protagonistas. No hay escapatoria donde huir y final feliz que devuelva la paz turbada por los horrores que rugen y gimen expectantes para saltar sobre sus víctimas. La profundidad del mar, una tumba desconocida, incluso el mismo sueño son lugares peligrosos donde se oculta el terror sin nombre.
Ha sido un gustazo leer estos relatos del Sumo Sacerdote del prohibido culto a Cthulhu, segunda persona de la Terrorífica Trinidad del Terror. Dulces sueños.

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