Pequeños cuentos misóginos, Patricia Highsmith

La idea de Sarah era matar a Sylvester a base de buenas comidas, de amabilidad en cierto sentido, de cumplir con su deber de esposa. Iba a cocinar más y de una forma más elaborada. Sylvester ya tenía barriga; el médico le había advertido que tuviera cuidado con los excesos en la comida, la falta de ejercicio y todo ese rollo, pero Sarah estaba suficientemente informada respecto al control de peso como para saber que lo que cuenta es lo que se come, no el ejercicio que se haga. Y a Sylvester le encantaba comer. El escenario estaba preparado y ¿qué podía perder?
"La prostituta autorizada o la esposa".



Dejamos a Thea a los quince años, sentada frente a un espejo, acicalándose. Se siente especialmente feliz esta noche porque su más próxima rival, una chica llamada Elizabeth, acaba de tener un accidente de coche y se ha roto la nariz y la mandíbula y sufre lesiones en un ojo, por lo que ya no volverá a ser la misma. Se acerca el verano, con todos sus bailes en las terrazas y fiestas en las piscinas. Incluso corre el rumor de que Elizabeth tendrá que ponerse la dentadura inferior postizas, de tantos dientes como se rompió, pero la lesión del ojo debe ser lo más visible. En cambio Thea escapará a todas las catástrofes. Hay una divinidad que protege a las perfectas señoritas como Thea.
"La perfecta señorita".



Según la RAE la misoginia es: "aversión a las mujeres". Creo que Patricia Highsmith más que misógina era una misántropa, dado el destino truculento que solía darle a sus personajes. Como una diosa implacable castiga con dureza a sus criaturas con muertes que provocan una mueca traviesa en aquellos que leen sus obras, entre los que me incluyo. Por eso la adoro. Tras leer unos cuentos deliciosos donde los animales se vuelven contra los seres humanos, ahora toca el turno en un librito (no es un decir, apenas llega las cien páginas), donde en pequeñas historias varias mujeres sufrirán un destino fatal al más puro estilo de la creadora de Tom Ripley. Con muchísimo gusto os presento: Pequeños cuentos misóginos de Patricia Highsmith.

Escribió el gran Baltasar Gracián "lo bueno si breve, dos veces bueno", desconozco si Highsmith conocía este aforismo castellano pero es indudable lo bien que lo cumple en estos brevísimos cuentos, cuya extensión varía entre las dos, tres y cuatro páginas. 

En una detonación brutal de lo cotidiano, Highsmith con su habitual ironía cruel nos presenta un rosario de mujeres variopintas que llevan al extremo sus obsesiones. Cualquiera puede ser una sociópata, desde una esposa, una suegra, una bailarina, incluso una mujer de las cavernas. Los pequeños insectos que son los personajes en manos de una niña traviesa y cruel se enfrentan a destinos que ningún condenado al tormento eterno desearía sufrir. Mujeres y hombres, pero sobre todo ellas, de ahí el título de la obra. Si en el libro de cuentos donde los animales encontraban algo de justicia al enfrentarse ante sus oponentes humanos, aqui la justica brilla por su ausencia. No hay cabida para la misericordia para la autora, sus personajes están destinados a la autodestrucción, sea motivada por ellos o no, normalmente sí son ellos los que lo provocan con decisiones absurdas. 

Encontramos una literal pedida de mano por parte de un desgraciado novio a su padre, una atractiva y peluda cavernícola que vuelve loco a todos los hombres de su tribu a pesar de sus compañeras, una coqueta que pagara sus coqueterías con los numerosos amantes que colecciona, una artista que llevará demasiado lejos sus inclinaciones artísticas, una esposa muy entregada a su marido al que agasaja con copiosas comidas, un matrimonio que ve con sorpresa como ella se queda varias veces embarazada dando a luz un buen numero de retoños, etc, etc.

Pequeños cuentos misóginos no sera la mejor obra de mi adorada Patricia Highsmith pero si es una buena muestra de su negrísimo humor, su cruel ironia y su profundo desprecio por los seres humanos. Me gustaría imaginarmela tecleando con un furia y placer en su máquina de escribir, con una sádica y feroz sonrisa mientras destruye a sus pobres personajes. Aquí no se salva nadie, todos en mayor o menor medida saldrán malparados. Las mujeres de los relatos se alejan mucho de la imagen idealizada que  tanto el machismo como el feminismo nos han entregado de ellas, osea, dóciles amas de casa para unos, valientes y empoderadas para otras. No, aquí Highsmith retuerce la figura femenina y la pervierte al convertirlas en pequeñas bombas de relojería que arrasan con todo a su paso. Son letales y peligrosas, nocivas y mortales. Pero los hombres no se quedan atras. Algunos de ellos igualan en maldad y estupidez a sus compañeras, e igualmente se verán abocados al desastre. 

En fin, un pequeño divertimento que despierta el humor más misántropo porque, aunque sea en la ficción, da gustito ver sufrir a nuestros congéneres. Sobre todo aquellos que se lo merecen. Una vez solo me queda inclinarme ante el enorme talento de la maestra del suspense, doña Patricia Highsmith, bravo.



Patricia Highsmith (1921-1995)

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