El candor del Padre Brown, G. K. Chesterton

—¿De qué demonios está hablando? —preguntó el otro.
—Bueno, creí que conocería las marcas —dijo el padre Brown, agradablemente sorprendido —. Oh, ya veo que su envilecimiento no ha llegado demasiado lejos. 
—¿Cómo diantres conoce usted todos esos horrores? —exclamó Flambeau.
La sombra de una sonrisa cruzó la cara redonda y simple de su clerical oponente. 
—Oh, pues siendo un célibe bobalicón, supongo —dijo—. ¿No se le ha ocurrido pensar que un hombre que se pasa casi todo el tiempo escuchando los pecados de los demás puede llegar a entender algo del mal humano? Pero, en realidad, hay otra pista que me confirmó que usted no era sacerdote. 
—¿Cuál? —preguntó el ladrón boquiabierto.
—Usted atacó a la razón —dijo el padre Brown—, esa es una mala teología.
La cruz azul.


—Ha debido de realizar un esfuerzo endemoniado para conseguir imputarle el crimen a Kalon en diez minutos. 
El padre Brown dio una especie de respingo.
—Oh, no a él —dijo—. El esfuerzo lo tuve que hacer para conectar a la señorita Joan con la estilográfica. Sabía que Kalon era el asesino antes de entrar por el portal del edificio. 
—¡Está bromeando! —exclamó Flambeau.
—No, se lo digo en serio —respondió el sacerdote—, le digo que sabía que él lo había cometido antes incluso de que yo supiera qué había cometido. 
—Pero, ¿cómo?
—Eso paganos estoicos —dijo Brown reflexionando—, siempre fallan por su fuerza. En la calle se oye un estampido y gritos y el sacerdote de Apolo ni siquiera se mueve o mira a su alrededor. No sabía lo que era, pero sabía que lo había estado esperando. 
El ojo de Apolo. 




Normalmente cuando uno piensa en un detective literario suele venir a la cabeza la figura espigada y delgada de Sherlock Holmes fumando su pipa o la figura canija y pulcramente vestida de Hércules Poirot y su gran bigote puntiagudo. Jamás pensaría uno en la figura de un pequeño y regordete sacerdote catolico, con su larga sotana negra hasta los pies, sombrero de teja y un inseparable paraguas. Pues una de las mentes más prodigiosas y fecundas del siglo XX si se la imaginó y nos regalo a uno de los detectives más peculiares y originales de la literatura. Un hombre de fe que utiliza sus profundos conocimientos filosóficos y humanos para resolver los más intrincados misterios. En esta primera reseña del año os presento con sumo gusto: El candor del Padre Brown de Gilbert Keith Chesterton. 

En los doce relatos que reúnen las primeras aventuras del bueno del padre Brown se repite una estructura básica: se nos presenta el lugar donde ocurre la trama y los principales personajes, y tras el contexto ocurre el elemento discordante que da pie a un misterio, puede ser un robo o un asesinato, la naturaleza del misterio puede ser algo tan intrincado que haga devanarse los sesos a los personajes que quieran resolverlo o puede resultar algo a plena vista sencillo que parezca que no necesita resolución. Pero de pronto surge el padre Brown, un cura tan irrelevante que nadie se percata de su presencia y con una sencillez pasmosa dice tener la respuesta al misterio. El relato suele terminar con el padre explicando como llego a esa conclusión y con la convicción de que el criminal expie sus pecados. 

Porque a diferencia de sus homólogos literarios que buscan resolver el caso y llevar al criminal ante la justicia de los hombres, al padre Brown, dado su cargo eclesiástico, lo que más le importa es que el alma del malhechor es que se arrepienta de sus pecados ante Dios. No es que no le importe la justicia pero si que al menos la condena terrena sea la única que atormente el alma del criminal y que en la otra vida puede obtener el perdón divino. 

Es inevitable la influencia del catolicismo que lo llevaría a convertirse en 1922 a la hora de potenciar la salvación de los pecadores. La idea de la redención es capital para el padre Brown, pues su oficio como sacerdote católico es devolver a la senda correcta a las ovejas descarriadas. Un buen ejemplo de ello es Flambeau, al cual conocemos en La cruz azul el primer relato donde intenta robar una reliquia  religiosa y tras una conversación con el padre este se arrepiente y se entrega tras lo cual lo veremos reformado acompañándolo como una especie de Watson e incluso montando una agencia de detective. 

El padre Brown es un personaje bastante peculiar, su apariencia anodina le hace no resaltar ante los personajes que algunas veces se sorprende de su presencia. Con una curiosidad rozando lo infantil lo lleva a ponerse a cuatro patas de hace falta para observar algún detalle que le llame la atención y los demás han pasado por alto. Su vitalidad y alegría solo se ensombrecen cuando es incapaz de dar con una respuesta, incluso llegando a mortificarse a si mismo exclamado: "¡Cómo he podido ser tan estúpido!". Su método detectivesco de basa en su capacidad para observar con vista de lince el escenario, sin necesidad de basarse en pruebas científicas, ojo lo que no quiere decir que rechace el método científico pues considera que fe y razón deben ir de la mano e incluso es el primero dar una explicación racional frente a otros que sostienen una explicación sobrenatural. Pero lo que lo hace ser un gran detective es su gran conocimiento sobre la condición humana, conociendo lo frágil que es la linea que separa la virtud del pecado y del "no nos dejes caer en la tentación" que fácil es dejarse llevar por los más bajos instintos y transgredir. 

El candor del Padre Brown  ha resultado una lectura deliciosa. Chesterton crea unos crímenes fascinantes por lo difíciles que son de resolver, yo he sido incapaz de resolverlos. Todos los relatos me han gustado bastante pero si tuviera que quedarme con algunos sería La cruz azul por como el padre va dejando pistas para que se resuelva y como es capaz de engañar al Flambeau; El jardín secreto donde en una mansión asesinan a alguien de forma espectacular y nadie parece inocente; El martillo de Dios donde la resolución del caso se encuentra en un elemento de la naturaleza y El ojo de Apolo donde se junta un líder carismático de secta extraña y una suculenta herencia. 

Un personaje imprescindible para los amantes del misterio, entre los que me incluyo, y del cual ya eran fan por una serie que adapta sus aventuras, con algunas diferencias, que vi con mi padre interpretado por el gran actor inglés Mark Williams a quienes conoceréis como Arthur Weasley padre del despistado amigo de Harry Potter Ron. 


Gilbert Keith Chesterton (1874-1936)

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