La Celestina, Fernando de Rojas



Sempronio Haz tú voluntad, que no será éste el primero que has tomado a cargo.

Celestina ¿El primero, hijo? Pocas vírgenes, a Dios gracias, has visto tú en esta ciudad que hayan abierto tienda a vender, de quien yo no haya sido corredera de su primer hilado. En naciendo la mochacha, la hago escribir en mi registro, y esto para que yo sepa cuántas se me salen de la red. ¿Qué pensabas, Sempronio? ¿Habíame de mantener del viento? ¿Heredé otra herencia? ¿Tengo otra casa o viña? ¿Conócesme otra hacienda más de este oficio de que como y bebo, de que visto y calzo? En esta ciudad nacida, en ella criada, mantenimiento honra, como todo el mundo sabe, ¿conocida, pues, no soy? Quien no supiere mi nombre y casa tenle por extranjero. 
La Celestina. 



Hay personajes secundarios que causan tal revuelo e impresión que son capaces de opacar a los protagonistas consiguiendo una popularidad sin límites. Incluso llegan a ganar tanta relevancia que hace que su nombre pase al lenguaje popular como sinónimo. En nuestra literatura hay varios ejemplos de estos personajes como el pícaro Lázaro de Tormes, el seductor don Juan e incluso el inmortal caballero loco don Quijote de la Mancha. Pues uno de esos inmortales personajes de la literatura española es una vieja alcahueta que con sus mañas y conocimiento tendrá que lograr que el enamorado que solicita sus servicios alcance el amor de su amada. Pero la cosa no terminará bien para los personajes. Sin más con muchísimo gusto estoy es: Tragicomedia de Calisto y Melibea o La Celestina de Fernando de Rojas.

Considero que destripar la historia no se puede considerar spoiler dado que es una obra del siglo XVI, y si no la habéis leído, ¿qué estáis haciendo que no la estáis leyendo?

La trama de puede resumir así: un joven de buena familia, Calisto, se enamora de Melibea una joven de buena familia también, pero ella no le ama. Desesperado recibe el consejo de su criado Sempronio para que solicite la ayuda de Celestina una conocida vieja alcahueta y prostituta para que con sus conocimientos mágicos consiga el amor de Melibea. Pármeno, otro criado de Calisto, intenta convencer a su amo de que no acuda a la vieja por conocer sus malas artes dado que su madre fue amiga y colaboradora suya y no debe fiarse de ella. Celestina logra engatusar a Pármeno con los encantos carnales de Areúsa una de las pupilas/prostitutas que tiene bajo su cargo y así se una a la vieja y a Sempronio para sacar rédito del loco amor de Calisto. 

Celestina como vendedora ambulante consigue entrar en casa de Melibea y gracias a un conjuro logra que se enamore locamente de Calisto. Sempronio y Pármeno ven que la alcahueta se lo está llevando todo y no reparte con ellos y en una discusión violenta la matan. Al intentar huir son presos  y ajusticiados. Areúsa y Elicia, otra prostituta y amante de Sempronio, toman venganza contra Calisto a quien creen responsables y una noche mandan a varios matones para que lo maten pero la desgracia hace que cuando Calisto intenta saltar el muro del huerto donde se reúne para amarse con Melibea caiga y muera. Melibea entra en una profunda desesperación por la perdida de su amor y en una de las escenas más potentes de la obra se suicida arrojándose al vacío. La obra termina con Pleberio, padre de Melibea, lamentando amargamente lo cruel que es la vida y lo injusto que es el amor. 

La Celestina es un monumento al castellano. Desde los diálogos entre el Caballero de la Triste Figura y su escudero no leía un hablar tan puro y real como en esta obra. Fernando de Rojas hace que sus personajes hablen con una naturalidad asombrosa. Calisto y Melibea y los padres de ella al ser personajes de alta posición su lenguaje es más refinado y culto, con constantes referencias literarias o históricas. Sin embargo Celestina, los criados y las mozas del partido como diría el Manco, al ser de baja estofa su lengua es más llana y vulgar, llena de palabras malsonantes y muchos refranes. Es deleite ver declarar a Calisto su amor con palabras llenas de poesía y ternura, y es desternillante leer las conversaciones picantes entre Sempronio y Pármeno con las chicas de Celestina y a la vieja alcahueta enumerar sus muchos conocimientos en lo oculto y sus mil encantamientos. 

Porque el pilar de la obra son sin duda sus personajes. Calisto y Melibea podrían ser nuestros Romeo y Julieta patrios, no por la oposición de sus familias a su amor, si no por el final trágico que comparten con los amantes de Verona. Calisto vivo por y para si amada, en la vigilia su mente trae su bella imagen una otra vez y en el sueño vive apasionadas escenas de amor que acaban tristemente al despertar. Al principio de la obra Calisto sufre un dolor tan intenso que lo consume casi llevándolo a la tumba. Pero cuando gracias a la vieja alcahueta consigue el amor de su Melibea su alma de siente igual que el que ha entrado en el paraíso. Pues no hay gozo del enamorado que ser correspondido. Melibea al principio se muestra evasiva y esquiva con él, pero por obra de los encantamientos de Celestina (y su labia también) cae rendida a los pies de Calisto. Los dos disfrutan de un mes de pasión que los eleva hasta el séptimo cielo del deleite. Pero cuando Calisto se mata (tontamente, hay que reconocerlo) Melibea siente que le arrancan las entrañas, se vuelve una muerta en vida, y solo contempla que para reencontrarse con su amado deberá hacer un vuelo sin motor. Su pecado: el amor loco. 

Sempronio y Pármeno son sin duda los precursores de los pícaros que tanto abundaron en el siglo XVI y son parte de la idiosincrasia española. Sempronio es el que provoca la irrupción de Celestina en la obra por su idea de sacar algo de provecho de la locura de amor de su amo. Congraciado con la vieja manipula a su amo para que confíe en ella pues solo así podría gozar de su amada. También manipula a Pármeno el cual desconfía de Celestina, pero también sucumbe a sus más bajas pasiones. Los dos se ciegan tanto que llegan al punto del asesinato, por el que pagan por la vida. Su pecado: la avaricia.

Pero sin duda la estrella de la función es duda la vieja Celestina. Prostituta retirada, taimada alcahueta, bruja consumada, manipuladora nata, reina indiscutible del gozo carnal. Celestina cumple en su persona el viejo refrán castellano de sabe más el diablo por viejo que por diablo, porque a sus años ha conseguido aglutinar en su persona habilidades de bruja capaz de tornar en seso de aquellos que caigan bajo su influjo. Digna aprendiz y fiel sierva de Satanás su afán de vida es amasar una buena fortuna haciendo mil y una maldades. Su labia es tan rápida como su mente cosa que la vuelve una maestra de la manipulación. Se podría decir que vendería una estufa a un esquimal. Ella sola es capaz de corromper al bueno de Pármeno y de volver loca de amor a Melibea. También sabe jugar unas buenas cartas de parecer débil e indefensa cuando quiere, una pobre ancianita, pero que oculta una taimada bruja. Pero a cada cerdo le llega su San Martín y está avarienta alcahueta sucumbe ante sus manipulados secuaces por repartir con ellos. Cría cuervos y te sacarán los ojos. Es normal al leer sus apariciones porque consiguió que su nombre pasara al lenguaje popular y darle título a la obra en siglos posteriores. Su pecado: maldad pura. 

¿Por qué hago hincapié en los pecados de los personajes? Porque una de las intenciones del autor es dar una lección moral a los lectures para que se guarden del amor llevado al extremo. De Rojas advierte, sobre todo a los jóvenes, que no se dejen llevar por las pasiones. Y el otro es una crítica a los desagradecidos sirvientes que aprovechándose de la bondad de sus amos los traicionan vilmente. 

Una lectura maravillosa que solo pueden provocar los grandes clásicos. ¡Vivan los clásicos!


Fernando de Rojas (1465-1541)

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