Historia de Roma contada para escépticos, Juan Eslava Galán
"Roma es una larga historia de superación, la historia de una aldeíta que llega a adueñarse de casi todo el mundo conocido y que prolomga su historia a lo largo de un milenio (en realidad más, porque todavía la alarga en la cultura occidental, y Europa y la herencia europea serían muy distintas sin el previo concurso de Roma).Cuánto tiempo hacia que no visitaba este humilde blog mi adorado Juan Eslava Galán. Un año hace que nos narraba con su estilo ameno, erudito, irónico e inteligente La Revolución francesa ahora vuelve su pluma afilada de historiador escéptico a la imperial y gloriosa Roma, caput mundi, uno de los imperios más grandes de la historia (con perdón del de Alejandro Magno y el imperio español), madre de la civilización occidental que aún hoy, siglos después de su derrumbe, su influencia, cultura, lengua, leyes siguen vivas y palpitantes, dejando una herencia riquísima grabada en mármol inmortal. ¿Qué hombre que se vista por los pies no piensa constantemente en el Imperio Romano? Acompañadme en este viaje por la historia de la mano de uno de sus mejores cronistas al tiempo de los césares y veamos como una pequeña aldea acabó erigiéndose como dueña y señora de todo el mundo conocido. Magno cum gaudio et deorum gratia, tibi praesento: Historia de Roma contada para escépticos de Juan Eslava Galán.
Como toda ciudad legendaria que se precie tiene que tener un origen de leyenda. Según la Eneida, la inmortal epopeya de Virgilio, el origen de Roma viene de la llegada a tierras itálicas del héroe troyano Eneas, quien huyendo del desastre de Troya carga sobre sus hombros a su anciano padre Aquensis, el cual lo concibió en su juventud al pasar una torrida y envidiable noche de pasión con Afrodita diosa del amor, y Ascanio hijo de Eneas. En su periplo llegó hasta a pasar por el reino de Cartago donde fue acogido por la legendaria reina Dido, la cual se enamoró del troyano. Pero al marcharse Eneas la reina se sume en una profunda tristeza y termina con su vida tras maldecir a los descendientes de Eneas. En este mito los romanos cimentaron el odio y la enemistad entre cartagineses y romanos que daría en el futuro en las Guerras Púnicas. Tras mucho viaje llegaron hasta Italia donde se asentaron gracias al acogimiento del rey Latino. Ascanio fundó la mítica ciudad de Alba Longa y de sus descendientes surgieron los míticos fundadores de Roma: Rómulo y Remo. Hijos de Rea Silva y del dios Marte, tuvieron que ser escondidos por temor a ser asesinados por Amulio. Puestos en una cesta y llevados por las aguas del rio Tíber (otro mito donde un bebé se da un paseo fluvial en una cesta) y fueron rescatados por una loba a la que la tradición romana llamó Luperca, la cual los amantó como hijos suyos.
Una vez crecidos como unos mozalbetes fornidos derrocaron a Amulio y restituyeron a su abuelo Numitor en Alba Longa, pero los hermanos tenian ansias de fundar una nueva ciudad. Rómulo quería levantar su ciudad Roma en el monte Palatino y Remo la suya, Remoria, en el Aventino. Para decidir pusieron la eleccion en manos de los dioses y decidieron que aquel que viera más buitres surcar el cielo fundaría su ciudad. Remo conto seis pero Rómulo conto doce ganando la competición. Romulo fijo los límites de la nueva Roma trazandolos con un arado. Quedaba terminantemente prohibido traspasar los límites. Remo desafiando a su hermano y cruzó la línea, cosa que le costó la vida. Su hermano lo asesino convirtiendo ese fratricidio en un bautizo de sangre que marcaría el destino de Roma.
Pero la realidad histórica es menos apasionante que el mito fundacional. Roma no era más que una pequeña aldea donde confluían etruscos, latinos y sabinos, las tres principales pueblos romanos, que con el tiempo fueron avanzando alrededor de la península Itálica anexionado a todos los pueblos colindantes bajo el águila romana. Los primero años una monarquía mítica gobernó Roma hasta la caída del último rey, Tarquinio el soberbio, que tuvo que huir tras la escandalosa violación de una joven llamada Lucrecia por parte de su sobrino, un episodio atroz que ha inspirado a las artes como pinturas hasta poemas, siendo reconocido el qué escribió Shakespeare.
Tras la huida de la familia real Roma paso a convertirse en una república que estableció los principales estamentos que hicieron representativa a la antigua Roma. El Senado se convirtió en la principal cámara legislativa que impartía las leyes, siendo el gran símbolo del gobierno romano con su lema Senatus Populesque Romanus o SPQR ondeando en sus banderas que en tantas películas y procesiones de Semana Santa hemos visto. Los patricios, las principales familias romanas, se establecieron como los gobernantes de facto de la República, repartiéndose los nuevos cargos de la administración romana, estableciendo una aristocracia hereditaria. El ejército fue mejorado y aumentado lo que llevó a Roma a una aventura de conquista que llegó a expandirse hasta Asia, ocupando parte del imperio de Alejandro Magno. El principal enemigo de la Roma republicana fue Cartago, la que dió más dolores de cabeza a las legiones. Dos guerra púnicas, siendo la más famosa la que involucra al general cartaginés Aníbal Barca y su impresionate paso de su ejército y sus elefantes por los Alpes para atacar Roma y al general romano Publio Cornelio Escipión el Africano. Roma derrotó a los cartagineses tomando control de todo su territorio en África, y parte de la península ibérica, Grecia y parte de Europa, convirtiendo a Roma en una de las naciones más poderosas de su tiempo.
Roma era dueña de buena parte de los territorios conocidos, pero no todo era paz dentro de los muros de la ciudad. Varias guerras civiles sacudieron la república dejando miles de muertos. Pero siempre había tiempo para seguir clavando los estandartes romanos por las tierras conquistadas. Uno de los generales más brillantes de la historia fue Cayo Julio César, el hombre que conquistó la gloria en el campo de batalla y agrando Roma con sus conquistas militares. Alcanzando el poder tras una guerra civil con otro noble general, Pompeyo, César puso sus ojos en el lejano Egipto y en su bella reina Cleopatra, con la cual tuvo un romance. Pero en Roma no todos veían con buenos ojos lo que César estaba haciendo. Un grupo de senadores creían que César pensaba reestablecer la monarquía coronándose rey y fundando una dinastía, por lo que en los Idus de Marzo lo asesinaron en el Senado a puñaladas. Vuelvo a mencionar al Bardo pues retrató este magnicidio en su inmortal obra.
Tras la muerte de César si hijo adoptivo Octavio tomó el poder junto a Marco Antonio y Lépido en el último triunvirato republicano. Tras la rebelión de Antonio que se enamoró de Cleopatra, y su derrota y el posterior suicidio de ambos, Octavio anexionó Egipto como provincia romana y se hizo con el poder absoluto de Roma al ser proclamado emperador. Lo que los conspiradores temían que ocurriera con César acabó ocurriendo con Octavio, que recibió el apelativo de Agusto fundando la Roma imperial.
La nueva Roma de los césares consiguió en su primer dinastía consolidar su hegemonía sobre todo el Mediterráneo y Oriente y una paz dentro de sus muros que duró lo que duraba la salud mental de sus emperadores. Tras la pax romana del divino Agusto se sucedieron los reinados del pedófilo Tiberio, el incontrolable Calígula, el tonto Cla Cla Claudio y el incendiario Nerón. Robert Graves trató a la dinastía Julio-Claudia en sus magníficas novelas Yo, Claudio y Claudio el dios y su esposa Mesalina.
En esta primera dinastía ya se pueden ver los esplendores y las miserias de la Roma imperial. Los césares embellecieron la ciudad con grandes palacios, jardines, plazas, paseos y templos, volviéndola una de las capitales más bellas y hermosas de su tiempo. Pero la sociedad estaba bien dividida entre una pequeña sociedad de ricos que como moscas revoloteaban alrededor de la familia imperial amasando grandes fortunas, y la mayor parte de la población que vivían casi de la miseria, dividida entre los artesanos que trabajaban, los esclavos y una gran mayoria de haraganes y vagos que vivían de la annona una suerte de subsidio por parte del estado que repartía cereales. También se vio como el ejército, en concreto la Guardia Pretoriana, un cuerpo de élite preparada para salvaguardar la persona del césar, cuando las cosas se ponían insostenibles ellos por su cuenta y riesgo asesinaban al emperador y proclamaban otro, como pasó cuando asesinaron a Calígula y proclamaron a Claudio emperador ratificado luego por el Senado. Esto se repetiría varias veces a lo largo de la historia de Roma.
Varios periodos de calma y guerra civil fueron engrandeciendo el Imperio, destacándose las dinastías Flavia, con Vespasiano, el constructor del imponente Coliseo, y sus hijos Tito y Domiciano, y la Antoniana, la más grande de todas que consiguió expandir aún más los territorios del imperio y consiguieron una edad de oro de un esplendor tan brillante como los tiempos de Augusto. Compuesta por el venerable Nerva, el gran conquistador Trajano, el poeta/viajero Adriano, el buenazo de Antonino Pío y el filósofo Marco Aurelio que cogoberno el imperio junto al malogrado Lucio Vero, quien a pesar de su buen hacer de gobernante y mejor pensador tuvo el error de colocar a su propio hijo Cómodo como sucesor, él cual tras unos buenos primeros años de gobierno fue decayendo en una locura que le hacía creerse la encarnación del mismo Hércules, llevándolo a excentricidades como luchar en el Coliseo en peleas de gladiadores, amañadas por supuesto, y tras años de locura fue asesinado, haciéndolo engrosar la infame lista de los peores emperadores romanos junto a Nerón, Calígula, Domiciano o Tiberio.
Tras varios siglos convulsos la Roma Imperial, tan vasta como inabarcable, comenzaba a perder el brillo de una gloria pasada y a resquebrajarse los cimientos del imperio que sembró las simientes de Occidente. Eslava Galán da varias causas de la decadencia del Imperio siendo las más importantes la division y el florecimiento de una nueva religión. El emperador Diocleciano llevo a cabo una revolucion administrativa tan radical cuyas consecuencias fueron inevitables para el colapso del Imperio. Dividiendo el Imperio en dos, Diocleciano se repartió el poder junto a otros tres colaboradores, dividendo el poder en dos siendo él mismo junto a Maximiano augustos de Oriente y Occidente respectivamente y compartían el poder con dos césares Galerio y Costancio. Éste sistema trajo un desajuste tal que solo consiguió una sucesión de guerras civiles por varios usurpadores al trono imperial que proliferaban como conejos. Todo acabó con el ascenso de Constantino quien se alzó con la corona romana proclamándose único emperador.
Constantino fue clave en el establecimiento de esa nueva religión venida de la lejana Judea gracias la influencia de su madre Helena, pero sobre todo gracias a un acontecimiento que cambió su vida para siempre. Cuando se preparaba una batalla decisiva para el Imperio, Constantino se enfrentaba en la batalla del Puente Milvio a Majencio, el emperador de Occidente. Derrotándolo, Constantino se alzaría con el poder absoluto de Roma como único emperador. Mientras dirigía a su ejército el emperador alzó la mirada hacía los cielos cuando de entre las nubes y envuelta entre los rayos del sol una cruz con un lema que decia: "in hoc signo vinces" con éste signo vencerás. Constantino no supo que significaba aquello hasta que por la noche se le apareció el dios de esta religión diciendo que utilizara este símbolo para obtener la victoria. Desde entonces Constantino usó este
símbolo en sus escudos y se convirtió en una identificación de esta nueva religión a la cual la nombraría como oficial junto a los cultos paganos hasta que alcanzó una prioridad tal que se convirtió en la única religion del Imperio.
Pero ¿qué religión era aquella? En el año 33 durante el reinado de Tiberio fue crucificado en Judea un hombre que en solo tres años consiguió un número considerable de seguidores y llamo la atención de las autoridades religiosas judías quienes lo veían como un peligro y un blasfemo pues de él se decía que era capaz de curar enfermos, devolver la vista a los ciegos e incluso resucitar a los muertos, pero lo que les resultaba más escandaloso era que se autoproclamaba el Mesías, el hijo de Dios. Este hombre llamado Jesús de Nazaret fue capturado y llevado ante las autoridades romanas para que lo ejecutaran. Poncio Pilatos prefecto de Judea tuvo sus reservas a la hora de ejecutarlo, primero lo flageló para ver si así aplacaba la sed de sangre de los sacerdotes y escribas, pero en vista de que esta era insaciable y temiendo una revuelta del pueblo lo crucificó. Una vez muerto, sus discípulos comenzaron a contar que había resucitado y que una nueva era estaba por venir y se desperdigaron por todo el imperio llevando esta nueva religión, que gracias a los escritos de un tal Pablo de Tarso y las evangelizaciones de los apóstoles fundaron el cristianismo.
Roma vio con indiferencia esta nueva fe, pero cuando los llamados cristianos se rebelaron con los usos y costumbres romanos, como el culto al emperador o el formar parte de la milicia, comenzaron a levantar sospechas hacia esa "secta". Los historiadores discuten, Eslava Galán se pone del lado de los que cuestionan, si las persecuciones contadas por historiadores cristianos fueron algo exageradas. Muchos cristianos fueron perseguidos, dando forma a la imagen del mártir, del griego "testigo", hombres y mujeres que prefieren dar su vida por defensa férrea de la fe en Cristo que renunciar a ella, la muerte es para el mártir una puerta de entrada al Reino de los Cielos por el derramamiento de la propia sangre, siendo la primera persecución la de Nerón con las muertes de san Pedro, apóstol de Jesús y considerado primer Papa y el mencionado san Pablo, el primero en dar forma con sus cartas la fe. Tras años de clandestinidad y persecución con Constantino el cristianismo se volvió el culto oficial del Imperio sustituyendo a los dioses paganos y dando paso a lo que acabará siendo la Iglesia.
El Imperio Romano acabo cayendo de maduro tras siglos de opulencia, poder, control y exceso, cuando Constantino decidió trasladar la capital a la lejana Bizancio, en la actual Turquía, levantando la esplendorosa y magistral nueva Roma, Constantinopla, que término siendo la capital del llamado Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino, que sobreviviría al Imperio de Occidente cuando fue asediado y devastando por las tribus bárbaras hasta que Rómulo Augústulo apenas un niño, fue depuesto por el barbaro Odoacro, dando fin a mil años de uno de los imperios más grandes de la historia.
Historia de Roma contada para escépticos es otro triunfo del gran divulgador de la historia que es don Juan Eslava Galán. Es increíble como en apenas cuatrocientas páginas es capaz de condensar siglos de historia y cultura romana, siendo como es su costumbre mezclar un grandísimo conocimiento sobre la materia, en este caso la historia de Roma, con una forma amena y divertida de contarla. Pero no solo nos habla de historia, si no que es capaz de transportarnos a esa época a través de pequeñas historias de personajes romanos a los que acompañamos en el día a día, viviendo en primera persona nacimientos, matrimonios, banquetes, fiestas religiosas, batallas, sesiones del Senado, lecturas, negocios, espectáculos de gladiadores, desfiles de la victoria, viajes, ritos religiosos y funerarios.
A través de sus páginas podemos caminar por las esplendorosas y fastuosas calles de la capital del mundo, con sus calles atestadas de gentes venidas de todas partes del imperio, sus bellos y majestuosos edificios, como los templos dedicados a los dioses, espléndidos jardines, el grandioso Coliseo y los palacios de los cesares. También nos relata los usos y costumbres de los romanos, como eran sus casas por dentro, los diferentes oficios, el ejército, con sus poderosas legiones que hicieron temblar el mundo, sus devociones, tanto a los dioses primigenios romanos, hasta los adquiridos de las diferentes culturas anexionadas a Roma, con Júpiter, Marte, Venus o Hércules entre otros. Y tambien su política, filosofía y literatura con grandes nombres como el gran orador Cicerón, Séneca, Virgilio, Ovidio, Horacio, Apuleyo, Juvenal, Plinio el Viejo o Tácito.
También resalta la imperecedera influencia que aún sigue vigente, a pesar de la inminente decadencia, en Occidente. Porque aunque ahora cada uno enarbole con orgullo la bandera de su nación (cosa de fascistas para algunos acomplejados), es innegable que en el fondo de todo europeo anida un romano. Porque la civilización occidental se sostiene en los poderosos pilares erigidos por los romanos. Las lenguas que hablan cientos de ciudadanos europeos, como españoles, italianos, franceses o portugueses son hijos de la lengua romana, el Latín, el Derecho Romano es padre de las legislaciones que amparan a muchas naciones, la cultura romana se fundió con la griega regalándonos una filosofía y literatura greco-romana que sigue influyendo a filósofos, pensadores y escritores, incluso cuando el cristianismo se convirtió en le religión oficial del imperio, eso hizo que su expansión llegará a todas las partes del mundo conocido, llevando la Buena Nueva a muchas gentes, hecho emulado por el Imperio Español cuando conquistó las Américas. En definitiva la influencia romana en Occidente es palpable y muy profunda en nuestra raíces como sociedad.
Otra reseña más que sigue engrandeciendo mi pasión por la historia y por la obra del gran divulgador jienense don Juan Eslava Galán. Roma caput mundi, in aeternum aeterna et inmotalis.

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